La sonrisa se fue borrando de su rostro al mismo tiempo que Moisés Muñoz se tendió, inútilmente, para tratar de evitar el gol de Tigres. De forma accidentada, quizás hasta sin querer, Héctor Mancilla decretó el triunfo 0-1 de su equipo ante América, resultado que cambió el semblante del entrenador azulcrema Miguel Herrera, que perdió el invicto, alargó su racha sin poder sumar tres puntos en casa y, de paso, permitió que los actuales campeones llegaran a siete años sin saber lo que es caer en el Azteca

Otra noticia que debe preocuparle a Miguel es que el equipo no gana en su cancha desde el 21 de agosto del año pasado (Apertura 2011), cuando superaron sin dificultades 5-2 a Atlas, Carlos Reinoso todavía era entrenador del equipo. El próximo juego como local será en 15 días ante Pachuca, de no ganar sumará medio año sin sacar tres puntos en el Estadio Azteca.

La historia del juego

Como cada ocasión en la que Ricardo Ferretti está en el banquillo de enfrente, el de ayer fue un partido cerrado, de intensa lucha en media cancha, con pocas emociones. Pintaba para un 0-0. Pero a El Piojo le esperaba casi una hora de partido de sufrimiento, corajes e interrogantes que nunca pudo resolver, en su intento de superar la aplicada defensiva de Tigres.

Corría el minuto 33 cuando llegó una jugada llena de mala fortuna para los locales. Oswaldo Vizcarrondo, quien acaba de ingresar a la cancha por el lesionado Juan Carlos Valenzuela, regaló una pelota en la salida de su equipo, permitiendo que Elías Hernández acarreara el esférico, animándose a disparar de manera descompuesta, estrellando el balón en el cuerpo de su compañero Héctor Mancilla, chileno que, sin querer, abrió el marcador, desviándole el envío a Moisés Muñoz.

Justo en ese instante comenzó el calvario para Herrera, estratega que tras mandar un cuadro ofensivo para el arranque, que antes del gol había sido inoperante, sabía que con la ventaja, su rival jamás le regalaría un espacio. Ferretti respiró con alivio, que sin dejar de cruzar sus brazos esbozó una ligera sonrisa, mirando su cronómetro, que fue su mejor aliado.

Y es que ayer América mostró talento a cuentagotas, generando apenas dos opciones de gol. La primera en la parte inicial, con un Matías Vuoso disparando apresuradamente, entregando al arquero la pelota, y la segunda, con José Cárdenas mandando balonazo cruzado que sólo pasó cerca.

Lejos de encontrar un error del rival, Miguel Herrera hizo otra rabieta al observar la segunda pifia de Vizcarrondo, zaguero que dejó botar el balón, permitiendo que Alan Pulido entrara al área y mandara un disparo potente que de manera providencial Moisés Muñoz atajó, dejando otro rato de esperanza a su entrenador.

Al final la esperanza de El Piojo se convirtió en un semblante de preocupación, en los ojos clavados en el césped, en silencio, al mismo tiempo, que a unos pasos, Tigres festejaba la victoria que los puso en la tercera posición y alargó a siete años su racha sin perder en el Azteca.

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