El Contrato Social de Juan Jacobo Rousseau es de 200 páginas. El Contrato Moral de Didier Deschamps, de cuatro. Dos caminos para sentar las bases de la igualdad, la libertad, el respeto, la sana convivencia. Uno impulsó la Revolución francesa y el otro la resurrección de un equipo que representa a un país. Para bien o para mal, en estos tiempos el futbol sana el alma, al menos por un tiempo.

Rousseau escribió en 1819 los cuatro libros del Contrato Social que, en resumidas cuentas, es lo que pide Deschamps a quienes llegan por primera vez a Clairefontaine, el predio donde entrena la Selección francesa. El Contrato Moral es un documento de cuatro páginas que está pegado en cada concentración de Les Bleus.

El método de Didier es sencillo. Cuando un futbolista llega a la Selección le tiene que dar su número de Whatsapp, se sienta con él, hablan algunos minutos, le dice de qué trata ser seleccionado de su país; luego, le pide que lea detenidamente las hojas que están colgadas en la pared de su habitación.

  1. Respeto a la bandera y al himno nacional. Dignificar a Francia.
  2. Ser personas auténticas y humildes.
  3. Tratar bien a la prensa. La prensa construye las imágenes que todos ustedes le muestran a todo el país.
  4. Sean profesionales en todo momento.

La clave, dice Deschamps en el libro What Business Can Learn from Football, es “adaptarse, nos adaptamos siempre a todo: a un nuevo empleo, a un nuevo equipo, nuevas personas. Saber adaptarse, trabajar con lo que tienes y que funcione”.

Toda la selección se ha adaptado a él y él se ha adaptado a sus jugadores.

Didier debutó como entrenador de la selección en Le Havre, una ciudad pegada al canal de la Mancha. Fue una noche de miércoles, el estadio no se llenó y su primer resultado fue 0-0. Nada que presumir, mucho que dudar.

El documental Les Bleus hace una reflexión sobre Didier. “Las personas piensan que es un tonto, se burlan de él, que no sabe comunicar, que no es capaz de mantener una buena imagen (...) pero se equivocan, es un gran comunicador y sabe poner reglas, ¿tú crees que es de gratis que se haya hecho una Selección tan poderosa de la noche a la mañana? Didier hizo todo eso”.

Después del fracaso de Sudáfrica 2010 donde los jugadores montaron un golpe de timón al entrenador Raymond Domenech, luego llegó Laurent Blanc, un símbolo de Francia durante el Mundial de 1998, pero unas grabaciones con contenido racista y los malos resultados lo terminaron hundiendo. Después de eso, llegó Didier.

Desde hace al menos unos 20 años, los franceses han puesto a debate ser una nación integrada, dudando del honor y respeto al país de parte de los jugadores que vienen de las Antillas o de África. Deschamps tranquilizó el ambiente, dio a conocer de manera interna su Contrato Moral y nadie más ha tenido problemas y los que han decidido dar un manotazo en la mesa como Karim Benzema o Rabiot, han quedado descartados.

“Nadie está por encima de la selección francesa, ningún jugador”, dijo cuando le cuestionaron sobre la no convocatoria de Benzema a la Euro del 2016 por estar involucrado en un escándalo de soborno a un compañero (Mathieu Valbuena) por unas fotografías.

El Contrato Moral de Didier no podía pasar de largo ese incidente y decidió no llamarlo más.

En Francia se mofan de Didier. Dicen que es el inspector Jacques Clouseau, el clásico personaje de la Pantera Rosa. También dicen que amarra mucho al equipo.

¿Qué le dirán ahora que los hizo campeones del mundo?

Didier Deschamps:

“El papel que tengo como entrenador del equipo nacional es tener un contrato moral. No les pago a estos muchachos, su club sí, por eso estoy hablando de un compromiso moral. Se trata de crear un enlace basado en la confianza. Las relaciones humanas en estos días se han vuelto casi tan importantes como lo que está en el terreno de juego”.

Didier, dice Ben Lyttleton, quien escribió el libro sobre liderazgo en el futbol, tiene la autoridad moral para decirle no a Pogba, Griezmann o Mbappé. Su calidad como campeón del mundo en 1998 le ha dado réditos, pero también su ejemplo.

El momento clave para que el equipo comprendiera el mensaje de su seleccionador llegó el domingo 17 de noviembre del 2013, dice el actor Jamel Debbouze. Didier lo conocía y le pidió llevar a la concentración de la selección francesa la película La Marche, que es la recreación de 1983 cuando los habitantes de una zona residencial de las afueras de Lyon lanzan la idea de una gran marcha para protestar contra las discriminaciones de las que son víctimas los inmigrantes franceses.

“Todos salieron motivados, unidos, entendieron que no eran sólo jugadores, sino que representaban a un país”, dijo Debbouze.

Francia había perdido 2-0 en Kiev en el partido de ida del repechaje al Mundial de Brasil. La estampa final es muy patriótica, después de ganar 3-0, con estadio lleno, el delantero Olivier Giroud tomó el micrófono y empezó a cantar la Marsellesa. Los jugadores de origen árabe y africano se le unieron, el estadio y las televisoras también, el país entero. Francia volvía a tener un equipo.

El Contrato Moral había sido un éxito en su postulado número uno: respetar la bandera, el himno y dignificarlo. De Rousseau a Deschamps, los inventores de las instituciones y los reglamentos en el mundo. Francia volvía a poner el documento por encima de todo.