Para empezar a ganar, primero hay que invertir. Al menos esto aplica en el golf profesional y Carlos Ortiz es testigo de los siete años de inversión que ahora en el 2020 le retribuyen como el mejor mexicano ubicado en el lugar nueve del ranking de la FedexCup, posición que le asegura la entrada a los torneos del PGA Tour hasta el 2023.

Y sin olvidar que, a este gran momento de su carrera, se agrega una condecoración: aseguró su lugar en el Masters de Augusta en el 2021. Es el tercer mexicano con un título de PGA Tour, una espera de 42 años, y lo logró en el Vivint Houston Open, en un field y contexto donde se siente como en casa, en confianza, pues Texas fue su hogar académico universitario en la carrera de estudios internacionales. Su vida comercial y profesional comenzó en esa latitud, en el 2013.

Carlos Ortiz tiene una personalidad seria y sonríe con una expresión reservada. Cuando no está en competencia, se ocupa en “descansar y pasar tiempo con la familia, trato de recuperarme en el gimnasio y hacer un poco de práctica, pero paso tiempo con mis hijas y mi esposa”, comparte a El Economista.

El camino de construcción de su imagen se “ha dado de manera natural”, como explica su representante Carlos Rodríguez, de la agencia Impact Point-GSE Worldwide.

“Hay personas que tienen que esforzarse o crear una marca y con Carlos todo ha sido muy natural. Es un gran jugador y mejor persona que tiene un entorno familiar espectacular. Esa es la base de todo. A partir de ahí, él es una persona extrovertida,  respetada y querida por sus compañeros, patrocinadores y aficionados”, explica a este diario.

Actualmente, el golfista tapatío de 29 años es patrocinado por Grupo Vidanta, Akron, Asher, TV azteca, Rolex y Titleist. No ha emprendido su marca, pero no hay que descartarlo, pues en su biografía del PGA Tour mencionó que de no ser golfista sería un empresario.

Desde que salió de la universidad, tiene el respaldo de la agencia de representación Impact Point, que actualmente tiene en carpeta a otros 15 golfistas como María Fassi, Luke Donald y Pat Pérez.

Se instruye de los conocimientos del entrenador de la selección mexicana de golf, Santiago Casado, lo acompaña su caddie Eduardo Castiell y memorias de entrenamientos con la exgolfista mexicana, Lorena Ochoa, con quien se lleva 10 años de diferencia  y crecieron deportivamente en el mismo campo de golf en Guadalajara, el Country Club.

Pese a todo lo anterior, Carlos Ortiz responde a este diario que es un “halago” definir su marca: “Trato de que mi imagen inspire a la mayor cantidad de niños posible para jugar golf en México. Mi imagen es la misma, tengo más exposición y quiero que sea lo mejor posible para que los niños se acerquen a este deporte”.

Su representante, Carlos Rodríguez, detalla que la relación con el golfista comenzó cuando concluyó su carrera universitaria en North Texas.

“Una de las personas que trabaja con nosotros, José María Sánchez, nos habló muy bien de él y del potencial que tenía y tuvimos la suerte que nos eligió para trabajar juntos.

Carlos tenía una gran imagen. Obviamente, la repercusión de la victoria en Houston le ha dado un impulso, pero desde su paso a profesional ha tenido el apoyo de grandes marcas nacionales como Vidanta, Azteca, Akron y Rolex, que veían en él a un deportista y persona con gran potencial deportivo y humano”.

Después de Houston, el golfista jalisciense dio un salto de 95 puestos en el ranking mundial, pasando del puesto 160 al 65.

Está dentro del Top 125 del mundo (ranking de la FedexCup), un estatus que le quita presión, pues es una tarjeta de extensión hasta el 2023 para el PGA Tour, excepto para los Majors.

¿Cómo se revalora la carrera de Carlos Ortiz con estos logros?

“De entrada, en Houston se llevó 1.26 millones de dólares. Eso le da estabilidad al golfista, muchos piensan que es un deporte en el cual todos son millonarios y viajan en avión privado, pero pagan hoteles, los gastos del caddie (que se llevan el 10% de la ganancia de un torneo), se le paga al entrenador y al equipo de trabajo, no es todo el dinero para ellos”, explica a este diario Marco Farías, la voz oficial en español del PGA Tour en Latinoamérica.

El PGA Tour no paga un salario, los golfistas se ayudan en gran parte de los patrocinios que consigan y de los torneos que ganen. No obstante, Farías señala que los patrocinios sí dan bonos extra a los jugadores en caso de pasar el corte de un torneo o si van posicionándose en un Top 25, Top 10 o por cumplir metas a final de temporada.

Impact Point menciona que la meta con el golfista a tres años es continuar con marcas afines a su personalidad y a sus valores, y “darles un valor añadido a través de esta relación”.

Carlos sabe trabajar a largo plazo, es testigo de que en un deporte como el golf la inversión sí es redituable y, ante esto, reflexiona:

“Siempre debes tener metas que vas a trabajar para toda la vida, es un trabajo que se va a tardar. Hay que ser objetivo y hacer las cosas lo mejor posible, lo que se tarde. No hay nada más que podrías tener en tus manos”.

marisol.rojas@eleconomista.mx