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Aprender a vivir sin Bolt y Phelps
El éxito comercial, mediático y en audiencias de los Juegos Olímpicos, en parte, fue gracias a ellos. Los deportistas más dominantes en sus disciplinas se despiden del olimpismo.
Río de Janeiro. el cuento siempre inicia así...
2030, 2040, 2050... Érase una vez un mundo corrupto. Un planeta donde la mentira se volvió rutina. Un sitio donde el dinero había comprado casi todo. Un lugar donde creían que inyectarse era la mejor decisión de todas. Allí, en ese sitio tenebroso, habitaron un par de seres humanos que eran capaces de hacer olvidar todo lo que ocurría.
Cada cuatro años aparecían para hacernos creer y pensar que los superhombres sí existen, que pueden ser honestos y limpios. Un hombre de raza negra y otro de raza blanca. Bolt y Phelps. Usain y Michael. Dos de los íconos más grandes que ha tenido el olimpismo en toda su historia se marchan. Ahora, ¿qué sigue?
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No es un ejercicio de expresión sentimental. No (bueno, un poco). Bolt y Phelps son los más grandes porque los datos lo dicen (ahora que tenemos la manía de que todo se mide).
¿Quién nos arrancará tantas sonrisas como Bolt?, ¿quién tomará su lugar de invencible?, ¿quién nos hará recordar que reconociendo nuestros errores como Phelps podemos ser los más grandes?, ¿quién ganará tantísimas veces como el nadador estadounidense?, ¿dónde hallaremos el deseo de prender el televisor para mirar a dos de los símbolos más majestuosos del deporte?, ¿por qué la vida, Dios, el mundo, lo que sea nos mandó a los dos deportistas al mismo tiempo y nos los quita de la misma manera?
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Las dos despedidas más dolorosas. El Comité Olímpico Internacional también tiene un dolor de jaqueca. Se le van sus dos atletas más taquilleros de la historia de los Juegos Olímpicos, el motivo de vender mucho más caro los derechos de televisión, los deportistas que nadie detesta en el mundo, los que más fans en redes sociales entre los atletas que no son profesionales siguen. Hay muchos motivos, pocas respuestas. Por favor, ¿quién diablos va a ocupar el lugar?
Para empezar se va el mejor nadador y el mejor velocista de todos los tiempos. No es poca cosa. Michael tiene 28 medallas, nadie en la historia del olimpismo (desde 1896) ha ganado tantas preseas como él. Usain se ha llevado las tres pruebas más importantes de la velocidad, así como la más icónica: los 100 metros, desde los juegos de Beijing 2008.
Bolt es el hombre más rápido que haya mirado el planeta. Es verdad, dice que ya me cuesta acelerar, en la final (de 200 metros) me sentí viejo , pero alguna ocasión paró el cronómetro en 9.58 segundos. Nadie más lo ha hecho. Mientras, Phelps volvió después de que su vida era un caos. Mariguana, fiestas, derrochador; luego, padre, reflexivo, agradecido, ganador. Dos seres humanos que envidiamos e idolatramos porque inspiran, motivan, impulsan, crean.
El Comité Olímpico Internacional ha convertido a los Juegos Olímpicos desde 1984 en una de las empresas más importantes del planeta y que factura cada cuatro años al menos unos 7,000 millones de dólares, de acuerdo con sus reportes oficiales. Pero sin Bolt y Phelps...
Un ejemplo, ¿Qué es el efecto Phelps?... es Joseph Schooling derrotando al superhombre en la piscina de Río de Janeiro. Es recordar que ambos se tomaron una foto hace ocho años en China. Es inspiración.
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Los datos confirman lo que ha sucedido desde la era Bolt-Phelps. Antes de la aparición de ambos (en el 2000), las televisoras sólo transmitían 29,600 horas de contenido olímpico. Para los juegos de Londres 2012, el dato creció a casi 100,000 horas. Hablamos de 3.3 veces más de competencias olímpicas.
En estos juegos hemos presenciado lo maravilloso y extraordinarios que son Usain Bolt y Michael Phelps, dos personas que han impulsado el olimpismo , dijo hace un par de días Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional, en la conferencia de prensa previo al cierre de Río 2016.
Si hablamos de los ratings, no hay nadie que haya tenido más audiencia en la historia de los juegos que este par de leyendas. Entre ambos sólo en EU, con datos de la NBC sentaron frente al televisor a 250 millones de personas. Su popularidad ahora es medible. Bolt-Phelps suman entre los dos más de 38 millones de seguidores en redes sociales.
Quiero ser tan grande para que nunca pueda ser olvidado , dijo Usain apenas ganó el relevo 4x100 hace unos días y consiguió su novena medalla de oro en sus nueve finales que ha disputado. Dije que el mundo vería quién soy, y esto es lo que soy , comentó Phelps el día que se llevó su última medalla en Río y con ello el adiós a la piscina olímpica.
Tenemos una larga lista de atletas que cuentan con patrocinadores gracias al éxito que ha tenido Michael y a sus relaciones corporativas , dice Chuck Wielgus, director de US Swimming. Así las cosas.
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Así que esto se acaba. Río apaga las luces. El Comité Olímpico Internacional está más pendiente de sus problemas que del mundo. Y algún día, cuando ya no estemos por aquí o recordemos nuestra vida, estarán en un flashazo Bolt y Phelps. Pero por ahora atormentémonos. ¿Qué será de nosotros sin ese par?