Miguel Herrera y Sergio Bueno abandonaron la cancha del Azteca con idéntica pose, aunque sólo el primero tuvo motivos para sonreír. Y es que tras el 3-0 de América sobre Querétaro, mientras el entrenador de las Águilas se fue a casa sabiéndose en los primeros lugares de la tabla, el de Gallos Blancos se retiró con la amargura de la derrota y la cruda realidad numérica que indica que sus plantel se encuentra a cinco unidades del Atlas, situación que los pone muy cerca del descenso.

E Piojo y Bueno se fueron con las manos en los bolsillos, dando pasos firmes rumbo al vestuario, proceso lleno de euforia para el técnico de casa y de dolor para el visitante, que quizás debió agradecer que su rival jugara a medio gas, porque de lo contrario el marcador pudo haber sido muy abultado.

El culpable de ambas reacciones fue Raúl Jiménez, joven delantero surgido de las fuerzas básicas del América que se despechó con un doblete y encaminó a su equipo a la victoria. Primero festejó en una gran jugada colectiva en la que Jesús Molina, Paul Aguilar y Christian Benítez tocaron de primera intención para dejarlo de frente al marco y permitirle mandar un zurdazo pegado al poste, apenas a los 15 minutos.

Y más tarde, al 60, al lanzarse de palomita, conectar un gran servicio de Rubens Sambueza y superar l arquero que nada pudo hacer ante un remate que de nueva cuenta se incrustó en las redes muy cerca del poste.

Tras el segundo tanto de Jiménez Miguel Herrera sintió más cerca los tres puntos, bajó sus revoluciones en el área técnica y comenzó a mover su cuadro con los ingresos de Narciso Mina, Miguel Layún y Juan Carlos Medina. Por su parte Sergio Bueno sólo atinó a bajar la mirada, cruzar los brazos y lanzar uno que otro chiflido, sabiendo que el descalabro estaba consumado y que la salvación será una dura prueba.

Al final, a tres minutos del desenlace del partido, Christian Benítez puso cifras definitivas al convertir un penal que erróneamente marcó el silbante y que terminó por redondearle la tarde al Piojo y amargarle la noche al entrenador visitante.