En el estacionamiento de la Universidad del Futbol, sede de los entrenamientos del Club Pachuca, entre autos deportivos, lujosos vehículos de ocho cilindros y camionetas de origen alemán, destaca un auto color verde perico. Es un Renault R5 del año 1975, su propietario es Oscar Pérez y nació dos años antes de que el auto se pusiera a la venta. El portero de los Tuzos, utiliza en escasas ocasiones el coche que era propiedad de sus tíos, y en el cual lo transportaban para llegar a sus primeros partidos de futbol, cuando era niño.

“No me gusta llamar la atención y dentro de la cancha me gusta ser igual... A mí me llena y me deja bien que la gente vea que soy un buen ejemplo, que soy buen profesional”, expresa el Conejo, como lo conocen desde los 18 años, cuando llegó a Cruz Azul.

Son 24 años siendo futbolista profesional y Oscar se prepara para participar en el Mundial de Clubes con Pachuca. El hijo de una ama de casa y un chofer de trolebús, que creció en la delegación Iztapalapa, el valor de la disciplina y responsabilidad son los más importantes, por eso se ha mantenido activo hasta los 44 años de edad.

En la lista de 23 jugadores de los Tuzos que participarán en el torneo, 11 nacieron después del debut como profesional del Conejo, en 1993. La experiencia y su carácter lo han proyectado como un líder dentro del vestuario de Pachuca. Las personas que lo conocen expresan que, junto a Franco Jara, es de los jugadores que nunca niega una declaración, que cumple responsablemente con las peticiones con medios de comunicación, patrocinadores y eventos de responsabilidad social del club.

Lo mismo levanta la mano para despedirse a la distancia del utilero, estrecha la mano del preparador físico del equipo, levanta la ceja para saludar a los becarios y cierra el ojo como un gesto complicidad con los futbolistas más jóvenes del club, los de las fuerzas básicas.

“Todavía no lo decido, me he sentido muy bien. Siento un privilegio el poder todavía seguir jugando al futbol y en ese nivel, muy alto”, advierte Oscar Pérez, el portero que aún no decide su futuro y aunque su contrato con Pachuca termina después de la final de la Copa MX, el Conejo todavía tiene el deseo de continuar.

—¿Dónde adquiriste el valor de la disciplina?

—Me siento muy afortunado porque mucha gente en mi formación, empezando con mi familia, ha sido muy importante. He estado rodeado de gente buena, profesional, de gente que aportaron cosas importantes y aunque he tenido compañeros de todo tipo, siempre trate de escuchar, de observar a los buenos ejemplos, porque por algo logran trascender, logran tantos objetivos.

Yo tenía esas ganas de hacer historia y, a través del tiempo, trate de ir copiando cosas que me puedan servir para mi estilo, que me puedan servir para mi vida; siempre y cuando sea para bien. Siempre estoy observando, buscando el tratar de mejorar y siguiendo buenos ejemplos.

He tratado de manejarme así; esté donde esté, siempre trato de ser el mejor y apoyar en lo que puedo.

—¿Cómo definirías tu liderazgo, cómo lo has ido forjando a través del tiempo?

—Me llama la atención cuando los líderes son responsables, son profesionales y conscientes de lo que está haciendo, qué piensa, habla, hace y que todo va sincronizado, que todo eso lo lleva de buena manera, en todo eso me fijo y me gustaría llevarlo a cabo; entonces, siempre fueron esos deseos de ayudar, esa disposición de ser mejor cada día.

Primero fue en el seno familiar. Vengo de una familia humilde, pero una familia muy buena, que siempre trabajó, que fue dedicada. En lo profesional, una figura a seguir es Enrique Meza, que cuando yo llego con él, a los 18 años, aprendo muchas cosas. También Javier Aguirre, pero a todos les trato de sacar algo, pero obviamente esos ejemplos son a seguir.

—¿Qué significan para ti los lujos, el estilo de vida extravagante que llevan algunos futbolistas?

—No me gusta llamar la atención y dentro de la cancha me gusta ser igual. A mí me llena y me deja bien que la gente vea que soy un buen ejemplo, que soy buen profesional, eso me llena más que cualquier otra cosa. Desde pequeño me enseñaron que las cosas materiales van y vienen, no es algo determinante para mi vida, aunque hay algunas cosas que son necesarias.

—Es verdad que una de tus mayores aficiones son los autos deportivos...

—Me gustan los carros y confieso que es una lucha de si me compro uno, o el otro; si es caro o no, porque ahí entran los consejos y las vivencias. Devienen a la mente los pensamientos de buscar no tener lujos, que la carrera del jugador es corta, de no estar malgastando el dinero.

Me gustan los carros, pero siempre estoy con ese freno, de que solamente es pasajero, hoy en día estoy más tranquilo y consciente de eso.

Siempre me gustó mucho el Camaro, yo tuve uno, pero son momentos que te hacen sentir bien, pero no pasa nada, y hoy tengo una camioneta porque tengo a mi familia, quiero que vayan cómodos, que estén seguros.

—Alguna ocasión comentaste que fuiste de los últimos jugadores que saltaron del llano al profesionalismo, pero incluso en aquella época, el futbol no tenía la infraestructura de ahora, ¿Cómo ayudó a forjar tu carácter esa etapa?

—Antes había poco, tenías que cuidar tus cosas, vivíamos al día y no podía estrenar zapatos a cada rato; hoy, hay patrocinadores que le dan zapatos cada mes a los jugadores de fuerzas básicas. Antes no había nada de eso, tenías que hacerte muy responsable de tus cosas, cuidarlas. Los pants que tenía y se me rompían, una tía, hermana de mi mamá, me los parchaba y los volvía a usar.

Te hace valorar lo que hoy tienes y obviamente el seno familiar, esas vivencias que tienes en tu carrera te hace asimilar todo eso, a mi me paso, hay algunas personas que no se dan cuenta, pero he tratado de ser consciente.

—Entonces, ¿cómo ha cambiado el carácter del futbolista joven con la infraestructura e industria deportiva desarrollada, les hace falta sufrir para valorar su carrera?

—No se trata de sufrir, se trata de que puedan aprovechar lo que tienen hoy, que les facilita poder desempeñarse en lo que ellos quieren. Los que quieren ser jugadores profesionales tienen canchas empastadas, balones, zapatos, tiene todo; más allá de que tengan que sufrir, tienen que valorar y aprovechar lo que se les brinda.

Que no pierdan la pasión por la cual están aquí, que es jugar al futbol. Todo lo que tenga que ver con los autos, la ropa, los medios, es parte del juego, pero no es determinante.. Para mí, jugar al futbol es lo más bonito que me ha pasado en la vida. Si volviera a nacer volvería a ser futbolista, no lo cambiaría por nada, es una profesión maravillosa.

—Y es el momento de decir adiós, después del mundial de clubes...

—Todavía puedo competir a un buen nivel, todavía puedo estar en la cancha, compitiendo con mis compañeros que son mucho más jóvenes que yo; eso me motiva y me marca que todavía puedo seguir.

Me encanta el futbol, es mi pasión y es parte de mi vida, y quiero seguir disfrutando de todo esto. Sí, me gustaría jugar seis meses más.