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WRI y ChildFund buscan proteger a 38 millones de infancias en riesgo por el cambio climático
México es el tercer país de América Latina con mayor vulnerabilidad infantil ante la crisis climática; 12.5 millones de menores viven en zonas de alto riesgo de sequía. Por eso esta coalición generará evidencia local que impulsará financiamiento y buscará combatir el "adultocentrismo" en las políticas públicas ambientales.

WRI Childfund.
En un esfuerzo por abordar una de las crisis de derechos humanos y desarrollo más apremiantes del país, WRI México (Instituto de Recursos Mundiales) y ChildFund México formalizaron una alianza estratégica para situar a la niñez en el centro de la agenda climática nacional.
A través de la firma de un memorando de entendimiento, ambas organizaciones buscan subsanar la histórica deuda del Estado mexicano con sus infancias, traduciendo datos fragmentados en políticas públicas concretas, piloteando soluciones locales y visibilizando los impactos diferenciados que el calentamiento global tiene sobre las niñas, niños y adolescentes (NNA).
La gravedad del panorama quedó de manifiesto durante el panel de diálogo "Cambio climático e infancias en México", donde especialistas advirtieron que los efectos ambientales ya erosionan el acceso a la salud, educación y desarrollo de los más de 38 millones de menores de 18 años que residen en el país (el 30% de la población total).
"El cambio climático no es un riesgo ambiental, es un multiplicador de desigualdades", sentenció Eduardo Tapia, oficial de UNICEF, tras apuntar que los fenómenos extremos reducen a más de la mitad la asistencia en escuelas primarias de las regiones más vulnerables.
México con mayor vulnerabilidad
De acuerdo con datos del Índice de Riesgo Climático de la Infancia de UNICEF compartidos por la consultora internacional Rosalva Landa, la emergencia climática en México ya no es una proyección a futuro: un tercio de los infantes en el país vive en las zonas de mayor peligro, 11 millones están expuestos a inundaciones severas y la infancia absorbe un 88% más de carga por enfermedades exacerbadas por las altas temperaturas. Además, 12.5 millones de NNA habitan en territorios con alto riesgo de sequía, siendo este fenómeno el que más afecta a las viviendas vulnerables, con un 55.6% de afectaciones.
Geografía de la convergencia crítica
Luis Miguel Galindo, director de Clima, Economía, Finanzas y Energía de WRI México, precisó que la vulnerabilidad se agudiza al cruzarse con la pobreza multidimensional en el sur y sureste del país, principalmente en tres estados con amenazas climáticas simultáneas.
En Chiapas, las infancias se enfrentan a la convergencia de huracanes, inundaciones y sequía prolongada. En el caso de Guerrero, los riesgos principales se concentran en huracanes, estrés hídrico y deslizamientos de tierra. Finalmente, en Oaxaca, la niñez padece riesgos diferenciados que se dividen y agudizan según las condiciones específicas de la costa, el valle y la zona montañosa.
Las familias en estos territorios no enfrentan un riesgo a la vez: experimentan la pérdida de cosechas, desconexiones por inundaciones y migraciones forzadas, todo sobre una base de pobreza ya severa.
Galindo alertó además sobre una alarmante paradoja: aunque entre 2022 y 2024 la pobreza infantil por ingresos disminuyó, el promedio de carencias en servicios críticos (agua, saneamiento, salud) aumentó, mermando la capacidad de adaptación de las familias frente a los shocks climáticos. Asimismo, desde la perspectiva clínica, Antonio Monroy Zermeño, director de país de ChildFund México, recordó que los organismos de los niños se calientan más rápido que los de los adultos y retienen menos el calor, acelerando daños cognitivos irreversibles por desnutrición o deshidratación.
De la invisibilidad normativa a la acción económica
A pesar de que México fue pionero al promulgar la Ley General de Cambio Climático en 2012, los expertos coincidieron en que los marcos normativos han operado en "silos institucionales". Históricamente, el sector salud no se vinculó a la estrategia climática y las métricas de impacto infantil han estado ausentes.
Saúl Pereyra, gerente de Acción Climática de WRI México, reconoció avances paulatinos de visibilización en la Estrategia Nacional de Cambio Climático, mientras que el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), representado por Aram Rodríguez, adelantó que instrumentos como la NDC 3.0 ya incorporan la equidad intergeneracional y una próxima Plataforma Nacional de Riesgos Climáticos.
No obstante, la inacción tiene un costo financiero insostenible. Los ponentes urgieron a involucrar a la Secretaría de Hacienda demostrando que la prevención es drásticamente más barata que la remediación posdesastre, como ocurrió tras el paso de los huracanes Otis (2023) y John (2024) en Guerrero, eventos que dejaron desamparados a cientos de miles de niños sin que existiera un registro sistematizado de su salud menstrual o condiciones en albergues.

WRI Alianza.
Erradicar el adultocentrismo
El plan de acción de la alianza WRI-ChildFund, presentado por Morgane Bellion, se estructurará en torno a la generación de evidencia local, análisis macroeconómicos y el diseño de sistemas de alerta temprana con enfoque de infancia.
Sin embargo, el cambio metodológico más profundo será el fin de la narrativa asistencialista. Representantes de la sociedad civil y de la Secretaría del Medio Ambiente de la CDMX (SEDEMA) reiteraron que las infancias no deben ser vistas únicamente como víctimas pasivas, sino como actores políticos capaces de diseñar soluciones comunitarias (como huertos escolares o restauración de cuencas) ante problemáticas como la "ecoansiedad" y el desplazamiento forzado.
"Hay que quitarle el adultocentrismo a todas nuestras iniciativas. Darles la voz y la iniciativa a niñas, niños y jóvenes para que puedan diseñar su futuro. Casi siempre es la manera más acertada", concluyó Monroy Zermeño.

