Hoy Jaime López cumple 60 años. Hace unos días, Sergio Zurita periodista, dramaturgo y amigo mío me hizo llegar un archivo con la nueva canción de Jaime, Es tan poco el amor . Sergio es el productor ejecutivo de la rola. Quique Rangel, de Café Tacvba, toca el bajo.

Si ustedes son seguidores de Jaime López seguramente ya la oyeron. Desde la medianoche de ayer (o de hoy) ya circula por todas partes. Si no, vayan a la versión online de El Economista y junto a esta columna pueden encontrar el link. ¿Ya la están oyendo? Bien.

Jaime es un maestro para las imágenes. Tú no sabes qué placer me da verte de espaldas justo en el momento en que tu dignidad te llama . ¿Pueden ver a esa amante saliendo de la habitación, quizá a medio vestir, cerrando la puerta? Una espalda enojada. A las mujeres se nos da mucho ser esa espalda que sale del cuarto como golpe de efecto.

Hay mucha sensualidad en esa línea, ¿no? Hay una posición amorosa compleja: Vete si quieres; te quiero pero no te voy a seguir. El coro lo explica: es tan poco el amor para gastarlo en celos.

Cuando escuché esa gran entrada (el que canta no se anda con rodeos) me acordé de inmediato de una de mis canciones favoritas: Ojos de videotape , de Charly García. No ves que espero resucitar , canta Charly con esa voz que se muere, mientras miras esos ojos de videotape . También es una gran imagen, aunque más oscura: ¿Ojos de videotape?

Es curiosa la vida; cómo gira no al revés como dice la canción de Charly, sino en círculos concéntricos y en una sola dirección: al futuro, al futuro. Pero es el pasado el que está al centro. Los recuerdos son el palo del rehilete.

La canción de Jaime y la de Charly me atraparon de inmediato en la piscina lodosa, vieja, de mi primer amor. No es una gran historia: yo lo amaba y él no a mí. Un día me hizo jurar que no me iba a enamorar de él y podíamos hacer muchas cosas . Le dije que sí e hicimos muchas cosas, entre ellas oír a Charly García en la cama. Él era (es, supongo) un gran fan de Charly y yo era una adolescente exaltada e impresionable. Empatábamos bien. No sé por qué no se enamoró de mí.

¿Ojos de videotape? , le pregunté.

Imagínate: ella hace la maleta. Ella se va , me explicó, y mientras él se muere, ella mira la tele. Los ojos de videotape son del actor de una novela .

El fin del amor , dije.

No: el fin de la esclavitud , me dijo y se rió. El amor es una teoría bonita y aburrida . Y yo por dentro me moría, me moría, me moría. Por supuesto, esperaba que él se diera cuenta de agonía y entonces me tomara como se toma algo bello. Morir de amor es una teoría bonita y aburrida.

Pero cuando uno lleva el gen del drama, el amor no es teoría: es performance. Te desangras en escena y esperas que el público te aplauda como si fueras el ruiseñor con la espina de la rosa clavada en el pecho, cantando tu más bella canción. Pero el final de cuento de Wilde se olvida: la rosa acaba pisoteada en la banqueta y el pobre ruiseñor como esos pajaritos abatidos a resortera.

Gen del drama o no, tienes que crecer. Yo crecí y dejé a esa adolescente exaltada guardada (la saco para escribir), lo que me lleva de nuevo a la canción de Jaime López.

Es tan poco el amor para gastarlo en celos . O en dramas. En ser esa (ese, los hombres también son prima donnas de litera) amante que hace berrinche para ver si así puede manipular a su objeto de deseo. El amor tiene ese lado perverso: los que aman sueñan el sueño de la completud. Te amo y quiero comerte para que seas mío. Te tengo dentro y puedo hacer contigo lo que quiera. Auxilio.

El amor al que le canta Jaime, aunque suene cínico, es el amor más maduro. Nada de agendas secretas: si quieres estar conmigo, pues estáte conmigo, hombre, y cuando ya no quieras, vete. Dejémonos ser libres. No es como esa canción ranchera payasa ( te vas porque yo quiero que te vayas, a la hora que yo quiero te detengo : mamarrachadas). Los seres humanos somos más complicados.

Es tan poco el amor tiene un puente musical muy festivo. Y luego la voz de Jaime canta el título una y otra vez: parece que se ríe. Eso es bueno: una canción de amor feliz.