Chicago, EU. Tal parecía que el montón de científicos, ingenieros y emprendedores que llegaron a la reunión anual de la Academia Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS, por su sigla en inglés) con la intención de salvar al mundo, estaban más interesados en algo más urgente e inmediato: salvar sus matrimonios...

Bueno, tal vez es demasiado decir, pero lo cierto es que la presentación El sofoco del matrimonio , del psicólogo experimental Eli Finkel, destacó por estar abarrotada en la reunión, que este año se tituló Enfrentando los retos globales: descubrimiento e innovación .

No era para menos, ya que su estudio sobre el matrimonio no sólo se hizo desde la perspectiva de la psicología y la sociología, también de la historia y la economía, además de que Finkel tiene la facilidad de palabra y bastante gracia, como la de un stand up comedian.

UNA MONTAÑA POR ESCALAR

Los estudios sobre el matrimonio distinguen tres etapas básicas en la historia reciente.

La etapa pragmática. Se dio alrededor de 1800, cuando la granja familiar era la principal unidad económica (o en estos tiempos, en muchas áreas rurales). No era que el marido le daba un beso a su mujer, se iba a trabajar y regresaba en la noche, lo que llamamos matrimonio tradicional y que en realidad duró los primeros cinco minutos de 1970 , sino que el hombre y la mujer trabajaban juntos para cosechar, mantener la casa, criar niños, (...) la gente trabajaba entonces por cosas como producción de comida, refugio y seguridad .

El matrimonio de acompañamiento. Cuando, eventualmente, gracias a la tecnología creció la riqueza, cambiaron los matrimonios. No es que antes a la gente no le importara el amor, es que no era la razón para casarse . Pero cuando la gente tiene tiempo para preguntarse: ¿Cuál es el propósito de este matrimonio? Me caso contigo porque te amo y para que podamos compartir este amor . Necesitas entonces un mayor entendimiento, sí estaba bien conocer a quien iba a alimentar al caballo, pero el entendimiento se hizo más necesario .

La etapa de desarrollo personal. En los 60, con la revolución contracultural y descubrimientos como la pastilla anticonceptiva, (nos) lleva a una tercera etapa en la que además del amor y la compañía, las parejas se demandan mayor profundidad en el amor y la significancia del matrimonio, y éste es visto como una forma de autoexpresión, un vehículo para que cada uno se comprenda y llegue a ser la mejor versión de sí mismo .

En los años 50, puedo apostar a que nadie decía ‘me quiero casar contigo porque eres mi mejor amigo’. Hemos tomado a la pareja como la principal fuente (y a veces la única) de intimidad emocional . Y en la intimidad emocional sucede algo similar, la pareja espera que el sexo no sólo sea placentero y orgásmico, sino también que tenga una profunda conexión emocional .

OXÍGENO SUPLEMENTARIO

Finkel basa su trabajo en una multitud de datos que resultan por sí mismos muy interesantes (todos tomados de la sociedad estadounidense, pero es que, de hecho, 70% de los resultados de la psicología experimental proviene de EU); los resultados de Finkel se distinguen de muchos otros porque contemplan múltiples edades -no sólo a los estudiantes universitarios, que son la materia prima de buena cantidad de estudios-, orígenes étnicos y estratos económicos.

Una dato interesante, por ejemplo, es que desde 1995 (¡por fin!), los padres (varones) no sólo están pasando más tiempo con sus hijos, sino que se ocupan de su crianza, lo cual deja tiempo a las mujeres para pasar también más tiempo con sus hijos, con lo cual no resulta extraño que el matrimonio contemporáneo pase mucho menos tiempo con otras personas significativas , como amigos y familia.

Con ése y otros datos, Finkel puede afirmar que la historia del matrimonio es como una gran montaña y que al que está en la cima, en el matrimonio actual, le falta oxígeno , sobre todo, al de las personas más educadas (que esperan que su pareja además sea fuente de satisfacción intelectual). Pero también ofreció soluciones, tanques de oxígeno.

De éstas, además de propuestas como la no monogamia consensuada o que al momento del matrimonio se digan las cosa que no esperamos del otro (no espero encontrar en ti la satisfacción de mis intereses intelectuales, por ejemplo), destacó un experimento muy interesante.

Se pidió a diversas parejas que cada uno por separado, cada cuatro meses escribiera un reporte de cómo iba su matrimonio y cómo se sentían en él.

La gráfica es alarmante, pues la evaluación va siendo cada cuatrimestre más y más pobre. Pero durante el segundo año se pidió a la mitad de las parejas que escribieran un segundo reporte, pero que trataran de hacerlo desde un punto de vista externo, de alguien no involucrado que buscara lo mejor para todos los involucrados... Y las malas evaluaciones del matrimonio se estacionaron en un nivel intermedio, mientras que para las parejas que no hicieron ese segundo reporte continuaron decayendo.

Tal parece, entonces, que podemos conseguir el oxígeno suplementario, que de hecho, lo llevamos a cuestas.

manuel.lino@eleconomista.mx