Si bien la expresión tuvo sus bemoles para indicar que algo no salió exactamente como debería me parece muy poco afortunada (hay un infinidad de buena música llena de bemoles), la usaré en este texto sobre el concierto que dieron la directora Alondra de la Parra y las cantantes Dense Gutiérrez, Ely Guerra y Natalia Lafourcade.

Y más vale comenzar diciendo que el concierto tuvo muchos más sostenidos que bemoles y que aquellos estuvieron además en los lugares ideales: la orquesta, su directora, las cantantes y los arreglos de las canciones.

Es decir, el concierto en sí fue magnífico, emotivo, sin falla. Empecemos por ahí.

Los sostenidos

Si bien las cantantes, todas egresadas del rock underground mexicano, parecían no tenerlas todas consigo, hicieron un magnífico papel y le dieron una nueva vida a canciones que si bien están probando ser inmortales andaban quizá un poco aletargadas.

En especial en la segunda parte fue donde las cantantes mostraron que ya tenían las canciones en el alma.

Tras confesar la lucha entre alegría y nerviosismo que hacía que su corazón estuviera latiendo muy muy fuerte , Natalia entregó una conmovedora versión de una canción que le cantaba su tía abuela Te quiero dijiste de María Greever.

Y Denise se lució intensamente con Cucurrucú Paloma .

Pero quizá el principal responsable de esa vitalidad, más allá de la mente maestra de la también productora Alondra de la Parra, fue el arreglista: Ljova.

El peligro con arreglar música mexicana para orquesta es que es muy fácil que una sinfónica acabe sonando como un mariachototote. Pero Ljova abordó las canciones clásicas mexicanas con un espíritu auténticamente sinfónico, que se notó en especial en la profundidad y los tonos oscuros que le dio a Júrame y La llorona , ambas cantadas espléndidamente por Ely Guerra, o en el divertido mambo en que se transformó Amanecí en tus brazos de José Alfredo.

Alondra presentó a la orquesta como integrada por lo mejores músicos de México . Y así sonó.

En fin, que la música estuvo espléndida.

Los bemoles

Resulta increíble y paradójico que sobre el escenario hubiera un montón de músicos que no se equivocaron en una sola de las miles de notas que produjeron (al menos no que se notara) y que quienes estaban encargados de sonorizarlos para que los escucharan las casi 10,000 personas reunidas en el Auditorio Nacional no puedan mostrar un nivel de profesionalismo similar.

No me refiero a pedanterías de purista, como que la ecualización tenía demasiados agudos que hacían el sonido de la orquesta un tanto áspero y poco cálido, no, eso vaya y pase como cuestión de gustos. Incluso pasa que el piano tocado por Jozef Olechowski durante el Danzón 2 se perdiera por momentos.

Pero que una cantante (Denise) empiece a cantar con el micrófono cerrado o que le suceda lo mismo a la directora cuando invita al público a cantar, y que por lo tanto éste no la escuche, es el colmo.

Y eso por no mencionar el feedback que se pudo escuchar cuando Armando Manzanero se sumó a las chicas en el escenario.

No muy atrás se queda Sony Music con el video que insertó después del Danzón 2 y antes de que empezaran las canciones (no era el intermedio ni mucho menos, era el mero principio del concierto). A mitad de camino entre la entrevista periodística y el anuncio comercial, el inserto a mitad de un evento artístico no sólo resultó aburrido y no venía a cuento (las cantantes y Alondra podían haber dicho en los mismo vivo y con la emoción del momento, lo que hubiera sido entrañable) sino que desentonaba por completo.

Fue casi como si en una obra teatro pusieran un anuncio de la dulcería del local a la mitad del primer acto aprovechando que uno de los actores tiene marcado un rato de silencio en lo que su personaje piensa.

Las fallas de sonido son casi una costumbre en los conciertos en vivo en México y no me cabe duda de que debe ser algo muy difícil y lleno de imprevistos. Pero no creo que lo sea más que, por mencionar sólo a uno de los instrumentistas de la orquesta, tocar, afinar y sacarle un buen sonido a un oboe con su caña de bambú.

¿Cómo es posible que entre el público y esos músicos que no solo no se equivocan sino que imprimen emotividad y buen gusto a sus interpretaciones pongamos técnicos de sonido que sí se equivocan y varias veces?

Tenemos artistas de primer nivel, respetémoslos como se merecen.