La adaptación de una prueba psicológica a población mexicana que ayudará a generar diagnósticos tempranos en Alzheimer fue la vía para que este diario tuviera por primera vez la oportunidad de convivir más de cerca con la ciencia, esa que todos los días, a través de esta sección, tratamos de acercar a nuestros lectores.

“Como generadores de noticias, muchas veces observas cómo se realizan los proyectos o distintas investigaciones, pero probablemente llegamos cuando la investigación ya está muy avanzada y, aunque uno siempre se pregunta cómo poder participar, pocas veces tenemos una idea clara”, explicó Diana Salado Lucero, coeditora de la revista Equestrian lifestyle de El Economista y quien fuera una de las primeras colaboradoras de este diario en aceptar participar en esta prueba.

“Saber que participamos en algo que en el futuro podría ayudar a un familiar para tener un buen diagnóstico o incluso para nosotros mismos sin duda también es una motivación. A partir de esta experiencia, estoy segura de que buscaremos cómo participar de manera más activa”, dijo.

Se espera que la prueba Examen de Memoria Asociativa de Nombre y Cara, a cargo de la Dra. Ana Luisa Sosa Ortiz, pueda ser aplicada a adultos mayores para detectar problemas de memoria. Consiste en que ellos aprendan algunas caras y las asocien con algunos nombres que se les van a dar, posteriormente van a tener que identificar dichas caras entre varias fotografías y asociarlas con el nombre que se les había dicho anteriormente.

¿Por qué funcionó el personal de El Economista en este estudio?

Se requería variedad de edades —personas de entre 20 y 60 años—, variedad de género —50% hombres, 50% mujeres—, con cierta diferencia étnica, pero que fueran mexicanos y aquí se encontraba todo eso.

“Venimos a pedir su apoyo a través de una fotografía, éstas sólo se utilizarán con fines de investigación; con su nombre, su firma y con unos segundos para tomar la fotografía, estarían participando en este estudio”, explicaba pacientemente José Contreras, quien es parte del equipo de investigación, a los compañeros que llegaban al espacio asignado para este ejercicio de colaboración.

En otro espacio, Paulina Lebrija, residente de psiquiatría en el Instituto Nacional de Neurología, nos hablaba sobre el recurso que vinieron a solicitar. “Se trata de una fotografía en fondo blanco, lo que permite que el enfoque sea 100% en la persona, la idea es que las fotos sean lo más similares posibles y que las personas no tengan ningún distintivo en específico (chamarras de colores muy llamativos o artículos como lentes), para que las personas que están siendo evaluadas no se guíen por esos aspectos, sino por el rostro”.

Algunos, por curiosidad, otros con la convicción de ayudar. Lo cierto es que el ejercicio de ver en los pasillos de El Economista a un grupo de investigadores invitándonos a participar de su estudio fue algo que cambió la rutina por unos minutos.

Erick Alejandro Páez Martínez, del área de fondos de Inversión y suplementos en El Economista, comparte que es la primera vez que participa en algo que tiene que ver con la ciencia, “me entusiasma porque al final de cuentas será para hacer un bien a la población mexicana, además todos estamos susceptibles a vivir una enfermedad neurodegenerativa como es el Alzheimer”.

“No sé si es mucho o poco el apoyo, pero hay que hacerlo, es un granito de arena (...) Me sorprendió que este estudio se viniera a hacer a la oficina, con la cotidianeidad del trabajo nunca te imaginas que puedes ayudar o que va a venir un equipo de investigadores, fue interesante la dinámica”, expresó.

Por su parte, Juan Manuel Leonides Saavedra, gerente de sistemas y tecnologías de la información en el Economista, también se dio un minuto para colaborar, a su salida nos platicó “me suena excelente poder ser un factor que promueva soluciones para la enfermedad del Alzheimer, sobre todo con público mexicano, que me dicen que casi no hay, me parece además muy interesante que el personal del periódico pueda contribuir en ese sentido, además de que nos permite conocer más la labor de los científicos y conocer el tema”.

En menos de una hora y media, se logró el objetivo y más, por lo que posteriormente tuvimos la oportunidad de platicar sobre la importancia de este estudio con Juan Francisco Flores Vázquez, médico psiquiatra especialista en envejecimiento cognitivo y demencias y que estuvo a cargo del ejercicio de reclutamiento en el periódico.

“Para la enfermedad de Alzheimer, los cambios cerebrales inician hasta 20 años antes de que la persona empiece con los problemas de memoria, durante estos 20 años hay muerte de neuronas y cambios cerebrales que se podrían detener en ese momento, por eso nos interesa agarrar esta enfermedad lo más temprano posible”, explicó.

En México, se calcula que 1 millón de personas viven con algún tipo de demencia, siendo la más común el Alzheimer. Por ello, el costo de las demencias es extremadamente alto “se calcula que, si el costo de las demencias fuera un país, sería la decimoctava potencia mundial, es decir, se gasta más en cuidados de demencia que el precio de compañías como Apple o Google. Por ello, es muy importante que en países como el nuestro, donde va a haber un incremento de adultos mayores en los próximos 30 años, también se empiece a hacer más investigación y se empiecen a hacer estrategias de tratamiento más claras para personas con la enfermedad”.

Sobre el trabajo de investigación, es una iniciativa del Instituto Nacional de Neurología, en conjunto con la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad de Groningen en Holanda. Flores explicó que es importante adaptar las pruebas a cada país, porque es más fácil para los pacientes recordar caras que les sean familiares y cotidianas étnicamente hablando “los holandeses son muy distintos y tal vez no podríamos identificar tan claramente la diferencia entre unos y otros, esto puede confundir la prueba”.

El estudio está en fase de reclutamiento, por lo que se requieren personas de entre 60 y 75 años que tengan queja de memoria o duden de si pudieran tener algún problema que pudiera progresar; para ello el investigador hizo una invitación abierta al público para que escriban al correo [email protected] y participen.

“Para nosotros, este ejercicio con el periódico es excelente, era difícil pensar que en un solo espacio encontraríamos a todos los voluntarios, no nos podemos presentar en cualquier lado y pedirles que se tomen fotos para nosotros, esto puede causar cierta desconfianza en el público. Aquí lo importante fue llegar de una manera muy transparente y clara de cuáles son los objetivos y la recepción fue buena”, concluyó el investigador.