Había una vez una vegetariana involuntaria llamada Verdolaga, que siempre había sido muy pobre y la carne nunca había estado a su alcance , nos dice la premisa de La verdura carnívora, un monólogo de Abril Mayett, que se presenta todos los martes en la Sala B de La Teatrería.

La obra está inspirada en diversos personajes que Abril conoció cuando vivía en una colonia de la zona centro de la Ciudad de México: Estuve muy en contacto con un círculo social de esta ciudad donde hay niños que no tienen nombre y crecen en las condiciones más hostiles. Conocí a esos chavitos y pude observar que sus vidas son muy precarias. Y cuando indagaba sobre sus papás encontraba que los habían regalado, se los encomendaban a algún padrino. Los adultos que los reciben los crían pero no asumen responsabilidad como padres. Los toman como objetos y los explotan.

Mi fuerte es la comedia, y, al momento de estructurar la obra, me fui por ahí. Un tema tan crudo debe tener un filtro porque, si no hubiera, la información pudiera ser tan patética y tan fuerte que luego el espectador la rechaza , nos dice Abril.

En la historia, Verdolaga se dedicó por algún tiempo al servicio doméstico y a la venta de vegetales en un mercado, pero su vida experimenta un giro cuando se enamora de Milanesas, un boxeador aficionado quien le rompe el corazón, traspasando con ello los límites del dolor que Verdolaga puede soportar. La carne y el vegetal jugarán un papel muy importante dentro de esta historia de amor, abandono, violencia, sexo, traición y la despiadada cadena alimenticia .

Abril ahonda sobre su personaje: La protagonista crece en un burdel de niñas y encuentra la manera de escaparse para que no la exploten y más tarde lograr salir adelante. Y me pareció interesante seguir la trayectoria de esta chica y saber a qué se enfrenta una persona con tan pocas posibilidades y sin derecho a la vida, al trabajo y a la salud. Es vegetariana y virgen hasta que crece, se enamora y conoce la carne en uno y otro sentido .

Hay un momento en que no soporta la injustica del mundo, tantas vejaciones y tanto dolor que hay. En un punto, se da cuenta de esa cosa divina que es Dios y piensa que no existe porque, de ser así, no habría niños, como ella, en medio de un ambiente tan hostil. Y, entonces, ella se convierte en su propia justicia y no permite más maltratos y traiciones, deja de ser melodramática y víctima y se convierte en la responsable de todo lo que le pase. Y ya se va a cobrar todas las que le hagan. Es una invitación a que todos tomemos conciencia de dónde estamos, quiénes somos y de lo que podemos hacer por nosotros mismos y los demás .

Por último, Abril nos habla sobre otro tema que toca la obra, el cual forma parte de sus inquietudes: El tema del veganismo y vegetarianismo. Yo, como alguien que come de todo, me parece muy interesante discutir si seguir siendo carnívoros o transformarnos. En lo particular creo que somos lo que comemos pero no estoy del todo segura de tratar de obligarnos a transformar nuestra dieta, finalmente somos parte de una cadena alimenticia. Creo que estás nuevas tendencias de la cultura vienen de la culpa: el ser humano toma conciencia de ciertas cosas y la traslada a la culpabilidad. Y buena parte del veganismo y vegetarianismo vienen de esa culpa, del ‘ya no queremos hacer sufrir al universo’. Existen otras maneras de comulgar positivamente con el universo, no sólo a través de la dieta .

La verdura carnívora, escrita, dirigida e interpretada por Abril Mayett, se presenta todos los martes a las 8 de la noche en la Sala B de La Teatrería (Tabasco 152), colonia Roma.

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