Los gobiernos son iguales en todos lados , yo creo que allá está más cabrón que aquí , fueron algunos de los comentarios que pude escuchar a la salida de la función para prensa e invitados de la película rusa Leviathan.

Y sí, Leviathan narra la historia de un hombre, Kolya, un mecánico de mucho talento que lucha desesperado contra el alcalde local en una pequeña y un poco deprimente ciudad costera rusa.

El alcalde le ha comprado a la mala, es decir, contra su voluntad y a un precio bajísimo, su casa y terreno, que son bastante modestos pero tienen ubicación privilegiada.

A Kolya (diminutivo de Nikolai) lo ayuda su amigo Dima (diminutivo de Dimitri, pareciera que estos rusos quieren disimular que son unos tipos fuertes y grandotes), un abogado que llega de Moscú dispuesto a perder la audiencia que toca pero con una serie de papeles que podrían hundir al alcalde.

Kolya tiene además la compañía de su bella esposa Lilya y su hijo (de él pero no de ella) Roman. Fuera de ellos nadie parece entusiasmarse con la idea de llevarle la contra al alcalde.

Sí, es una historia de abuso del ciudadano inerme ante la corrupción y el abuso de poder... Pero es más que eso.

De pronto, Leviathan , sin dejar el tema de fondo de la corrupción, se convierte más en una poderosa historia de amistad, amor, traición y desengaño. Una historia apasionada y demoledora.

¿Resaca nacional?

Hace un par de años, escuché a una colega rusa decirle a un grupo de alemanes que su Oktoberfest, en el que la cerveza fluye a mares y la gente pierde el estilo de lo lindo y a veces hasta la conciencia, era un juego de niños comparado con una noche cualquiera en Rusia.

Y no dejé de pensar en esa expresión mientras veía Leviathan.

El director Andrey Zvyagintsev logra que el vodka sea protagonista. Los personajes lo beben, literalmente, como si fuera agua: enormes vasos para celebrar su amistad, para lamentar una pérdida, para acompañar el desayuno o para practicar tiro al blanco...

Y ya borrachos dicen barbaridades, son agresivos con sus seres queridos y más con quienes no lo son o son muy cariñosos o no saben ni lo que dicen...

Así, el famosamente apasionado temperamento ruso de pronto pareciera ser en esta cinta un mero subproducto de la borrachera o de la resaca (esto último es dudoso porque vaya que tienen aguante)... Pero también consigue contar una historia que por momentos es divertida y chusca, los borrachos suelen serlo, pero también dramática y patética... sin comentarios.

La cinta, desesperanzadora y magnífica a la vez, no es sólo una denuncia de la corrupción, es una crítica a un modo de vida de una gran porción de los pobladores de un país.

@manuelino_