Si usted es alguien, como muchos de nosotros, que se siente alejado del arte contemporáneo por esa ruptura de las reglas del arte, visitar la exposición de Willats puede resultar de lo más interesante. ¿Por qué? Porque a Willats le importa la comunicación con el espectador.

Es más: en la obra de Willats no hay una clara división entre espectador y creador y eso la hace atractiva. A Willats lo que más le interesa es investigar cómo el arte se relaciona con la gente común en lugares como condominios populosos, conciertos de rock o sitios masivos.

Que a un artista tan rotundamente posmoderno le interese un arte que comunica no es asunto menor.

Y es que en algún momento del siglo XX la gente dejó de confiar en el arte. Fue un momento en que, parafraseando al crítico Walter Benjamin, el arte perdió su aura, sus reglas y todo eso esotérico que la hizo atractiva, hechizante, y se volvió simplemente extraña, ajena, impenetrable.

Cuando el arte perdió su habilidad para conectar con el público surgieron una serie de corrientes, cada una más arcana que la anterior, que convirtieron los museos y las galerías en asunto de unos cuantos y aburridos iniciados.

Las reglas del arte cambiaron después de la Segunda Guerra Mundial. Llegó esta era en que todavía vivimos y que los teóricos han llamado posmodernidad: una época de reglas variables y de rutas ambiguas, de ideas que se disparan en miles de direcciones.

Algunos artistas supieron jugar con esa explosión de ideas y crear obras que no son sólo extrañas, sino también provocativas.

Podemos decir que sus obras son pequeños tratados antropológicos, narrativas sobre por qué somos lo que somos ahora.

Uno de ellos es el inglés Stephen Willats (Londres, 1943). En el Museo Tamayo Arte Contempráneo se exhibe Stephen Willats: hombre del siglo XXI. Es la primera vez que la obra de Willats se presenta de forma tan completa en toda Latinoamérica.

Arte conceptual? y viaje en el tiempo

A Willats le interesa el modo en que se construyen los contextos, cómo se comunican diferentes grupos entre sí. Sus trabajos pertenecen al arte conceptual, es decir que requieren una explicación previa para entenderlos por completo. Pero la paciencia vale la pena.

El título de la exposición hace referencia al Hombre del Siglo XXI, un álter ego de Willats creado en los años 70, un hombre de hojalata que viaja en el tiempo para enterarse de lo que le importaba a la gente del pasado.

Así son las obras que se reúnen en Hombre del Siglo XXI: observaciones sobre movimientos sociales como el rock punk, y las razones que tiene la gente para que, en un momento dado, se considere miembro de tal o cual identidad.

Una obra de arte en sí misma puede ser una identidad, un modelo de relaciones humanas , dice el artista de su trabajo.

En las 50 piezas que conforman el recorrido, hay diferentes expresiones de lo posmoderno: la moda y la publicidad como arte; la inteligencia artificial como presagio y los lugares públicos atiborrados como sitios de importancia histórica.

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