La discusión sobre el trato ético a los animales y su relación con el ser humano no es nueva. Sus huellas pueden rastrearse hasta los tiempos de Pitágoras, Platón, Plutarco y Aristóteles, según los académicos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM Leticia Flores Farfán y Jorge Linares Salgado, quienes realizaron una compilación de diversos textos que hablan sobre dichas cuestiones.

Los filósofos ante los animales (Almadía-UNAM) compila textos de académicos contemporáneos como Luis Gerena Carrillo, Patrick Llored, Luis Xavier López Farjeat y la misma Leticia Flores Farfán, quienes abordan a filósofos clásicos, así como a pensadores del medioevo como Alberto Magno, y la tradición árabe-islámica clásica.

En este texto encontramos desde defensores asiduos de los derechos de los animales, así como otros que aseguraban, como Aristóteles, que están hechos para el uso del ser humano pues carecen de razón. El crisol de argumentos es amplio y va desde lo ético pasando por lo cognitivo y hasta lo metafísico; sin embargo, en un balance general, los ensayistas abogan claramente por un cambio de perspectiva para gestar un cambio, ya que una visión antropocentrista ha tenido consecuencias devastadoras para la fauna y la flora del planeta.

Los filósofos ante los animales es un libro con mucha claridad. El contexto inicial es claro, los autores parten de que vivimos en un periodo marcado por “el crecimiento irrefrenable de las ciudades y de la población que ha conllevado a la implementación de industrias agroalimentarias y cadenas de producción donde los animales constituyen una de las materias primas fundamentales. Como en ningún otro momento, los animales han sido convertidos en objetos instrumentales y cosificados para el consumo voraz. Mataderos industriales, criaderos tecnológicos, laboratorios de inseminación masiva...”.

En ese primer texto faltó señalar, por un lado, la creciente tendencia a contracorriente de granjas y procesos de producción que se esmeran en darle la mejor calidad de vida posible a sus animales, que si bien no son suficientes han ido creciendo con el paso del tiempo.

Por el otro, faltó nombrar un fenómeno particular que resulta contradictorio en términos humanitarios. Este detalle queda plasmado en un capítulo de la primera temporada de la serie de comedia Atlanta, en donde uno de los protagonistas —un afroamericano interpretado por Lakeith Stanfield—, llega a un club de tiro con un blanco que tiene la imagen de un perro.

Esta situación molesta a varios tiradores que resultan ser blancos, quienes se ofenden por la imagen del perro. “A un perro no se le mata”, dice uno de los interlocutores quien, además, lleva consigo a su hijo pequeño y no desea que éste sea perturbado por dicha imagen.

Un inmigrante, que resulta ser blanco, se pone del lado del protagonista y hace la observación de que aquellos que se están quejando están usando imágenes de seres humanos para probar su puntería, entre ellas, la de un mexicano que lleva un cuchillo.

Más allá de esto, el libro es consistente y claro en su discurso, y esgrime argumentos interesantes que aportan a la construcción de un cambio en nuestra relación con los animales y la naturaleza.

@faustoponce