El Premio Nacional Monte de Piedad, que el pasado martes celebró su octava edición, tiene como uno de sus objetivos más importantes seguir motivando y estimulando a las organizaciones de la sociedad civil, orientadas a contribuir en el desarrollo sostenible y la promoción de los derechos humanos, “para que todos quieran trabajar cada día mejor en favor de la población más vulnerable” aseguró Marisol Fernández Alonso, directora de Inversión Social de la institución. “Para nosotros ésta es la conclusión más importante de los premios”, expresó.

Con una parte de los remanentes operativos que se generan de la actividad prendaria, Monte de Piedad tiene como parte de su misión la inversión social, por ello, cada año buscan entre más de 600 instituciones de la sociedad civil que atienden diferentes problemas públicos a los ganadores. Salud, educación, trabajo digno, violencia de género, desarrollo comunitario, entre otras temáticas, son las que se abordan.

En entrevista para El Economista, la representante de esta institución explica que estas organizaciones con las que Monte de Piedad trabaja en el año, a través de una convocatoria, presentan un proyecto para recibir donativos y el fortalecimiento de su intervención, es decir, cómo hacer para atender una problemática de desarrollo sostenible y no soluciones a corto plazo. “Hoy se premia a las que están trabajando mejor y transitan de la asistencia al desarrollo, que generan capacidades y con visión de derechos humanos”.

Agregó que incidir es importante porque esto cambia los ecosistemas e incluso permite transformar las reglas de una comunidad completa, por ejemplo, la institución Renace ABP, ganadora del Premio en Desarrollo Sostenible, trabaja por la mejora continua del sistema de justicia penal en México, “parten de garantizar el respeto por los derechos de la población a la que atienden y generar un impacto positivo a nivel comunidad. Lo que quieren es restituir el derecho a tener acceso a la justicia para todos aquellos que no la han conseguido y buscan tener impacto en la reinserción social, que al final, recae en seguridad para todos”.

Fundación Comunitaria de la Frontera Norte ganó el Premio al Desarrollo Sostenible en Formación para Trabajo Digno. Ellos buscan insertar en la vida productiva a jóvenes de 16 a 20 años en situación vulnerable, “ellos no han tenido la posibilidad ni de estudiar ni trabajar y habitan en las zonas de mayor rezago e incidencia delictiva. Para lograr la vida digna de estos jóvenes debe haber un componente de habilidades blandas (trabajo en equipo, comunicación, temas de responsabilidad, formación técnica), de ayuda psicosocial, vinculación con las empresas y seguimiento de sus casos, esto lo hace la fundación”.

Fernández asegura que estos premios también hablan de un proceso de maduración para Monte de Piedad, “el sector social y nosotros estamos obligados a innovar, el significado que le damos a esto es crear valor social, entendida como nuestra contribución al desarrollo sostenible. En esto de ayudar al que lo necesita, hemos comprendido que los retos que tiene nuestro país son tan grandes, que aun cuando la asistencia pura y dura realmente juega un rol importante, tenemos que dar un paso más allá y transitar hacia generar capacidades en los individuos, para que dejen de ser dependientes de esa asistencia”.

Las otras instituciones de asistencia privada ganadoras fueron: Fundación Quinta Carmelita, por Desarrollo Sostenible; Servicio, Educación y Desarrollo a la Comunidad y Proeducación, por Transformación Extraordinaria, recibieron 1 millón de pesos, y La Casita de San Ángel recibió 500,000 pesos, al ser meritoria del Reconocimiento a la Orientación al Desarrollo.