Las narcoseries gustan, tienen audiencia y son un éxito en la pantalla. Las narcoseries retratan una realidad diaria en la vida de nuestro país que está presente en casi todos los sectores de la población y que ha resultado imposible erradicar. También nos recuerdan una trágica verdad, la guerra contra el narco ha significado la lucha más costosa de la historia mexicana en cuestión de vidas humanas.

El mercadeo de las narcoseries es también una válvula de escape y una falsa puerta que sesgadamente induce a la juventud a sobrevalorar los premios que esta actividad promete a sus militantes. Una vida llena de emociones, acceso a lujos, marcas, autos, mansiones y todo tipo de beneficios que el dinero puede otorgar.

Los Presidentes de las Comisiones de Radio y TV del Senado y de la Cámara de Diputados, Zoé Robledo y Lía Limón, respectivamente, urgieron a la Segob y al IFT a impedir que las narcoseries se transmitan en TV abierta en horarios no aptos para menores. Ambos argumentan que esto representa una violación a la Constitución, a la LFTR y a los lineamientos de contenidos, ya que hacen apología de la violencia y dejan ver las actividades del narcotráfico como un modelo de vida aspiracional.

Es importante señalar que los legisladores no están en contra de que se transmitan estas narcoseries por TV abierta, sino en lo único que hacen hincapié es en el horario; el que se transmitan a las 9 o a las 10 de la noche resulta una violación a los lineamientos de contenidos emitidos por Gobernación. Ese tipo de contenidos tienen un horario para transmisión y su petición va más en un llamado a respetar el orden y a que esto no se confunda con la censura.

Por un lado está el tema de la libertad de expresión, sobre el cual hemos hablado ampliamente, pero por otro lado, los productores de contenido tienen que evaluar la responsabilidad moral y cívica que tienen, así como los derechos de las audiencias, en particular las infantiles.

Se puede argumentar la cuestionable eficacia de retrasar algunas ?horas la transmisión de las narcoseries por canales de TV abierta pueda tener ante la enorme gama de plataformas y opciones de entretenimiento a la cual los niños y jóvenes del ?país tienen acceso hoy en día.

Pero también se puede argumentar si como sociedad y como medios hacemos todo lo posible para promover estilos de vida más conducentes a un proyecto social productivo y constructivo para la gran cantidad de niños y jóvenes que pasan las tardes frente a un televisor en nuestro país.

No podemos pasar por alto la desesperanzada realidad en la que viven millones de jóvenes en los círculos menos afortunados de la sociedad. Una realidad en la cual el narcotráfico puede ser la única puerta de salida para poder accesar a todas aquellas ilusiones y paliativos a la felicidad.

Si bien es difícil de probar que este tipo de programación promueve la delincuencia, sí es fácil suponer que ante la situación actual de nuestro país, en la cual impera la corrupción, la violencia, la avaricia y el enaltecimiento de actividades delictivas, el tema podría ser tratado con mucha más responsabilidad por parte de los productores y los medios.

Si bien es loable el esfuerzo por parte de los representantes del PVEM y del PRD en el congreso, creo que como sociedad civil deberíamos llegar a acuerdos más eficaces que el retrasar algunas horas la programación de las narcoseries.

El sistema de educación pública podría implementar materias curriculares que, con miras a largo plazo, promovieran economías alternas al narcotráfico en las zonas marginadas. El sistema de impartición de justicia debería actuar enérgicamente contra este tipo de delitos y hacer públicas las consecuencias de estos actos. El poder legislativo debería de tomar posturas claras y contundentes para legislar o no el uso, la distribución y la producción de estupefacientes.

Adicional a la evaluación de esta propuesta por parte de Lia Limón y Zoé Robledo, este análisis debe servir como un ejercicio para reflexionar sobre cual es nuestra postura como sociedad ante un claro problema actual con nefastas repercusiones sociales, económicas y morales.

Es reconfortante saber que al menos Televisa, por decisión propia y con una biblioteca enorme de este tipo de series, ha detenido la programación de estas hasta que las autoridades competentes lleguen a un acuerdo.