El escritor estadounidense, Ray Bradbury, murió el día de ayer a los 91 años de edad e inmediatamente ardió en congoja buena parte del mundo, sólo que no a 451 grados Fahrenheit, sino a 140 caracteres.

La tecnología de este futuro, esa que parece que va a la par del tiempo continuo, fue la encargada de diseminar y esparcir la noticia.

Bradbury murió siendo un escritor cuya literatura es capaz de trascender los encasillamientos que poco asientan los valores de su estética particular, encasillamientos que se enlistan como fantasía, ciencia ficción, distopía; necedades.

A Ray Bradbury se le conoce como uno de los padres de la ciencia ficción y del relato fantástico. Se le emparenta con Aldous Huxley (Un mundo feliz) o George Orwell (1984), escritores que, atenazados por un presente inaudito –la realidad de la posguerra, el surco de complot que fue la Guerra Fría- encontraron como alternativa imaginar el futuro.

En ese punto, la apuesta por la imaginación, es donde la obra de Bradbury alcanza una vigencia y una resonancia que interviene nuestra realidad. Estoy completamente enamorado del cine, y estoy completamente enamorado del teatro, y estoy completamente enamorado con las bibliotecas , dijo en una entrevista en el 2009. Por eso, entre sus influencias se encuentran desde Julio Verne hasta Georges Méliès, y su capacidad de imaginar le granjeó la simpatía y la afinidad de grandes plumas como la de Jorge Luis Borges.

Bradbury escribió para cine y TV. Lo que siempre he sido es un escritor híbrido , dijo en el 2009.

Con el tiempo disminuyó su ritmo de trabajo; después de sufrir un derrame cerebral que lo postró en a una silla de ruedas, Bradbury siguió escribiendo.

Dicen que escribía todos los días en la oficina de su casa, en el barrio de Cheviot Hills, en Los Angeles, y de vez en cuando se presentaba en librerías y actos de bibliotecas públicas para recaudar fondos.

No les tengo miedo a las máquinas , comentó en 1976. No creo que los robots se estén apoderando del mundo. Pienso que los hombres que juegan con juguetes lo han hecho. Y si no les quitamos los juguetes de las manos, somos unos tontos .

Su mirada no era la del distópico, sino la del apocalíptico, el que es capaz de revelar que la imaginación, la lectura y los libros tienen el poder de transformar la consciencia y, así, el mundo.

Bradbury era, injustamente, uno de esos autores que había que leer en la adolescencia para luego graduarse a cosas ?en apariencia más complejas. ?Su influencia, sin embargo, había llegado a ser tanta, que se había vuelto invisible: no se le nombraba porque sus descubrimientos ya se daban por sentados. En Tiempo de Marte, ?Dick sitúa en su versión del planeta rojo suburbios muy ?parecidos a los de la Tierra; en eso le debe mucho a las Crónicas de Bradbury, tan desdeñosas de la verosimilitud que escandalizaron a los ‘verdaderos’ practicantes del género .

Edmundo Paz Soldán, escritor boliviano.

Su literatura me parece fundamental para hacer una autopsia al presente, pues de eso habla, de la obsesión, miedo y esperanzas de un futuro siempre enunciado desde el hoy .

Agustín Fernández Mallo, ?escritor español.

Con Bradbury muere una parte enorme de la imaginación de nuestro tiempo. Sé que quedan sus libros, sus series televisivas y un montón de obra; sin embargo, siento su muerte como una pérdida real, pues ?en este caso sí estoy cierto de ?que nos quedamos sin todo ?aquello que pudo venir. Era, más que un simple mortal, un surtidor inagotable de historias: amplió, como pocos, el mundo de la imaginación y nos enseñó a soñar de una manera peculiarísima .

Oscar de la Borbolla , escritor mexicano.

Ray Bradbury no será un clásico de la ciencia ficción, sino un clásico a secas... [Ahora podemos leer en sus libros] una visión atemporal del modo en que los seres humanos empezamos a enfrentarnos con nuestras limitaciones, precisamente cuando creemos ser más poderosos .

Alberto Chimal, escritor mexicano.

Ha muerto Bradbury, el viejo tío Ray, abuelo literario de mi generación de fantasistas. Deja decenas de libros, en donde ?descubrimos una capacidad de asombro ?que mantuvo intacta hasta los 91 años. Poblaron sus páginas marcianos, dinosaurios, robots, pero, sobre todo, personajes de profunda dimensión humana .

Bernardo Fernández, escritor y monero mexicano.

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