Fue resistente en Francia, preso en los campos de concentración nazis en Alemania, dirigente clandestino del Partido Comunista y ministro de Cultura en España: el escritor Jorge Semprún, que murió este martes a los 87 años en París, fue protagonista de la historia del siglo XX y testigo de ella a través de su obra literaria y cinematográfica.

Jorge Semprún nació el 10 de diciembre de 1923 en Madrid, en una familia de la alta burguesía española defensora de los valores republicanos.

De su madre, muerta cuando él tenía nueve años, Semprún evocaba la imagen de la mujer que izó la bandera de la República en su ventana en 1931, cuando el rey abdicó.

Su padre, abogado y diplomático republicano, que optó por el exilio para ser fiel a sus ideas , fue para él un ejemplo moral . La familia se fue de España en 1936 al estallar la guerra civil, instalándose en Holanda y luego en Francia en 1939.

En París, Jorge Semprún, estudiante brillante, se zambulló en la Historia, un confuso continente en el que comprometerse con toda el alma, incluso hasta fundirse con ella .

Un rojo español

Su compromiso fue primeramente comunista. En marzo de 1939, la caída de Madrid en manos de los franquistas lo desgarró y lo llevó a la convicción profunda de ser para siempre un rojo español .

Cuando advino la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana de Francia, Semprún se incorporó a la Resistencia francesa. En septiembre de 1943 fue detenido por la Gestapo y deportado, a los 19 años de edad, al campo de concentración de Buchenwald, en el que los comunistas se habían organizado para infiltrar la administración interna. A Semprún se le encargó la tarea de repartir a los detenidos en los diferentes comandos de trabajo.

Cuando fue liberado, en abril de 1945, optó por la amnesia deliberada para sobrevivir . Pero más tarde, esa experiencia marcó su obra, ya desde su primera novela, El largo viaje (1963), pero también en La escritura o la vida (1994) o en Moriré con su nombre, vivirá con el mío (2002).

Después de trabajar unos años como traductor en la Unesco, volvió a España, donde coordinó la acción clandestina del Partido Comunista Español, con el seudónimo de Federico Sánchez. Esos años de clandestinidad, con sus convicciones y sus dudas, hasta su exclusión del partido en 1964 por desviacionismo , junto con Fernando Claudín, fueron narrados en Autobiografía de Federico Sánchez, uno de sus pocos libros escritos originalmente en castellano y que le valió el Premio Planeta en 1977.

Vida y furor

Obligado nuevamente al exilio, distanciado del activismo político, Semprún se dedicó plenamente a la literatura, que fuera su refugio en los años de su juventud parisina, cuando se apropiaba de la lengua francesa, y en Buchenwald, cuando la poesía lo ayudaba a soportar la promiscuidad asfixiante.

Sus obras, en gran parte escritas en francés, son una reflexión sobre su vida llena del ruido y el furor del siglo .

En 1964 publicó El desvanecimiento; en 1969 La segunda muerte de Ramón Mercader, novela con la que obtuvo el premio Femina. Siguieron Aquel Domingo, La algarabía, Netchaiev ha vuelto, entre muchos otros títulos.

Paralelamente, Semprún fue adquiriendo renombre entre el gran público como guionista, habiendo escrito algunas de las grandes referencias del cine francés, como La guerra ha terminado y Stavisky de Alain Resnais, y contribuido a la renovación del cine político con Costa-Gavras, con quien colaboró en Z y La confesión.

En 1988, el socialista Felipe González, presidente del gobierno español, lo nombró ministro de Cultura, cargo que abandonó en 1991 a raíz de sus desavenencias con algunos de los dirigentes socialistas miembros del gobierno. Con su viejo seudónimo, volvió a la pluma para contar esa experiencia en Federico Sánchez se despide de ustedes (1993).

Cinco años más tarde, en Adiós luz de veranos, repasó su vida con humildad, afirmando que toda esa locura, esa exaltación, ese sueño obstinado le dieron una sombría y rutilante coherencia .