¿Dos potencias creativas en batalla comercial y de soberanía? El ?PIB cultural de los Estados Unidos al 2013 es de 4.2%, equivalente a 700,000 millones de dólares. Para este 2017, tan sólo la economía creativa del estado de California alcanzará una producción de 406,000 millones de dólares.

En este escenario, lo que genera nuestro principal socio comercial significa 12 veces el PIB cultural de nuestro país, el cual ronda los 60,000 millones de dólares, es decir, 2.9% del PIB nacional, del cual 2.1% lo aportan fundamentalmente las micro, pequeñas y medianas empresas culturales (pymes), y 0.8% el gasto público y el trabajo no lucrativo.

A niveles de productividad, el contraste es también feroz. Mientras en California la economía creativa genera 1.6 millones de empleos directos, indirectos e inducidos, en México el sector tiene, al 2015, 1 millón 42,000 puestos de trabajo.

Para mayor contraste, según el ranking de las 500 empresas más importantes de nuestra nación en el 2016, que edita la revista Expansión, este conjunto de firmas nacionales y extranjeras brindan empleo a más de 4 millones de personas. No hay que hacer mucho drama en las conclusiones.

El PIB cultural nacional que se muestra en la Cuenta Satélite de ?Cultura (CSC) se puede ver con optimismo, debido a que implica que las actividades culturales aumentaron a un ritmo ligeramente mayor que el del resto de la economía nacional. La producción cultural en ?México es ligeramente menor (0.1 puntos porcentuales del PIB) a la del sector agropecuario, forestal y pesca. Además, el nivel reportado es equivalente al de varios países del mundo.

Feria de contrastes

A pesar de la importancia en la generación del ingreso nacional, las estadísticas oficiales muestran un bajo impacto en el comercio exterior. Al respecto, con cifras del 2015, se observa que 5.4% de la oferta interna es de origen importado, es decir, 41,000 millones de pesos; mientras que las exportaciones participan con 2.3% de la demanda, que significan 17,400 millones de pesos.

Al renglón de artesanías, la CSC le establece un no aplicable , tanto en importaciones como en exportaciones, lo cual deja fuera un grupo de mercancías muy importante en el comercio cultural. El cine se encuentra en una situación similar de falta de claridad, por lo que no es posible identificar, por ejemplo, los importantes flujos de recursos destinados al pago de regalías a los propietarios de los derechos por la exhibición de películas extranjeras dentro de nuestras fronteras.

Las empresas, negocios e industrias culturales, creativas y del entretenimiento, hacen también un aporte al proceso de identidad y de soberanía de México y Estados Unidos. Son determinantes en las prácticas, hábitos y consumo culturales. Son claves en la dominación de los Estados Unidos en el mundo, no sólo en México.

En el diario acontecer es posible identificar un abismo que define el comportamiento sectorial. Por un lado, la política fiscal norteamericana, favorecedora de un sistema cultural ajeno a la mediación del Estado. Una señal relevante consiste en que Estados Unidos no tiene un ministerio de cultura. Y por el otro, tenemos la política cultural asistencialista mexicana que se refleja en un aparato gubernamental de enormes proporciones. Tan descomunal diferencia implica numerosos asuntos comerciales ya que, como se establece, la mayor contribución al PIB nacional viene de las pymes culturales.

Uno de los temas más sensibles para el TLCAN refiere a las importaciones de películas norteamericanas, pues de la mano de los exhibidores mexicanos, tienen prácticamente copado las pantallas disponibles. Hablamos de más de 5,000 que operan las cadenas Cinemex y Cinépolis. A ello hay que sumar no sólo películas, sino la diversidad de emisiones que se ven en los canales de televisión disponibles, tanto en señal abierta como de paga. Otros productos de Estados Unidos que gozan de enorme mercado son los videojuegos, con un valor según PwC de más de 10,000 millones de pesos en el 2016.

Con el registro que se cuenta al 2010, Canadá tiene un PIB cultural de 3.1%, equivalente a 42,000 millones de dólares. Sin datos duros actualizados, se estima que México vende más de lo que compra en bienes y servicios culturales a Canadá.

Debido a la integración del Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte (SCIAN), del conjunto de fracciones arancelarias, de las actividades características y conexas elegidas para la CSC, y de las formas de tributación para empresas multinacionales, resulta imposible determinar el conjunto de bienes, servicios y productos culturales que caracterizan a cada nación. ?Por lo mismo, tenemos grandes tendencias sin el detalle que sería bueno definir.

Agenda de intereses del sector cultural y las definiciones en el TLC

Hay temas y razones para incluir en la mesa de renegociación del tratado el sector cultural. Enumeremos algunos: contenidos en telecomunicaciones, medios audiovisuales como el cine y la televisión, propiedad intelectual y derechos de autor, comercio en Internet, fracciones arancelarias, sistema de clasificación industrial, doble tributación, comercio fronterizo, movilidad de artistas y académicos, medidas compensatorias, dumping/antidumping en servicios y productos, son algunos.

México y Estados Unidos comparten desde la entrada en vigor del tratado, el SCIAN. Por otro lado, en la Octava Parte del tratado, relativa a Otras disposiciones , Capítulo XXI. Excepciones, artículo 2107, Definiciones, se enuncia lo siguiente:

Industrias culturales significa toda persona que lleve a cabo cualquiera de las siguientes actividades:

(a) la publicación, distribución o venta de libros, revistas, publicaciones periódicas o diarios impresos o legibles por medio de máquina, pero no incluye la actividad aislada de impresión ni de composición tipográfica, ni ninguna de las anteriores;

(b) la producción, distribución, venta o exhibición de grabaciones de películas o video;

(c) la producción, distribución, venta o exhibición de grabaciones de música en audio o video;

(d) la publicación, distribución o venta de música impresa o legible por medio de máquina; o

(e) la comunicación por radio en la cual las transmisiones tengan el objeto de ser recibidas por el público en general, así como todas las actividades relacionadas con la radio, televisión y transmisión por cable y los servicios de programación de satélites y redes de transmisión .

Es evidente que, después de 23 años, se tiene que modificar el alcance de estas definiciones, para efectos de los contenidos comerciales.