Hace un par de semanas, Televisa anunció el lanzamiento de su nuevo producto de voz y datos dirigido a negocios, principalmente pequeñas y medianas empresas. Izzi Negocios, como la televisora decidió llamarlo, promete una vez más revolucionar el mercado de voz y datos, como lo hizo en noviembre del año pasado con el mercado residencial. Lo que promete Izzi Negocios a sus usuarios es por sólo 500 pesos al mes, un paquete básico, con Internet de banda ancha con una velocidad de 25 megas; llamadas ilimitadas a teléfonos fijos en todo México, Estados Unidos y Canadá; minutos ilimitados a celulares en Estados Unidos y Canada, y 300 minutos a celulares en todo México, además de dos líneas telefónicas; todo esto sin plazos forzosos.

La estrategia que Televisa está utilizando hasta el momento ha tenido un impacto sumamente positivo en el mercado. De entrada, le ha permitido ampliar su base de suscriptores en las 40 zonas metropolitanas en las cuales está presente; en segundo lugar, ha provocado que otras empresas del ramo ajusten sus precios y condiciones, y tercero, y más importante, está permitiendo que el usuario final se beneficie de mejores precios y mayores opciones en los servicios.

Más allá de una batalla por el mercado o una guerra de precios sin sentido, lo que estamos viviendo en el mercado de las telecomunicaciones, a raíz de los cambios a la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, es el principio de una arena más competitiva en la cual el usuario final debe ser el ganador. Esto a su vez debe fomentar un uso más eficiente de los recursos en la industria y un reparto más equitativo.

Las reformas en torno a esta materia han permitido la entrada al juego de más competidores y más alternativas en la contratación de servicios básicos de voz y datos tanto para hogares como para negocios. En un principio esto suena prometedor e incluso casi increíble, ya que quizás nunca habíamos visto los precios que actualmente se están promocionando. Sin embargo, en la realidad, hasta ahora los beneficios sí están siendo percibidos por los usuarios.

Al promover una economía de mercado con regulaciones más estrictas y con leyes y candados que permitan el desarrollo de una sana competencia, el Estado está ejerciendo una función que a largo plazo debe sentar las bases para una economía más justa y más eficiente. Ahora bien, todo esto suena muy bien desde la óptica de los usuarios, siempre y cuando las estrategias de crecimiento y de la obtención de una mayor participación de mercado sean sostenibles a largo plazo y no pongan en riesgo la supervivencia de las empresas mismas.

Muchos casos de competencia desgarradora se han vivido en distintas industrias que, al pretender quedarse con una mayor rebanada del pastel, acaban dando precios insostenibles que a la larga terminan por llevar a la empresa a la quiebra. Esto, lejos de beneficiar a los usuarios, culmina de nuevo en la creación de monopolios u oligopolios, que atrofian el flujo natural de una economía de mercado.

Si bien el principal paso ya está dado, aún falta mucho por afinar tanto por las autoridades regulatorias como por los participantes del mercado, de tal suerte que todos los participantes ganen.

Lo que está bien probado en otros países con economías más desarrolladas debe aplicarse con confianza pero con la cautela necesaria, tomando en cuenta las condiciones y características del mercado mexicano. En el caso de las reformas a las leyes de telecomunicaciones, se han dado pasos sólidos, sustentados y conducentes a un mejor desempeño de las empresas participantes y un mayor bienestar a los usuarios.

En una economía casi perfecta, el papel del Estado debería ser el de regular la economía de tal forma que la riqueza sea distribuida lo más equitativamente y los ciudadanos sean los beneficiarios.