Un armatoste robótico recorre una y otra vez una superficie oscura de papel estraza. Lleva consigo un reloj de arena con una pequeña fisura desde la que van desprendiéndose los cristales diminutos que se depositan sobre la superficie lisa. El robot está programado para moverse a velocidades minuciosas. Está dibujando. Los cristales acumulados en mayor o menor medida permiten adivinar que se trata de un rostro, cada vez más claro, dibujado por nada más que la arena.

El dispositivo ya fue probado. Está listo para iniciar su marcha este sábado y continuar las 24 horas por una serie indefinida de días. Su encomienda será dibujar los rostros de personas que han perdido la lucha contra la enfermedad Covid-19. Cada proceso podrá ser visualizado a través de una señal en la página del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) o del sitio fueradelreloj.net.

Se trata de la obra La arena fuera del reloj. Memorial a las víctimas de Covid-19, del artista visual Rafael Lozano-Hemmer, por encargo del curador en jefe del museo universitario, Cuauhtémoc Medina.

El duelo efímero en una foto

La pieza trabajará una y otra vez en los rostros de personas perecidas, al tiempo en que México se aproxima a 100,000 muertes por la pandemia, según las cifras oficiales. Pero, ¿qué son las cifras sino frías referencias del dolor de cientos de miles de familias que no han tenido la oportunidad siquiera de ofrecerle solemnes exequias a sus finados?

“En mi entender, los números, los datos, son muy fríos y abstractos. Cuando oímos que en México estamos acercándonos a 100,000 muertes o que en el mundo van más de un millón, es difícil de dimensionar la escala de esta tragedia. Los pronósticos nos decían que este sería el peor de los casos. Y nos encontramos ahí”, reflexiona Lozano-Hemmer al otro lado de la línea, desde Montreal, Canadá, donde vive y trabaja, y desde donde la máquina aguarda a iniciar este propuesto ritual de duelo para los deudos.

Cada dibujo toma un tiempo aproximado de 30 minutos. Cuando la máquina termina el trazo, hace un registro fotográfico del retrato para archivarlo. Luego viene quizás el momento más conmovedor: la plataforma se inclina ligeramente y la gravedad hace que la arena caiga lentamente para ser recuperada por el dispositivo. Junto con ella, el rostro de la persona se diluye. Esa misma arena está lista para crear otro retrato.

Los rostros de las personas ahí plasmados deberán ser propuestos por familiares o allegados, mismos que recibirán una dirección de internet en la que se hará una página personalizada para el homenajeado, con la imagen real, el retrato de arena, el video del proceso y una dedicatoria escrita por los deudos.

“La duración del proyecto hasta ahora no tiene fin. La idea es que dure lo que tenga que durar el duelo. Es un homenaje, una especie de representación ritual que nunca va a suplir un velorio, pero es un mecanismo con el que queremos ayudar a dar paz ante una desaparición prematura. Decía Montaigne que filosofar no es otra que prepararse para morir y yo creo que el arte es parecido a eso. Hacemos arte porque de alguna forma estamos intentando tomar conciencia de que todos vamos a morir y que el tiempo es un tesoro para valorar. Eso nos hace más humildes y ojalá nos haga más solidarios”.

Opina que tanto en México como en Estados Unidos e incluso en Canadá hay una especie de rebelión en contra de los cubrebocas, lo cual califica de decimonónico.

“Desgraciadamente, nuestras autoridades, empezando por nuestros presidentes no dan el ejemplo para tomarnos en serio y evitar tantas muertes prematuras que en realidad son evitables. Por otro lado, en el caso de México estamos ante un país con necesidades económicas brutales. Es fácil decir que hay que quedarse en casa, pero las necesidades económicas priman cualquier otro tipo de preocupación”.

Sugiere que la pandemia debe ser una enseñanza de solidaridad, puesto que la humanidad deberá afrontar un riesgo planetario mucho más grande: el cambio climático que, lamenta, podría convertirse en un verdadero evento de extinción masiva.

“Covid-19 es un ejemplo de cómo la globalización nos puede matar, es una alarma que nos pide que estemos atentos al siguiente problema planetario y atmosférico. Debemos tomar conciencia de la interconexión”, invita.

Rafael Lozano-Hemmer

Artista electrónico. Desarrolla instalaciones interactivas que están en la intersección de la arquitectura y el arte del performance. Su interés principal es crear plataformas de participación pública. Fue el primer artista que representó a México en la Bienal de Venecia, en 2007. Sus exposiciones individuales incluyen el Hirshhorn Museum, Museo de Arte Moderno de San Francisco, la Fundación Telefónica en Madrid y el Museo de Arte Contemporáneo de Sidney. Ha ganado dos BAFTAS de la Academia Británica, un Governor General Award en Canadá, un premio Golden Nica en Austria, un premio Bauhaus en Alemania y un Trophée des Lumières en Francia, entre otros galardones.

ricardo.quirogam@eleconomista.mx