Pregunten a cualquier niño cuál es su superhéroe favorito. Lo más probable es que no diga Batman o Superman, sino que se decante por Ironman, Thor o Spider-Man.

Tan fuerte ha sido la influencia de Marvel Studios, la casa productora, propiedad de Disney, que durante la última década cambió el juego del cine de superhéroes: toda una generación que ama a los héroes de la casa Marvel como los nacidos en los 80 amamos a Batman, o los de los 70 toda la saga de Star Wars. Se han producido 18 cintas sobre los héroes de Marvel y ahora, con Infinity War, llegó el momento de despedir toda una épica.

Por eso es insoslayable ver Avengers: Infinity War. Es un fenómeno cultural fascinante. Cuando la casa Marvel tomó en sus manos el control de las adaptaciones fílmicas de sus cómics, decidió que nunca se quedarían cortos.

Y así, ver las películas de, digamos Thor o Ironman, era como revivir la experiencia de leer una historieta. Me explico: los cómics no sólo están cargados de acción y de humor, sino que también son un juego narrativo por piezas: lo que sucede en una revista tendrá continuidad en el siguiente número, pero también en la próxima edición de otro cómic de otro héroe, desde otro punto de vista.

Ser fan de los cómics es agotador y reconfortante al mismo tiempo. Y es un ejercicio de capitalismo puro.

De hecho, reconfortante y agotadora serían dos adjetivos que le quedan al dedo a Avengers: Infinity War, la cinta en que estos últimos 10 años de cine colapsan. Es como un festival o como sentarse en la recámara a leer una serie de 10 historietas sin atender llamadas, sin ir a comer y saliendo del hoyo apestando a sudor, adrenalina y algo así que podemos llamar infancia perdida.

¿Qué es Infinity War? Es más que una película. Puede que exagere (los críticos también tenemos pulso) pero no por mucho. Es la primera vez que una cinta se atreve a tomar una mitología completa y retratarla en la pantalla. Y sí, por supuesto que vi El señor de los anillos, pero incluso la joya de Peter Jackson se queda corta.

Si no ha visto las cintas de Marvel, de todos modos la cinta es disfrutable. Hay algo sucediendo todo el tiempo. La cinta, dirigida por los hermanos Anthony y Joe Russo, no cae en la trampa fácil de llenar la pantalla de ruido y batallas sin ton ni son sólo para presumir su CGI a la Michael Bay en Transformers. Diría que de hecho la trama de la película es un entretejido de enfrentamientos entre superhéroes que van creciendo en importancia a lo largo de las casi tres horas de duración. Por supuesto hay buenos chistes, Robert Downey Jr. roba cámara todo lo que puede y Thanos, el gran villano de la historia (casi quisiera poner ‘historia’ con h mayúscula pues la narración tiene el vértigo del destino), se echa unos largos discursos que no me sorprendería escucharle a algún politiquillo en campaña.

No contaré nada de la trama: debe ser desvelada por cada espectador a su modo y gozo. Lo único que les diré es que salí de la sala devastada, como después de leer Los hermanos Karamazov: ¿qué se supone que debo hacer ahora con mi vida? Ver Infinity War de nuevo, por supuesto.

¿Ven? El capitalismo es tremendo.

concepcion.moreno@eleconomista.mx