El origen de las 48 obras que componen la exposición Topografías, del maestro pintor Luis Argudín, es en sí mismo una razón para considerar una visita seguramente intimista a la Galería 526, del Seminario de Cultura Mexicana.

Hay una razón cronológica en la composición de las obras de esta serie que tuvo su origen en el 2016. Es preciso asistir a la galería para presenciar eso de lo que Argudín habló para este diario, vía telefónica, so pretexto de la inauguración de la muestra la semana pasada.

Argudín no se queda quieto ni para el autorretrato. Avanza, explora, se asume neófito del estilo, la cromática que intenta domar. Pero no por ello tira por la borda eso que le ha interesado: los cráneos, el retrato, la escultura humana. Él mismo lo reconoce: hay en esta mezcla de lo recurrente y el descubrimiento un guiño a la pintura metafísica de Giorgio de Chirico y Alberto Savinio.

Para lo que a la postre se llamaría Topografías, el artista nacido en la Ciudad de México en 1955 inició trazando líneas, explorando la posibilidad de los planos, los pliegues de las telas y la torsión de sus estampados. Y va sumando cada hallazgo a los bodegones de cráneos y anatomías pétreas características de su obra. Es un paso al vacío que luego encuentra el piso firme. Líneas de manera obsesiva, una tras otra, generando relieves, paisajes, terrenos.

“El origen de la idea y el título surgen de un cuadro de ese mismo nombre. Estos vienen del trabajo que estaba haciendo con las naturalezas muertas, la tela. Los trapos se han usado en la pintura de naturaleza muerta desde siempre por sus pliegues. En el cuadro de 2016, que es el que abre la exposición, hay unas telas blancas rayadas con negro y esos pliegues están generando espacios. En toda la exposición hay mucho de la grisalla”, precisa.

Todavía es posible observar los distintivos cráneos humanos de caballo, rostros, esculturas griegas, que posan sobre telas de rayas que se tuercen con maestría frente al espectador.

“Cuando Picasso y Braque estaban en el cubismo analítico, iban descubriendo cómo jugar con los espacios. Y lo mismo está pasando aquí. La obra está graficando topos. Es un descubrimiento y estoy explorándolo”, reitera.

Lo que wirikuta detonó

Un viaje a Wirikuta (territorio sagrado huichol en San Luis Potosí) y la experiencia del peyote en 2019 empujaron a Argudín a una nueva etapa de su obsesión. Además del relieve, el artista supo que las líneas también podían ser los rayos del sol, la luz desplegándose por sobre las formas orgánicas. Y así, los bodegones craneales y pétreos dieron paso a los grandes formatos de cuadros, con paisajes donde predomina la línea de horizontes, los rayos concéntricos, la monocromía y los valles de cactus.

“Fueron 20 días de estar viajando en varios sentidos, porque el chiste es la transformación de la consciencia. Y aquí también: las rayas con el peyote se vuelven absolutamente reales. No sé si has notado que cuando los rayos de luz se asoman por detrás de las nubes, de repente puedes verlos. Son rayas de luz. Y aquí, las líneas que estoy haciendo se convierten en rayos  que se transforman en el cielo y la tierra. Estoy trenzando paisajes”, explica.

De esta experiencia se desprende más de una veintena de vistas de gran formato, donde predominan las líneas de horizonte, los rayos apoderándose del cielo y el terreno, de luz y sombra. Más tarde en esta exploración, Argudín introdujo piedras de la ceremonia del peyote que, poco a poco fueron tomando formas extrañas, hasta, de nueva cuenta, volverse manos, pies y cráneos.

Esta última etapa es la suma de todos los procesos de Argudín puestos sobre el lienzo. Todo el proceso está expuesto en Topografías.

Topografías

• Luis Argudín

• Galería 526

• Seminario de Cultura Mexicana

• Av. Presidente Masaryk 526, Polanco

• Entrada gratuita. De martes a domingo, 11:00 a 16:30 horas

• Uso de cubrebocas obligatorio

• Vigente hasta el 24 de enero

¿Quién es Luis Argudín?

Estudió artes visuales en Inglaterra de 1974 a 1979 y una maestría en Estética y Teoría del Arte en la Universidad de Essex (1980). Como pintor sus reconocimientos incluyen el premio de adquisición en el Salón Nacional de Pintura de 1987 y en la Cuarta Bienal Rufino Tamayo de 1988. Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de 2001 a 2006 y reingresó en el 2011, 2015 y 2020. Ha presentado más de cuarenta exposiciones individuales en recintos como el Museo del Palacio de Bellas Artes, el Museo Carrillo Gil, el Museo José Luis Cuevas y el Museo Universitario del Chopo. Ha sido profesor de La Esmeralda, Casa Lamm y el Tecnológico de Monterrey.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx