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La poesía que más extrañaremos de David Huerta
El poeta, ganador del Premio Xavier Villaurrutia, el Premio Nacional de Ciencias y Artes, y el Premio FIL de Literatura, falleció este lunes a seis días de cumplir 73 años de edad.

Hijo del poeta Efraín Huerta, David Huerta nació en la Ciudad de México el 8 de octubre de 1949. Foto EE: Cortesía FIL de Guadalajara
“No hubo piedad para la luz/ en lo más hondo de la desesperanza/ dolía esa tarde de miedo”.
Es la primera estrofa del poema “Testimonio”, que el fallecido bardo David Huerta publicó en 1972, a los 22 años, en el poemario “El jardín de la luz”, editado por la UNAM con el apadrinamiento —Huerta mismo lo reconoció así— de Rubén Bonifaz Nuño y Jesús Arellano.
En este poema, David Huerta (Ciudad de México, 8 de octubre de 1949) vertió su frustración por la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968. Pero no fue la última en la que buscó dejar en palabras ese horror imborrable que borró los rostros de una generación, mas no sus ganas de denuncia.
Más tarde, en 1977, Huerta escribió el poema “Nueve años después. Un poema fechado”, que se incluyó en el libro “Versión” (FCE), a la postre Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores, con una portada de Vicente Rojo. Léanse un par de estrofas.
“Yo me moví hacia afuera de la plaza, mi boca estaba quemada por los recuerdos, / y mi sangre estaba fresca y luciente como un anillo continuo/ en el interior de mi cuerpo absolutamente vivo. Pues me movía/ hacia afuera de la plaza, entero y respirando”.
“Respiraba imágenes y desde entonces todas esas imágenes me visitan en sueños, / rompiéndolo todo, como caballos delirantes”.
En un texto publicado por el autor en 2018 en el Periódico de Poesía, de la UNAM, Huerta explicó que colocó ese poema al interior de “Versión” y decidió dividirlo por una portadilla interior por consejo de Alí Chumacero, quien fue su mentor en los menesteres editoriales mientras Huerta trabajó en el Fondo de Cultura Económica.
Huerta explicó que en “Nueve años después”, “las víctimas son los heridos y los muertos, y quien habla pone de resalto, sobre todo, su condición de sobreviviente (…) me propuse escribir un poema en primera persona. Yo sería el protagonista del poema. Yo es quien ha estado en la plaza y ha salido de ella tremendamente aturdido por el ruido, la sangre, los gritos, el desconcierto”.
Espejo de todo contrapoder
Iguala, 26 de septiembre de 2014. Otra tragedia, una que debe resistir a las muchas que han quedado sepultadas por las inconmensurables matanzas y desapariciones de nuestro México.
Una parte del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca fue intervenida con un poema de David Huerta, “Ayotzinapa”, fechado el 2 de noviembre de 2014, el Día de Muertos. Una estrofa:
“Esto es el país de las fosas/ Señoras y señores/ Este es el país de los aullidos/ Este es el país de los niños en llamas/ Este es el país de las mujeres martirizadas/ Este es el país que ayer apenas existía/ Y ahora no se sabe dónde quedó”.
Cinco años después, durante su discurso de recepción del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2019, David Huerta inició: “en casi 30 años de existencia, este premio ha sido otorgado a nueve poetas y solamente hoy a un poeta nacido en estos valles y llanuras, en estos lugares empapados en lágrimas y sangre, que forman el país llamado México”.
Más adelante, haciendo una paráfrasis de un extracto de “Días hábiles” de Teresa González Arce, Huerta construyó el texto “El mejor poema del mundo”.
“El poema es de una diversidad vertiginosa. El opuesto perfecto del obtuso, lerdo y estéril monólogo del poder. Por eso es importante la poesía, espejo de todo contrapoder. Sócrates decía que la vida en las ciudades era preferible a la vida en el campo porque nos permite ver continuamente el rostro de nuestros hermanos, un rostro que la degradación de la violencia puede, literalmente, arrancarnos. Así quedó, desfigurado y sin rostro, el cuerpo exánime de Julio César Mondragón, la noche del 26 de septiembre de 2014 en la ciudad de Iguala (…) una joven, pariente de Julio César, nos explicó la vida que llevaban en esa familia desde 2014 y lo dijo con una frase que recordaré hasta el final de mis días: ‘vivimos desde entonces en el mundo del dolor’”.
La voz de David Huerta será una huella indeleble, un bien despojado en la vida pública, en las luchas sociales, en la marcha de las palabras que claman por justicia inmersas en el mundo del dolor.
En su obra, el poeta plasmó sus memorias sobre los días trágicos de la matanza de Tlatelolco y también escribió un poema por la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. La poesía es espejo del contrapoder, dijo al recibir el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances.
Algunas obras fundamentales de David Huerta
- El jardín de la luz (1972)
- Incurable (1987)
- Historia (1990)
- Cuaderno de noviembre (1992)
- Versión (2005)
- Premios destacados:
- Premio Iberoamericano Bellas Artes de Poesía Carlos Pellicer para Obra Publicada 1990
- Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2006
- Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de Lingüística y Literatura 2015
- Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2019
Escucha aquí la poesía en voz de David Huerta: https://bit.ly/2Vw1yEs
ricardo.quiroga@eleconomista.mx
kg