Gran parte del tercer piso del Museo de Arte Carrillo Gil (MACG)está ocupado por un hipopótamo durmiente. Su cuerpo de barro está agrietado. Una mujer joven está sentada sobre su lomo leyendo un periódico. Luce completamente concentrada. No se distrae con los comentarios de los visitantes que alrededor se toman fotografías frente a la pieza ni por las interacciones del personal de seguridad en el edificio.

Alrededor de la escultura hay un sinfín de páginas de periódicos de todas las casas editoriales, secciones y suplementos. Están esparcidos por toda la sala de exposición y han sido leídos por alguno de los performers que integran el proyecto “Hope Hippo”, una pieza que Jennifer Allora (Estados Unidos, 1974) y Guillermo Calzada (Cuba, 1971) presentaron en el 2005, durante la 51ª Bienal de Venecia, y que ya se ha exhibido en museos de Estados Unidos, Francia, Grecia y Barcelona.

La misión de los performers, quienes se turnan en promedio cada 50 minutos para continuar las lecturas, es hallar la palabra “corrupción” y una vez que dan con ella, tienen el encargo de hacer sonar un silbato que llevan colgado al cuello. En cada uno de los países se ha elegido una palabra distinta para buscar, de acuerdo con su contexto social y político.

Una de las páginas regadas sobre el piso contiene una nota del 6 de julio. Denuncia los presuntos actos de corrupción de las autoridades en el municipio mexiquense de Tultepec para permitir la venta y fabricación clandestina de artículos de pirotecnia, lo cual ha derivado en constantes explosiones que han cobrado la vida de decenas de personas. Seguramente aquel viernes, esa nota accionó el silbato que alertó a los visitantes del museo.

La pieza es un contradiscurso sobre la heroicidad de las esculturas urbanas de caballos y los próceres que los cabalgan que, conforme va pasando el tiempo, van en detrimento hasta quedar reducidas a inadvertidos elementos decorativos de los paisajes urbanos.

El sonido de los silbatos es frecuente. Una y otra vez el estruendo alerta a los visitantes de todos los pisos del museo. No importa cuántas veces lo hayan escuchado, en cada una se ven sorprendidos y vuelven la mirada hacia la pieza. Así nunca pasa inadvertida.

Es un performance que tiene algo de hipnótico: invita al espectador a trascender la propuesta plástica para incorporar la reflexión.

Una revisión

De frente al “Hope Hippo”, los curadores del museo quisieron aprovechar la coyuntura para exponer los artefactos subordinados. Objeto, cuerpo y acción en la colección MACG, una revisión de las activaciones que se han llevado dentro y fuera del recinto a lo largo de los años, como aquella vez que el artista Gustavo Artigas atravesó el muro del recinto a bordo de una motocicleta, misma que se ha convertido ya en un objeto de naturaleza escultórica o cuando Héctor Zamora construyó todo un complejo habitable de lámina y madera en el exterior del Carrillo Gil para el proyecto Paracaidista av. Revolución 1608 bis; entre otros proyectos que fueron registrados en documentos, fotografías y videos que cohabitarán con el “Hope Hippo” hasta el próximo 16 de septiembre.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx