Estamos a punto de celebrar un siglo de nuestra Carta Magna, la Constitución. Ya hablaremos la semana que viene sobre aquel Congreso constituyente, aquel nacimiento de nuestra ley mayor.

Hoy vamos a hablar de los diputados. Por supuesto, no pueden hacerlo solos, pero de ellos es de donde salen más iniciativas para enmiendas.

Las famosas iniciativas cambian de época. Mientras que en los 80 abundaban los dipus que querían hacer de México un país sudoroso y atlético con iniciativas a la hoy llamada ley de cultura física y deporte; hoy a los legisladores les preocupan temas como el desarrollo de los pueblos indígenas, el cambio climático y, sí, el deporte. No son lentos nuestros legisladores, les gustan los temas llamativos y le sacatean a asuntos menos flashy, pero más importantes.

Un día en la Cámara Baja es variopinto, sui géneris. Todo mundo tiene prisa, pero parece que no hace nada. Es un trabajo intangible. Hay mucho estrés, poco tiempo para comer y todo mundo tiene gastritis. Les pagan bien y nos gusta decirles rateros pero muchos de los 500 legisladores que conforman nuestra Cámara Baja sí trabajan.

En la foto que hoy nos entrega el Archivo Gustavo Casasola vemos el proyecto del actual Palacio Legislativo, luego de que la sede de Donceles se quemara.

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