El grito se escuchó fuerte y claro por los altoparlantes del teatro Diana: ¡Eeeeeey familia! . Los aplausos subieron su volumen y, junto con ellos, los gritos. Jaime López estaba sobre el escenario para contar el danzón tarareado medio platicado que sirvió para abrir uno de los conciertos más esperados de la Feria Internacional de la Música de Guadalajara. ¿Por qué de los más esperados? Porque el anuncio prometía poner sobre el escenario al compositor tamaulipeco junto con los integrantes de su nuevo proyecto: la Chilanga Banda, integrada en su mayoría por los músicos de Café Tacuba. Y la expectativa fue respondida con creces.

Para continuar con el toque marcado desde la inauguración, el concierto comenzó con 20 minutos de retraso. Durante ese tiempo, pasaron varias cosas. A saber: la gente fue llegando a cuentagotas; fue tan poca, que se dio la orden de reacomodar a los asistentes, apenas suficientes para llenar la primera parte de la planta baja del teatro Diana (es decir, cerca de 500 personas de las poco más de dos mil que le caben al recinto); entre el público, Sax, de Maldita Vecindad, se tomó todas las fotos que le pidieron. La impaciencia fue creciendo hasta que López apareció sobre el escenario y, acompañado únicamente por la potencia de su voz, comenzó el concierto con Lo que te voy a contar . Después, marcó lo que sería la dinámica de toda la noche: sumar elementos. Más y más elementos: a su voz, primero agregó la guitarra y la armónica para ejecutar Hechicera y desgranar una serie de temas entre los que desfilaron Malafacha , ¿Qué onda, ese? , Cero 39 y Tres metros bajo tierra . Entusiasta, el público respondió con gritos y aplausos a Jaime López durante esta primera parte del concierto. Este proyecto es una idea de Joselo, pero se me ocurrió autotelonear porque, narcicismos aparte, siempre es bueno salir a cascarear , dijo Jaime López antes de empezar a abrir, poco a poco, la caja de Pandora.

Vino la siguiente suma: Andrea Balenci al acordeón, Quique Rangel al bajo. Aquí empieza la noche de verdad , profetizó Jaime. Arando el aire fue el preámbulo para que luego llegara Luis Ledezma a la batería para ofrecer una versión de Caite cadáver que empezó a sacudir los ánimos de la gente, pero no lo suficiente para ponerla de pie. Siguieron las adhesiones: Ramiro del Real y Joselo Rangel tomaron sus guitarras y el líder dio la orden: Vamos con una que nos sepamos todos . Y entonces fue turno de Corazón de cacto , que antecedió al primer clímax de la noche: Rubén Albarrán entró al escenario para cantar con Jaime López Por cigarros a Hong Kong .

Todavía con la gente entregada en aplausos y gritos, Meme del Real tomó su lugar en los teclados. La Chilanga Banda estaba completa. Y tenía la noche por delante.

Ya con la alineación en su lugar, vino uno de los temas más coreados: A la orilla de la carretera , que luego dio pie a Ay, ay, asústame . Regresó Rubén Albarrán al escenario para dos cosas: invitar a la gente a bailar y cantar El mequetrefe , canción en la que Meme y Luis Ledezma dieron una cátedra de cómo tocar la batería a cuatro manos. ¡Él debería de estar cantando todas! , dijo Jaime López señalando a Albarrán, quien de cualquier modo abandonó el escenario. Lo que no abandonó el lugar fue el entusiasmo de la gente. Si desde el principio del concierto ya estaba entregada, Me siento bien pero me siento mal vino a reafirmar el lazo y La primera calle de la soledad convirtió aquello en una apoteosis que tuvo su clímax en la que era la última canción: Chilanga banda , con Rubén Albarrán saltando y bailando sobre el escenario, lo mismo que el público que ahora sí se puso de pie para pegar de brincos.

La gente quería más. Y Jaime López les dio más: regresó para, acompañado por su guitarra, cantar uno de sus temas bandera: Sácalo . Poco a poco se fueron integrando de nueva cuenta los miembros de la Chilanga Banda hasta que el compositor dio su bendición al público: Podéis iros en paz, la misa ha terminado .

Acabó la canción, prendieron las luces, la gente empezó a salir del foro, el staff a recoger los cables. Pero ahora el que quería más era López, quien regresó con su guitarra y aprovechó la presencia de Javier Martín del Campo, el Javis de La Revolución de Emiliano Zapata, para ofrecer una versión a dos guitarras de Maldito celular . Resultó que también la Chilanga Banda quería más. Necesitamos que estén todos para terminar como empezamos , dijo Jaime López y sus colegas obedecieron.

Tú no tienes Facebook, tú no tienes Twitter, tú no tienes MySpace , improvisó Rubén Albarrán y Jaime López contraatacó con Óyeme cabrón, hijo de tu pinche madre , que terminó convirtiéndose en el broche de oro perfecto para una noche memorable.

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