A Fulanito y a zutanita les está yendo muy mal. Él perdió el trabajo y ella gana muy poco, por lo que tuvo que ir a empeñar sus alhajas . Ésta es quizá una de las referencias más comunes que se tienen sobre el ?Monte de Piedad. Pero detrás de esta historia existen muchas más que se han ido acumulando a lo largo de un par de siglos desde que la institución abrió sus puertas en 1775.

Una de las historias más populares en la institución corre a cargo de su fundador: Cuentan que cuando una persona necesitada pedía limosna al conde de Regla, don Pedro Romero de Terreros, allá por el siglo XVIII, éste lo hacía pasar a su escritorio, donde tenía un mueble con gran número de cajones. Unos tenían monedas de oro; otros, de plata, y los demás estaban vacíos.

Acto seguido, el conde invitaba al solicitante a abrir uno de sus cajones, y si resultaba que le atinaba a uno que tenía las monedas, le regalaba todo su contenido. Pero, si había uno vacío, el susodicho no recibía nada, pues ésa era la voluntad de Dios.

El tema del empeño tiene una connotación negativa , nos dice Luis Enrique Padilla, subdirector de Operación de Nacional Monte de Piedad, es algo en lo que seguimos trabajando. La estadística nos dice algo distinto, no sólo es para el sector más necesitado. Tenemos todo tipo de clientes y para todos los sectores de la población.

Una de las ventajas de Nacional Monte de Piedad es la inmediatez para adquirir un préstamo. En un banco normalmente no es un trámite de un día; debes cumplir ciertos requisitos. Con nosotros es rápido porque tenemos la prenda en garantía , comenta Padilla, quien además enfatiza que la tasa de interés puede llegar a ser menor que muchas tarjetas de crédito; además de que hay que comenzar a pagar después del quinto mes.

De las personas que acuden a empeñar algún objeto, nueve de cada 10 lo recuperan. Así que prácticamente 10% de los artículos llega a la tienda del Monte de Piedad para su venta.

Cuenta la historia que a finales de la Revolución Mexicana llegaron al Monte de Piedad dos sillones cuya única particularidad giraba en torno a su peso: eran sumamente pesados. Dichos muebles formaban parte de una herencia. Se cree que, por su mismo peso, nunca fueron recuperados, pues costaba mucho trabajo moverlos de un lado a otro, por lo que pasaron a ser parte de la mercancía que la institución pone en venta cuando la gente no recupera sus artículos.

En algún momento, una persona llegó a la tienda y se interesó en uno de los sillones. Se lo llevó a casa y se dispuso a retapizarlo. Cuál sería su sorpresa cuando al comenzar con este proceso descubrió que el sillón está repleto de centenarios. Ni tardo ni perezoso, regresó al Monte de Piedad por el otro sillón, pero éste ya se había vendido a otra persona.

La gran mayoría de las prendas tiene un valor incalculable por el valor sentimental que cada quien le da a sus cosas. No hay forma de estimarlo , comenta Luis Enrique Padilla. Lo que nos lleva a la siguiente anécdota: A mediados del siglo XX un anciano fue a empeñar el único objeto de valor que poseía: un violín. Aquel hombre temía que el tiempo y el desuso maltrataran su instrumento y pidió como concesión especial que se le permitiera ir todos los días al depósito para rasgar las cuerdas del violín. Desde entonces, y por mucho tiempo, los empleados del Monte gozaron de un recital diario que sólo duraba cinco minutos .

Por ese valor sentimental a los objetos, ahora la institución ya no hace préstamos a la prenda , sino que evalúa el comportamiento del cliente. De ahí su lema: Empeña más, recupera más y te prestamos más . ?Al respecto, Luis Enrique Padilla nos cuenta lo siguiente: Hace algunos años empezamos a evaluar el comportamiento del cliente. Hace cinco años prestábamos 50% de la prenda, luego, 65 por ciento.

Hoy día tiene el derecho de que le prestemos un porcentaje mayor sobre el avalúo de la prenda. Nuestros mejores clientes pueden recibir hasta 97% del valor del artículo, porque sabemos que van a recuperar sus cosas porque tiene una historia que avala su comportamiento .

La demasía

A principios del siglo XX un par de ancianas fue a empeñar dos cuadros que habían sido herencia de sus abuelos. Por ellos recibieron 25 pesos. Desgraciadamente no pudieron reunir esa suma, así que las obras fueron puestas a remate. Sin embargo, las ofertas fueron creciendo y creciendo, de tal manera que las pinturas alcanzaron un valor de 12,000 pesos y fueron vendidas. Las dos obras resultaron ser de la autoría de Murillo. Las mujeres que los empeñaron recibieron las demasías por la diferencia entre el préstamo y el importe de la venta de los cuadros.

Luis Enrique Padilla explica la demasía: Cuando vendemos un artículo, del precio de venta que tenemos descontamos el préstamo, más los intereses, más el cargo moratorio. Si existe un diferencial contra el precio de la prenda, pues ese diferencial es del dueño o de la persona que empeñó la prenda, no se lo queda el Monte Piedad ?porque no es ese nuestro negocio. Lo que generamos como remanente lo acabamos otorgando en inversión social en distintas instituciones de asistencia privada. El Nacional Monte de Piedad está constituido como una institución de asistencia privada .

Orígenes del Monte de Piedad

Pedro Romero de Terreros era un hombre de negocios que se dedicó a la explotación de minas y haciendas en la época de la colonia, sin embargo, también era conocido por sus labores filantrópicas. Durante sus días en la Nueva España vio la imperiosa necesidad de una institución que ayudara a la gente necesitada para así salvarla de agiotistas y usureros, y de paso que sirviera para hacer sufragios por las almas del purgatorio, es decir, cumplir con una función de piedad con la que la labor de beneficencia estuviera completa . (Piedad, N. M., Nacional Monte de Piedad 1775 – 2012, ed. Landucci, 2012).

En Madrid había una institución de este tipo, así que el conde de Regla deseaba algo similar para la Nueva España. Y así fue: en 1775 abrió sus puertas el Sacro y Real Monte de Piedad de Ánimas.

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