Ana Estuardo fue reina de Inglaterra, Escocia e Irlanda de 1702 a enero de 1707. En ese último año, a partir de la unificación de Inglaterra y Escocia bajo una sola monarquía, y hasta su muerte, en agosto de 1714, Ana fungió como la primera reina en la historia de la Gran Bretaña.

Murió sin descendencia. Su historia de vida estuvo marcada por la pérdida. Se embarazó en 19 ocasiones. Tuvo dos abortos y vio morir a sus otros 17 hijos, la mayoría al poco tiempo de nacer, cuatro de ellos antes de cumplir los dos años y uno más a la edad de 11, a causa de una hidrocefalia derivada del lupus no diagnosticado que padecía su madre.

La biografía de Ana de Gran Bretaña tiene momentos singulares y polémicos que garantizaron la trascendencia de su figura a través de los siglos. Uno de ellos fue el periodo en el que el Palacio de Kensington, residencia de la soberana, fue escenario de un polémico conflicto de privilegios entre dos mujeres de la corte real inglesa: Sarah Churchill, la áspera duquesa de Marlborough, amiga de años de la reina y su supuesta amante, y la persuasiva dama de alcoba Abigail Hill, convertida por su astucia en baronesa de Masham.

Esa es la historia que, a lo largo de casi 120 minutos, aborda la cinta La favorita (The Favourite), que fue dirigida por el realizador griego Yorgos Lanthimos y este fin de semana se estrenó en salas del país; misma que se perfila como una de las más serias contendientes de los premios Oscar con 10 nominaciones, incluyendo las categorías de Mejor película, Mejor director, Mejor actriz, para Olivia Colman, quien encarna a la reina Ana, y Mejor actriz de reparto, por partida doble, para Rachel Weisz (Sarah) y Emma Stone (Abigail).

Basada libremente en los hechos reales y los escándalos que orbitaron la figura de la primera reina de Gran Bretaña a principios del siglo XVIII, la narración de La favorita está fraccionada en ocho episodios que dan detalle de las artimañas políticas de dormitorio, la manipulación del poder, las uniones maritales por conveniencia, las traiciones correspondidas y del lucro con la tragedia de la soberana.

Intrigas de alcoba

La simpática y habilidosa joven Abigail Hill, cuya familia alguna vez fue acomodada, pero lo perdió todo por el mal uso de los recursos, llega al Palacio de Kensington para ofrecer sus servicios como parte del personal de limpieza. Pero no demora en hacerse nombrar como damisela de la duquesa de Marlborough, Sarah Churchill, quien además es su prima.

La salud de la reina, cada vez más mermada por la enfermedad de la gota que la mantiene relegada en su cama la mayor parte del tiempo, ha facilitado a Abigail (una mujer de toda la confianza de la reina, con quien también suele tener encuentros sexuales) tomar decisiones de primer orden sobre el conflicto armado contra Francia, el cual, por cierto, comanda su esposo, el duque de Marlborough.

A pesar de que la corte de la reina coincide en buscar la paz con la corona francesa, la postura de la duquesa es tajante: seguir con la guerra incluso si ésta tiene que tomar la vida de su esposo. Está convencida de que por sus decisiones hay un precio que pagar y está dispuesta a pagarlo.

Sarah está facultada para entrar en la habitación de la reina cuando le venga en gana. Finalmente es su favorita. En la alcoba real, además de la complacencia mutua, ambas sostienen conversaciones sobre la guerra, muchas de ellas persuasivas por parte de la duquesa buscando el favor de la reina.

Esa proximidad entre Sarah y Ana de Gran Bretaña permite a Abigail hacerse de la simpatía de la monarca casi de inmediato. Comparte con ella cada vez más tiempo, le ofrece remedios efectivos para sus dolencias, la pone de pie y la hace bailar, la escucha confesarse por la pérdida de sus 17 hijos. Todo eso comienza, poco a poco, a inclinar la balanza del favoritismo hacia Abigail, una preferencia que de principio parece inocente, pero que se va torciendo cuando esta inclinación de confianza comienza a jugar en contra de los intereses personales y las decisiones militares de la duquesa de Marlborough, quien finalmente decide despedir a Abigail como su doncella para proteger sus ambiciones.

Es por ese motivo que la hasta entonces desinteresada de Abigail Hill decide comenzar un embate maquiavélico que va relegando a su prima de la protección de la reina y, en cambio, logra convertirla a ella misma en la nueva favorita, tanto así que es contratada como dama de alcoba.

En ese impasse, Abigail logra persuadir a la soberana para que la case en secreto con el barón Samuel Masham, con lo cual la ahora baronesa Masham recupera oficialmente el tan anhelado estatus social y obtiene el poder suficiente como para denigrar todavía más el estatus de su prima. Pero no todo resultará perfecto en sus planes.

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