La tarde de este lunes, investigadores y trabajadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), así como miembros de la comunidad cultural, firmaron e hicieron llegar una carta al presidente Andrés Manuel López Obrador para solicitarle exentar al  INAH del decreto presidencial, emitido el 23 de abril, que ordena no ejercer 75% de algunas partidas asignadas en las dependencias y entidades de la administración pública federal.

En el contexto de la presentación de la misiva ante autoridades del Ejecutivo, en la se expone la precarización sistémica del INAH a lo largo de los sexenios y las implicaciones negativas por la reserva, en esta administración, de los recursos presupuestales en términos laborales y de ejecución de tareas sustantivas que históricamente ha cumplido el INAH, entre ellas, las de investigación, conservación y difusión del patrimonio arqueológico e histórico del país, El Economista consultó a los escritores Margo Glantz y Juan Villoro, quienes han vinculado su trabajo creativo con la historia patrimonial mexicana y se han comprometido con su defensa.

En entrevista telefónica, Glantz advirtió que la reducción del 75% del presupuesto derivará en el descuido, por falta de operatividad, de los sitios arqueológicos y del tesoro cultural que resguarda el INAH, así como en la pérdida de ingresos económicos al Estado.

“Me parece que bajar el presupuesto al INAH es poner en peligro el patrimonio histórico nacional y, al mismo tiempo, entre muchas otras cosas graves que puede ocasionar eso, sería un detrimento para algo que es muy importante para el país: el ingreso de divisas para el turismo”, explicó la investigadora.

De acuerdo con lo dado a conocer el año pasado a este diario por el antropólogo Diego Prieto, director del INAH, los ingresos autogenerados del instituto (es decir, entradas a zonas arqueológicas y museos y pago de derechos) equivalen a la quinta parte del costo de operación anual del toda la dependencia y 14% de los visitantes extranjeros en el país, que en 2018 dejaron una derrama económica general de 2,500 millones de dólares, acudieron a un museo o zona arqueológica a cargo del INAH.

“Si uno va a otros países”, agregó Glantz, “donde tienen una herencia colonial o prehispánica importantísima, se da uno cuenta de la importancia que ha tenido la creación de estructuras fundamentales para la sobrevivencia de nuestras culturas ancestrales”.

Es prueba de un gobierno conservador: Villoro

Por su parte, el escritor Juan Villoro, explicó que la importancia del INAH es tal, que a través de su labor el pasado mexicano no se está quieto, se sigue reinterpretando y cambia la visión que tenemos sobre él. Hizo apenas un esbozo de la cadena de trabajadores que dependen de la acción del instituto, desde arqueólogos, etnólogos, antropólogos, historiadores, lingüistas, restauradores y epigrafistas, hasta guías turísticos, custodios y personal administrativo.

“No es exagerado decir que la puerta cultural de México hacia el mundo es el INAH y esto significa que representa nuestra identidad y nuestra tradición. No apoyarlo es como negar lo que somos. Además, el INAH requiere de dinero porque todo el mundo sabe que la conservación de los edificios es muy costosa, pero además porque el pasado no es una zona clausurada que ya se investigó por completo, sino que sigue dando sorpresas y produciendo novedades. No darle dinero es cortarle la puerta a lo que hemos sido. Prescindir de esto quiere decir que nos estamos quitando la identidad”, opinó.

Añadió que con acciones de recorte presupuestal a cultura y ciencia “se muestra un enorme desprecio hacia la cultura, el conocimiento y la educación que, me parece, es muy pernicioso y, por supuesto, es una prueba más de que estamos ante un gobierno conservador. Ojalá se recapacite y estos recortes den marcha atrás, porque, además, no hay mucha claridad de para qué se va a usar ese dinero. Es una afrenta particularmente grave a todos los mexicanos de hoy, pero también a todos los mexicanos que estuvieron antes que nosotros y todos aquellos que merecen ese nombre. Si México no puede ser digno de su historia, tenemos que preguntarnos para qué existe”.

Margo Glantz ya se ha expresado en sus redes sociales en defensa del presupuesto del INAH. A lo largo de los años ha colaborado en coloquios y emisiones documentales producidas por el INAH. Por su parte, Juan Villoro es autor de una vasta literatura que hace constantes evocaciones de nuestro pasado cultural y en 2012 encabezó la serie documental Piedras que hablan, una coproducción del INAH y Canal 22, en las que Villoro realizó 13 recorridos por distintas zonas arqueológicas del país .

ricardo.quiroga@eleconomista.mx