En estos días en los que la discusión pública se ha centrado en una saqueadora de tumbas e intelectuales que hablan con los muertos, la exposición Simetrías, de Francisco Castro Leñero, se antoja como un oasis, un goce estético sin escándalos ni estridencias, una inversión segura en el polarizado mundo del arte contemporáneo.

Esto no quiere decir que Castro Leñero no arriesgue en su apuesta pictórica reciente; por el contrario: sin perder el estilo que lo define sus ya famosos tableros ajedrecísticos, asimétricos , ahora juega con la curva y el semicírculo hasta llegar a la mandala, cuyo centro representa el universo emplazado en una superficie cuadrangular.

La abstracción ajedrecística de Francisco Castro Leñero sigue siendo abstracción ajedrecística, sólo que poblada de más elementos, de más movimiento, lo que le resta racionalidad a sus obras a la vez que le suma emoción a cada pieza, pues los caballos de sus nuevos tableros, con saltos de 45 grados, le dan una profundidad a una pintura de por sí compleja.

Castro Leñero no es de esos artistas que, con su obra, se vaya haciendo preguntas; eso, en todo caso, es trabajo del filósofo. Tampoco considera que el proceso de creación sea artístico en sí; ello, más bien, sería terreno del crítico de arte. Para este artista el objeto de la pintura es el propio objeto que se expone, con su espacialidad, cuerpo, tono, textura y a partir de esa dimensión establece un diálogo con el público.

En Simetrías, curiosamente, Francisco Castro Leñero presenta acrílicos sobre tela, sobre madera y grabados en papel, en formato medio, propuestas que, si bien son asimétricas en su parte formal, se posicionan como simétricas en su fondo conceptual, en donde nada es lo que parece.

El origen de esta exposición, por ejemplo, fue una carpeta de grabados que el artista hizo en Aguascalientes con el impresor José Luis Quiroz, de sólo 20 piezas numeradas y firmadas por el autor, que incluye poemas de Nezahualcóyotl, lo que, a la postre, sirvió de semilla para una obra que no se puede decir que sea mexicanista pese a la nacionalidad de Castro Leñero , pues en ella no se reconocen los colores llamados mexicanos ni las grecas prehispánicas ni los temas que imitan las figuraciones de Francisco Toledo.

Así, aunque las carpetas son bellísimas, cada grabado, al igual que cada pintura de la exhibición, se puede disfrutar por sí mismo, no necesita más referente que la propia lectura de la pieza en un discurso en el que el artista, cuya paleta se inclina por la sobriedad en el color, la elegancia en el trazo, la manufactura a flor de tela, el desplazamiento de tonos, juega con una constante resignificación armónica del espacio.

La obra de Francisco Castro Leñero implica, sí, complicidad, imaginación, inteligencia, apertura, gusto por la repetición irrepetible, por el ritmo, música que deleita la perceptiva visual, discursos estructurales en estado puro, y dejarse llevar por una belleza móvil y lúdica hasta sus últimas consecuencias.

Simetrías se presenta en la Galería de Arte Mexicano (GAM), gobernador Rafael Rebollar 43, San Miguel Chapultepec, CDMX.