El Príncipe de Galapagar, José Tomás, imán de taquilla de La México que provocó el lleno como hacía mucho no lo había, tuvo una tarde cuesta arriba en la que sobresalió su entrega, pundonor y misticismo. El torero español realizó un par de faenas en las que su conocimiento de los terrenos, su temple, suavidad y trasmisión, hicieron corear a los más de 40,000 asistentes ayer en la plaza México.