Se oye un spot en las estaciones de radio que nos invita a que pongamos atención en el escudo de nuestra bandera. Dice el locutor que está hecho a mano, como se hace todo lo importante.

Algo así.

Por mi parte, pienso en los puestos de banderitas, matracas y trompetas que se ven en las calles cada septiembre. Esas banderas no están hechas a mano, pero implican el trabajo de varias comunidades (sobre todo en el Estado de México; supongo que varios estados venderán de otros lugares) que viven de esa vendimia de cada año que cada vez es más pobre.

¿Será que los mexicanos estamos perdiendo el amor por nuestro lábaro patrio y su cántico marcial (en la primaria yo cantaba su canto y comercial )?

Creo que, más bien, estamos pasando por una época de cambio en nuestra relación con la patria. Recuerdo a un amigo gay que hace unos años respondía a las críticas del desfile de la diversidad sexual: Si ahí tienen su día del buga cada 15 de septiembre .

En México cada vez se discute más sobre los roles de género, cada vez se habla más de la xenofobia y, excepto cuando juega la selección, cada vez cuestionamos más eso que unos llaman patriotismo y yo llamo simple y llano nacionalismo pitero.

Dicen que en el panorama del mundo estamos pasando por un momento parecido al siglo XIX, en especial en la era del colonialismo y el nacionalismo. Me parece de lo más sano que en ese concierto de las naciones México disienta. Que seamos el país cosmopolita y abierto a refugiados que hemos sido en varios momentos de nuestra historia. Que eso signifique el lábaro patrio.

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