Como parte de las actividades del séptimo Festival Internacional de Circo Periplo, que se desarrolla en Guadalajara, Jalisco, del 29 de junio al 7 de julio, y como su única actividad desconcentrada, el especialista y escritor de artes circenses, español de origen estadounidense Donald B. Lehn, ofreció este martes una conferencia, más a modo de clase magistral, en el Centro Cultural de España en México, donde compartió sus saberes como testigo de la evolución de esta especialidad disciplinaria de las artes escénicas que, a su decir, es la que más público ha captado a los largo de los siglos.

El también director de la Escuela de Circo Carampa de Madrid, uno de los platos fuertes del festival, explicó la evolución del arte circense desde su nacimiento, en Londres hace unos 200 años, incluso antes de que el elefante se convirtiera en la gran atracción del circo, hasta las puestas circenses que hoy en día han prescindido de los animales. El ponente habló del desarrollo racional de este espectáculo que, dijo, “es una síntesis de elementos armonizados por la forma pero dispersos en temáticas”.

Concentró mucha de su conversación en la evolución de sus espectáculos acrobáticos y cómo el rigor, la necesidad de cada artista circense por convertirse en realmente único en el mundo, fueron poniendo la vara acrobática más alta, más compleja, más especializada, hasta desembocar en lo que es hoy en día, una disciplina que habla de la inquietud poética labrada con el tiempo, la experimentación, la repetición, la maestría adquirida a partir del error; porque, explicó que si bien el circo nace de la hazaña deportiva, la belleza del arte acrobático emerge una vez que esa hazaña ha sido superada, domada, manipulada. Por eso, detalló, hoy en día muchos atletas, artistas de la danza y habilidosos autodidactas acuden a las escuelas de circo, buscando perfeccionar una especialidad, hacerla inigualable.

Evolución de los atractivos del circo

Muchos más fueron los protagonistas del circo, aquellos cuyos nombres eran asociados con cada compañía, los acróbatas ecuestres, primero; más tarde, los payasos y su exitosa inclusión dentro del espectáculo, lo mismo que los primeros acróbatas que dominaban técnicas innovadoras, como los trapecistas.

“El elefante tenía tres razones de ser dentro del circo”, explicó; por una parte, “era la gran atracción, un artista que ocupaba tiempo en la pista, pero también era la fuerza que se utilizaba para levantar la carpa, los mástiles y las lonas que eran cada vez más grandes. Por último, era el elemento publicitario. Sólo con sacarlo a pasear por las calles, todo el mundo sabía que había algo inusual en la ciudad”, evocó.

El circo, explicó, en la primera mitad del siglo XX, tuvo que luchar contra otros atractivos, como lo fueron la radio, el cine y la televisión, y se aferró a los cánones del siglo XIX. Entonces era considerado más como un entretenimiento de corte popular que un arte escénico. “La inspiración del artista no era conmover, comunicar emociones, sino entretener a través del exuberante gesto circense, pero no realmente a través de sus dramaturgias”. Sin embargo, esto cambió a partir de finales de la década de los 70, señaló.

Mucha de la diferencia de esta nueva manera de hacer circo, señaló, tiene que ver con la manipulación de objetos, misma que va más allá del malabarismo, siendo que la primera incorpora una inquietud poética. Nombró a varios de los que fueron precursores de los distintos tipos de arte circense que hoy en día siguen sorprendiendo; entre ellos, el estadounidense Michael Moschen, especialista en la manipulación de objetos tan simples pero que, en sus manos, parecen no regidos por la gravedad; el trío de acróbatas, Airjazz, también de Estados Unidos, que desarrolló una perfecta coordinación colectiva; el dúo canadiense de bailarines y acróbatas, integrado por Sebastién Soldevilla y Émilie Bonnavaud, además del equilibrista trotamundos Alexander Weibel, reconocido hoy en día por su innovación técnica y de complejidad en el uso de las cuerdas.

Estos nombres, entre otros, fueron capaces de expresar historias estéticas derivadas de la técnica pura, lograron que “el público del circo clásico, incluyendo compradores y directores de circo, se dieron cuenta que ya estaban dispuestos a aceptar otros lenguajes de circo, de que el circo estuviera llegando a ser un arte expresivo con derecho propio”.

Lehn agregó que antaño “el circo transportaba al espectador fuera de su mundo, a un espacio radiante. En la era pre-cine, el circo representaba los colores del planeta para la gente que solo conocía los colores de su tierra, literalmente. Pero, para los que ya conocen el mundo, el circo tiene que ser otra cosa. El nuevo circo tiene que transportar a su público de la misma forma, pero solo lo conseguirá con nuevos hallazgos escénicos y circenses para sorprenderles, y seducirles de otra forma”, concluyó.

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