El arte objeto de la marca de Prision Art fue elaborado por gente que está o ha estado en la cárcel en México. Jorge Cueto es el CEO de esta empresa que creó después de estar una temporada en el Penal de Puente Grande en Jalisco.

“Capacitamos a los chicos mientras están en las cárceles, ayudamos en su proceso de rehabilitación y cuando obtienen la libertad a todos les damos trabajo afuera de la cárcel, esta es una empresa que a través de su modelo de negocio fue hecha para solucionar el problema de la reinserción en México”, comentó.

“Actualmente estamos conformados por 200 personas, de las cuales, 160 todavía están privadas de la libertad”, y otras “40 personas no han vuelto a delinquir y tienen un proceso de reincorporación a la sociedad, pues vuelven a ser productivos y a tener una vida normal”, dice Jorge, quien ha sido reconocido por su idea en las 30 promesas de los negocios de la revista Forbes, la edición de emprendedores del año de Expansión y en el concurso Emprendedor del Año de la firma Ernst & Young.

Una de las mayores ambiciones de este empresario de origen español es que su empresa social tenga una representatividad global, pero no es por las ganancias, aseguró, el actuario por la Universidad Anáhuac sostuvo que es hacer un cambio lo que lo motiva a seguir creciendo junto a todas las personas que ahora son parte de su proyecto.

Luego de estar recluido por un juicio preventivo, las experiencias en la cárcel le mostraron un camino: combatir el malestar de la gente que estuvo un tiempo, como él, peleando por su libertad, y que luego se enfrentan a un mundo que no les facilita las cosas después de estar en la cárcel.

Arte objeto desde las rejas

Todo está tatuado a mano, desde bolsos hasta sombrillas, cada una de las piezas que se exhiben en sus aparadores son una pieza única.

La experiencia visual por la tienda es fuerte. Calaveras, rosas, serpientes, mariposas, rostros; un arte particular lleno de colorido, vivo y sumamente mexicano.

“Nosotros queríamos llevar el arte al objeto en su máxima expresión. En el cual el cuadro está hecho para tu bolsa, para tu maleta, portafolio, cartera, etcétera”, explica Cueto.

Roberto Carlos es uno de los tatuadores que es parte de este proyecto y elabora las piezas que pueden alcanzar un valor de 450 dólares, Roberto estuvo en el Reclusorio Preventivo Varonil Norte, ahora tiene 29 años, pero cuando salió del reclu, hace dos años, no había terminado la preparatoria, ahora cursa la universidad enfocado en el diseño.

Roberto también tiene otros amigos que salieron de la cárcel y estuvieron un tiempo trabajando con Jorge Cueto para Prision Art, pero ellos tuvieron mayor inclinación por capacitarse para ser tatuadores profesionales, y ahora también tienen sus propias firmas.

“Ahora sólo me dedico a lo que son las reparaciones de bolsas, estoy también estudiando la universidad en diseño gráfico, aquí me becaron y estoy en tercer semestre”, cometa Roberto, mientras retoca el tatuaje de una bolsa anaranjada que les envió una clienta de miami, ya que todos los productos tienen una garantía de por vida “y necesitan su retoque”, dice Roberto. Con un procedimiento único, las piezas que Jorge Cueto comercializa en América y Europa, Prision Art, ha tenido su última aparición en Desing Week en donde Cueto compartió su historia.

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