“La gente homosexual tiene derecho a estar en una familia. Son hijos de Dios y tienen derecho a una familia. Nadie debería ser expulsado o sentirse miserable por ello”, se escucha decir al Papa Francisco durante una entrevista extraída del documental Francesco, estrenado el miércoles 21 de octubre.

No dijo nada más. No habló de matrimonio civil gay ni mucho menos de sacramento religioso, sólo expresó “un gesto de misericordia”, abogó por darle amparo jurídico a las parejas que viven juntas de facto e hizo un llamado a las familias “católicas” que echan a sus hijas e hijos a la calle por ser homosexuales, trans o lesbianas.

En solo trece segundos, el pontífice se aventó una carambola, como se dice en el billar a tres bandas, que alcanzó a familias católicas y no católicas, a sacerdotes y jerarcas eclesiales y a los sistemas jurídicos civiles de las naciones.

De inmediato sobrevino una andanada de comentarios hostiles en redes sociales, y grupos conservadores a cobijo de jerarcas eclesiásticos, enemigos acérrimos del pontífice, que incluso han pedido su renuncia, han emprendido una cruzada conducida por “el prejuicio, la ignorancia y el miedo”, dice un religioso dominico, y también por la maldad y el despecho de quienes no le perdonan que sea un Papa que se mueve un poco fuera de la norma, que vaya más allá de la ortodoxia, que sea latinoamericano y que encima sea un jesuita.

El Economista consultó a cuatro sacerdotes religiosos especializados en filosofía, teología, antropología y derecho canónico, miembros de la Orden de Predicadores (dominicos) y de la Compañía de Jesús (jesuitas), de la que formó parte el Papa Francisco.

“He leído barbaridades sobre Papa en las redes sociales y no es para tanto”, dice Julián Cruzalta, dominico; “se han puesto muy groseros”, añade el jesuita Conrado Zepeda; “las reacciones negativas se dan por prejuicio, ignorancia y miedo”, tercia Carlos Mendoza Álvarez, también de la orden de Santo Domingo.

En efecto, en Twitter las críticas colocan al Papa como un “apóstata”, “ignorante de la Biblia”, “falso profeta”, “Papa socialista”, “loco”, y llegan a incitar al odio: “Con esas declaraciones, no me extrañaría que tuviera un ‘probador’ de las comidas antes de ingerirlas. La biografía se puede titular: El Papa que no duró nadita”, se lee en la cuenta de @agalindo_a.

Sin embargo, los religiosos coinciden en que en que las palabras del Papa no cambian lo que la Iglesia piensa y ha dicho oficialmente acerca de la homosexualidad, pero abren camino a la inclusión.

“No es un documento doctrinal, sino una posición en sentido estrictamente pastoral”, dice el jesuita Luis Macías, abogado y estudioso del Derecho Canónico.

“El papa no está apelando a una discusión doctrinal sino a un cambio de actitud de la iglesia frente a hombres y mujeres concretos que tiene orientaciones sexuales diversas y que están siendo discriminados y expulsados de sus familias. Y está haciendo un llamado de atención porque entonces la familia que se concibe como un modelo perfecto, deja de serlo cuando discrimina a sus hijas e hijos, o están siendo expulsados de la Iglesia solo por su orientación sexual, que no es optativa como lo señala la doctrina”, señala Macías.

Aclara que las declaraciones del Papa no tienen tampoco un efecto en la legislación interna de la Iglesia, en principio porque se refieren al derecho civil, y porque “el derecho canónico tiene sus procedimientos y sus maneras de validación interna. Entonces sus palabras son eso, una declaración pastoral, amorosa, e incluyente. Y eso es lo relevante”.

Cuando el Papa se refiere a la necesidad de crear una figura jurídica que denomina ‘uniones civiles’, “está haciendo un llamado también en el campo de la jurisprudencia, a los legisladores católicos de todo el mundo que se han resistido a legislar sobre la materia, porque se rehúsan o se justifican sin comprender del todo la doctrina de la iglesia, a fin de darle certeza jurídica a muchas parejas de facto, que han convivido por años, y que hoy por hoy están siendo vulneradas en sus derechos”, dice el jesuita abogado.

“El papa no está hablando de matrimonio lésbico-gay, ese sería un tema para debatir más adelante, él lo que está diciendo es que es necesario una figura jurídica -uniones civiles- para garantizar derechos humanos, México dio el paso, atrevidamente audaz, al aprobar el matrimonio igualitario, que fue más allá de las sociedades de convivencia, pero hay muchos otros países que no lo han dado, y los crímenes de odios por homofobia, transfobia, lesbofobia  en América Latina, Rusia, Europa Central, África, son tremendos”, comenta el dominico Carlos Mendoza, profesor en la Universidad Iberoamericana y miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel II.

También es un llamado a las familias católicas, que creen que es cristiano echar a la calle a los hijos por su orientación homosexual, dice Julián Cruzalta. “Eso no es católico, ni siquiera humanista, y está a años luz del evangelio”, afirma el dominico especialista en Teología Moral.

Los religiosos señalan sin embargo que a pesar de la oposición interna por parte de grupos ultraconservadores se percibe un cambio de actitud en la Iglesia. Y las palabras del Papa “dan pie a seguir abriendo espacios de discusión”, dice Mendoza.

Representan también un guiño a la llamada teología queer, o teologías queer, porque las hay también en el Judaísmo y el Islam, que amplían el campo más allá de las diversidades sexuales, y abriga otras formas de discriminación o exclusión.

“Aunque no es una declaración oficial, como una encíclica, sin embargo tiene un gran peso en muchos católico y no católico también. Creo que sí hay todo un proceso de apertura, porque desde hace unos años ha estado apoyando la creación de la Global Network of Rainbow Catholics, (Red Global de Católicos Arcoíris) donde se expresa todo el tema de la diversidad sexual al interior de la iglesia, hay algunos intentos”, dice el jesuita antropólogo Conrado Zepeda.

“Hoy la teología queer conecta la exclusión de género y de diversidad sexual con otros cuerpos que son negados por el capitalismo, por ejemplo cuerpos de migrantes, cuerpos negros, cuerpos de mujeres, personas desaparecidas, y hay transversalidad de las violencias, eso es fundamental para entender por qué la defensa de la diversidad es tan importante para reivindicar los derechos humanos y sociales de todas estas víctimas sistémicas. Y una de ellas, es la comunidad LBGT, señala Carlos Mendoza.

Regresar a lo básico del evangelio

Para el sacerdote jesuita Luis Macías, las declaraciones de Francisco “pueden causar mucho escozor entre los grupos más tradicionales de la Iglesia, sin embargo “representa una visión evangélica a lo que va sucediendo en el mundo. Reproducen esos rasgos que lo siguen manteniendo en la línea de la inclusión, la aceptación, el no rechazo.  Si bien es cierto que a nivel doctrinal, procedimental y jurídico sus palabras no significan un cambio en la iglesia, si está tratando de cambiar la mirada desde una experiencia mucho más realista”, opina.

También “es una interpelación y una invitación a las familias, a los confesores y sacerdotes, a una reflexión en el plano magisterial a pensar en los cambios necesarios que tienen que hacer los sacerdotes manteniendo la perspectiva doctrinal”.

Julián Cruzalta, dominico y profesor de Teología Moral desde hace 30 años, señala una dicotomía intrínseca en las declaraciones papales: “No es un gran cambio, pero sí es un gran cambio, porque es regresar a lo básico del evangelio”. “Lo que hizo el Papa fue un gesto de misericordia. Y la mejor tradición católica es la compasión y la misericordia, y es a lo que está apelando el Papa, nada más ni nada menos”, explica.

“Y lo hace porque conoce a su iglesia”, asegura. “Cuando el Papa dice que los homosexuales tienen derecho a una familia, se refiere a su derecho de hijos y no a que se casen, porque hoy en día a muchos muchachos los sacan en pijama a las tres de la mañana de sus casas por ser gays, y no es cristiano hacer eso, porque son hijos de Dios. Lo que pasa es que mucha gente ultracatólica no es cristiana, y por eso se les hace un escándalo lo que dice el papa, que no pueden echar a los hijos a la calle, porque es un principio básico de humanismo, ya no se diga cristiano. Y hay gente que cree que eso es católico. Están a años luz del evangelio. Aunque no lo entiendan o no estén de acuerdo, los padres no pueden echar a un hijo a la calle por ser gay. Ni con un perro hace uno eso”, reclama.

Cruzalta relata que en el Sínodo de obispos que abordó el tema de la Familia en 2015, el Papa fue frenado por sus pares cuando quiso incluir en el documento final una alusión de aceptación de la homosexualidad como una realidad dentro y fuera de la iglesia. “Existe en Roma lo que se llama Comisión Leonina, en honor de su creador el Papa León XII, que se encarga investigar e interpretar los textos de Santo Tomás de Aquino, que un referente en temas de moral en la Iglesia, entonces el Papa le pidió a esa comisión, que preside un dominico francés, que hiciera un estudio acerca de lo que Aquino decía sobre la homosexualidad.  Este dominico francés le escribe un artículo al Papa diciéndole que para Tomás de Aquino, ‘la homosexualidad es un desorden de la naturaleza, pero que hay gente que esa es su naturaleza’, luego entonces, a esa gente cuyo desorden es su naturaleza no se les puede cambiar porque así los hizo Dios. El Papa mandó imprimir este artículo y a cada obispo se lo dio en propia mano, apegado a la doctrina de la Iglesia pero buscando un gesto de compasión, por lo menos de parte de los obispos, pero el tema no transitó”, señala.

Riesgo de un cisma

En su opinión, será muy difícil que eso suceda. “El Papa sabe que para proponer el matrimonio gay necesita hacer una consulta amplia en la iglesia porque implica un cambio en la doctrina, y hacerlo en este momento produciría una ruptura, sería un cisma. La mayoría de los fieles de la Iglesia católica son muy conservadores en el tema de moral, la gente que quisiera un cambio es gente que ya se fue de la Iglesia católica, no va misa ni participa en su parroquia, fue católica, de formación católica, pero ya no está integrada”, detalla.

“La gente que va a misa cada ocho días no quiere matrimonio homosexual. Esa es la realidad de esta iglesia, por desgracia, nos guste o no. Lo que menos quiere el Papa es una ruptura por este tema. Es un tema que divide y la amplia mayoría de la Iglesia católica no estaría dispuesta”.

“Me preocupa que los grupos conservadores están haciendo una cruzada contra el Papa, diciendo que dijo lo que no dijo, sacando sus palabras de contexto. Y por otro lado, los grupos de la diversidad están echando las campanas al vuelo, diciendo que el Papa es un aliado. En cierto sentido sí lo es porque está pidiendo amparo jurídico, pero está lejísimos de proponer el matrimonio civil y mucho menos el religioso”, apunta Julián Cruzalta.

Llamado al amparo jurídico

El Jesuita Luis Macías señala que el Papa “va más allá de la actividad sexual de las personas y lanza un mensaje muy concreto de no condena la homosexualidad, e invita a verla como una orientación que humaniza, que es viable, que es aceptable y incluso que debe ser defendible a nivel Estado para brindarles seguridad a las personas y no dejarlas en la desprotección legal en términos de seguridad social o sucesiones testamentarias, por ejemplo”, advierte.

“Hay parejas homosexuales que han convivido por años y cuando uno o una de ellos muere, la familia del fallecido les arrebata todo”.

“Es preocupante que distintos actores estén haciendo una defensa del magisterio eclesial cuando lo que se está jugando es la vida, el amor y la perseverancia que puede haber en las parejas, desde allí su planteamiento es incuestionable, porque la realidad nos interpela, y tenemos que visibilizar la realidad de estas personas que están siendo perseguidas, expulsadas de hogares, de países; en México la transfobia sigue siendo un terror, leer la numeraria de la personas asesinadas por un sistema homofóbico y  excluyente, que no acaba de entender lo que es respetar la vida y diversidad de las personas”, añade Macías.

Miedos, fobias y doble moral

El dominico Carlos Mendoza opina que las reacciones negativas a las declaraciones del Papa “se dan por prejuicio, ignorancia y miedo, que impiden abrir el debate de lo que es la condición humana en su diversidad sexo-genérica, o  bien, por prejuicios ideológico o de clase, o intereses de poder dentro y fuera de la iglesia, hay muchos partidos y movimientos políticos católicos y evangélicos ultraconservadores, no solo en México, que han hecho de esta agenda un batalla para oponerse a lo que ellos consideran una perversión de la biblia, pero al mismo tiempo la invitación del papa abrirá el tema al interior de las familias, en el espacio público, y se abrirán nuevos caminos para romper con estos modelos hegemónicos que producen violencias y deshumanización, esa sería mi apuesta y mi deseo”, confiesa.

También señala que “las reacciones de jerarcas católicos tienen que ver con sus propios miedos y fobias que no han sido resueltos”, y cita el libro “Sodoma, poder y escándalo en el Vaticano”, de Frédéric Martel, 2019, que habla de las relaciones entre sexualidad y poder entre el alto clero del mundo) “que pone el dedo en la llaga de esta doble moral de los más reacios enemigos de las cuestiones de género.”

La teología queer vs teología de la liberación

Muchos movimientos progresistas han surgido en el seno de la Iglesia católica, y luego han brincado al espacio público, como la teología de la liberación, que inspiró guerrillas y abrió paso a gobiernos populares y de izquierdas en América Latina en la década de los años 70.

Incluso el Concilio Vaticano II, en 1963, fue un ventarrón que derribó muros al interior de la vetusta Iglesia, y abrió puertas y ventanas en busca de aire fresco.

“La Iglesia tiene que ir avanzando, antes del Concilio Vaticano II se decía que leer la biblia era pecado y la gente lo creía, y hubo un cambio cultural importante, de igual manera este tema de la diversidad sexual”, anota el jesuita Conrado Zepeda.

En ese contexto ubica la teología queer, que “es más para abordar lo raro en Dios, que no se acomoda a lo establecido, y va más allá de lo que nosotros creemos, y se ha abierto a otros temas de discriminación, y el mensaje es que nadie debe quedar fuera, y allí entra el tema de la diversidad sexual”, dice el antropólogo.

Por su parte, el dominico Carlos Mendoza Álvarez, quien lleva por lo menos dos décadas trabajando con comunidades en resistencia, hace un recuento del movimiento queer en la Iglesia católica.

“La teoría queer ya tiene cincuenta años, y al menos un par de décadas en América Latina, surgió en las calles de Nueva York y San Francisco”.

“La teoría queer que nació desde el interior de comunidades marginadas para resistir contra la homofobia, con los años ha ido transitando hacia otros modos de exclusión de subjetividades que no quieren aceptar el patriarcado, que está coludido, como lo señalan las feministas, con el capitalismo y el colonialismo; esos tres pilares de violencias que las democracias liberales han hecho con la exclusión de estas subjetividades diversas, víctimas sistémicas”.

“En la Iglesia, la teología queer nace con esta sensibilidad de rescatar esas subjetividades que han sido ocultadas e invisibilizadas en las iglesias, en las religiones patriarcales, y quieren ayudar a empoderar esas subjetividades. Hay teología queer cristiana, pero también la hay en el Judaísmo e incluso en el Islam, claro, en grupos minoritarios y perseguidos”, añade el especialista en Teología Fundamental.

Para Mendoza Álvarez, las palabras del Papa se enmarcan en estos movimientos de resistencia, “con una visión de los derechos humanos muy integral, porque así como defiende el tema de las uniones civiles gay, también defiende los movimientos sociales, de los pueblos originarios, de campesinos, de los afrodescendientes, y en general, la centralidad de los derechos humanos”.

Señala que aunque muchos de estos movimientos se asumen en cierto modo deudores de la Teología de la Liberación de los años 70, que luchaba por la justicia, por los pobres y contra las dictaduras en América Latina, con el paso del tiempo ha habido rupturas y las nuevas expresiones de resistencia han ido desarrollando sus propias metodologías y su propia epistemología.

“Fueron las feministas las que empezaron a decir que no se reconocían en la teología de la Liberación porque no eran parte de su agenda prioritaria. El feminismo se consideraba como un movimiento occidental, noratlántico, de mujeres blancas, ricas (una aspiración burguesa), y por eso posteriormente el feminismo cristiano desarrolló su propia epistemología y metodología, sus propias fuentes bíblicas, etcétera, y lo mismo pasó con las comunidades LGBT…no se reconocían en la teología de la liberación”, asegura. “Yo no voy a hablar frente a machos homófobos que no nos han dejado existir”, recuerda el testimonio de un teólogo luterano gay.

Mendoza concluye que “la teología queer no sólo está enfocada en los pobres, que por supuesto son prioridad, sino en otros cuerpos que también importan, y en ese sentido tiene mucho que aportar a la crítica de las violencias que generan el patriarcado, el capitalismo y el colonialismo”.

En palabras de la teóloga Murph Murphy: “Lo queer es una forma divina de resistencia, creación y expresión de vida”.

Para saber más:

Amoris Laetitia

Exhortación Apostólica del Papa Francisco

http://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html

“Teologías queer: devenir el cuerpo queer de Cristo”, en Concilium, Revista Internacional de Teología, N° 383 (Noviembre 2019), Editorial Verbo Divino. Disponible en librería Verbum, Cuauhtémoc y División del Norte, CDMX.