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Arte e Ideas

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Descentralizar la exhibición del cine es posible sin recursos públicos

Sin recursos federales, pero múltiples alianzas locales, en cinco años de existencia, Árbol Rojo ha llevado cerca de 2,000 proyecciones a un sureste del país poco favorecido por el circuito de distribución. Es posible emanciparse, señala su director.

Es posible emancipar el quehacer cinematográfico mexicano de los recursos federales, incluso si la intención es descentralizar el peso de la industria, en términos de exhibición, pero también de producción y rodaje, y detonar nuevos destinos cinematográficos en regiones menos favorecidas por el circuito del séptimo arte, tal es el caso del sureste mexicano.

Esa la postura del proyecto Árbol Rojo, una asociación civil dirigida por Alejandro Silveira que se ha convertido en festival de cine gratuito y en plataforma para la producción de séptimo arte en el sureste del país, mismo que del 30 de junio al 10 de julio celebra su quinto aniversario precisamente con un festival en las ciudades de Chetumal, Bacalar y Mahahual, con la proyección, antes que nadie en nuestro país, de cintas como la española “Cerdita”, un thriller de Carlota Pereda, después de su exitoso estreno en Sundance, y con el estreno de la francesa “Las ilusiones perdidas”, de Xavier Giannoli, reconocida en los Premios César, o la cinta “Sublime”, cuyo estreno mundial fue nada más y nada menos que en la Berlinale. Y todo, sin apoyos federales sino una capacidad de adaptación y negociación con la inversión privada.

“El proyecto no dispone de recursos fijos, eso ha sido el más grande de los retos en estos cinco años, aunque buscamos tenerlos, porque cada vez es más grande el proyecto. Hemos aplicado al Focine por dos años seguidos y no hemos sido beneficiados. No hemos tenido apoyos públicos federales, pero sí hemos visto la manera de ir adaptando el proyecto”, declara Alejandro Silveira, director de Árbol Rojo.

¿Cómo nació Árbol Rojo?

“Nació ante una necesidad. En 2017 creamos esta asociación civil como un canal para que pudieran exhibirse obras de diferentes directores y directoras que no llegaban acá por falta de distribución nacional. Obviamente el objetivo también es descentralizar la producción de cine hacia el sureste del país y que se empiecen a contar historias a partir de aquí. El proyecto fue creciendo poco a poco hasta que tocamos varios puntos de la palabra descentralización, no solo la oferta de cine como exhibición sino de información, promoción y formación.”, comparte el director del festival.

En cinco años de trabajo, Árbol Rojo ha presentado más de 600 películas en casi 2,000 proyecciones en varias ciudades de la Península de Yucatán y ha sumado más de 60,000 espectadores. “Ha sido muy enriquecedor ver que hemos cambiado el panorama”, declara el director del encuentro.

Sobre la curaduría del festival, señala, “nos encanta que refleje quiénes somos nosotros, tanto como estados como para los que hacemos el proyecto. Nos gusta que grite juventud y que sea muy dinámica, que atrape, aunque no nos negamos a las cintas contemplativas”.

¿Cómo les fue en la pandemia?

La pandemia, a diferencia de otros proyectos de exhibición en el país, que tuvieron que cambiar de ritmo o definitivamente ponerse en pausa, para Árbol Rojo, señala, “las condiciones han sido maravillosas, porque se extendió virtualmente muy fuerte”.

En la edición que corre, confirma, se encuentran en el mejor momento, con 25 películas en su festival, el número más grande de cintas para un encuentro de su tamaño, que se exhiben en siete sedes de las tres ciudades del sureste. De esas 25, cinco son estrenos en todo el país. Por si fuera poco, durante la gala de inauguración de la edición, el pasado 30 de junio, la actriz María Rojo fue objeto de un homenaje. Todo ello es posible por las más de 150 alianzas con las que se pudo hacer el proyecto este año.

Por todo lo anterior, señala Silveira, “sí es posible la emancipación del cine, en la medida en que no te endeudes. Árbol Rojo no tiene una deuda y hemos podido traer películas que hemos podido pagar, pero sobre todo porque nos valemos de la voluntad de la gente, del sector privado y público para aportar algo, desde una cantidad de dinero para pagar una pantalla, un proyector, el sonido o el derecho de la película. Sí se puede perfectamente, solamente hay que estar bien organizados para no excederse”.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx

kg

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