Los sismos del 7 y 19 de septiembre dejaron muchas heridas físicas y materiales. Muchos mexicanos se quedaron sin un ser querido (familiar o amigo), su hogar, su auto o incluso sus mascotas.

Enfrentar una nueva realidad no es fácil, hay que llevar a cabo un duelo, es decir, un proceso de adaptación emocional que se vive tras una pérdida (grande o pequeña) para aceptar y enfrentarnos a un nuevo escenario. De acuerdo con la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross, existen 5 etapas al atravesarla, y cada quien las vive en distintos tiempos.

  • Negación: nos rehusamos a aceptar que un ser querido ya no está, o que perdimos nuestra casa, para protegernos del dolor. Esta etapa es más fuerte cuando la muerte fue inesperada.
  • Enojo: surgen sentimientos de ira, enfado, rencor. Nos preguntamos por qué esa persona tuvo que morir o por qué nos tocó perder nuestro hogar.
  • Negociación: puede ocurrir antes de confirmar la pérdida (como en los rescates tras los derrumbes), o bien después de saberla. En secreto buscamos hacer un trato con una fuerza superior u otras personas, prometemos mejorar a cambio de que nos regresen a ese ser querido o bien perdido. También surge el deseo de regresar el tiempo y los hubiera .
  • Depresión: sentimos tristeza, dolor y no tenemos ganas de hacer ninguna actividad. Es cuando nos damos cuenta de lo que pasó. Que ese ser querido se fue, que la casa o el departamento se derrumbaron, que nuestro perro o gato ya no serán parte de nuestra vida.
  • Aceptación: la etapa final, como su nombre lo dice, es en la que aceptamos vivir sin lo que ya no está. Aprendemos la ausencia y, poco a poco, volvemos a ser nosotros mismos. Recuperamos la tranquilidad. Esto no quiere decir que olvidemos, pero recordamos sin tanto sufrimiento.

La psicoterapeuta Miriam Castrejón, en entrevista para El Economista, señaló que es importante entender que un duelo es un proceso que lleva su tiempo. En casos como lo que vivimos con el sismo debemos tener un grupo de apoyo cercano, como familiares o amigos. Hacer un sepelio ayuda a darle un juicio de realidad y aceptación a las personas afectadas. Por esto es necesario recuperar los cuerpos de quienes fallecieron en los derrumbes. No es lo mismo decir ‘aquí está la tumba de mi hijo, mi hermano, mi primo, mi amigo’, a experimentar la incertidumbre de no saber en dónde quedaron y/o que estén en la lista de desaparecidos .

A su vez, debemos aprender a vivir sin las personas amadas o bienes perdidos. Ésa es la parte más difícil y tardada, porque requiere aceptación. En el caso de los padres que perdieron a sus hijos es aún más complicado, porque el dolor es tan grande que no alcanza ni a nombrarse. Alguien que pierde a su esposo (a) es viuda (o), quién pierde a sus padres es huérfano, pero quién pierde un hijo, no tiene nombre , explica Miriam.

Perder el patrimonio también es difícil

Muchas personas piensan que quedarse sin casa es lo de menos y que debemos agradecer la vida. La integridad física nunca se compara con la económica, pero su situación no debe minimizarse. Las personas perdieron su casa, desde el punto de vista emocional, la consideraban un lugar donde estuvieron con familiares que tal vez ya no están; era su patrimonio. Esta situación no es superficial, pues hoy se enfrentan a un escenario en donde no tienen, literal, ni su ropa.

Perder una casa, un auto o algo material es difícil, por todo el esfuerzo, tiempo y dedicación invertidos para hacerse de él. Hay que tener en cuenta que el hogar (departamento o casa) es el espacio de convivencia con la familia; donde se forjan recuerdos, crecen los hijos, se comienza una vida de pareja o vivimos con nuestros padres. Son lugares donde depositamos energía psíquica y emocional, verlos destruidos de un momento a otro puede ser muy doloroso. No todos reaccionan de la misma forma. Podemos encontrarnos con quienes estén agradecidos de estar con vida y no le den importancia a lo material o con quien sienta que la vida acabó y no saldrá de esto .

Miriam subraya que es importante demostrarle a las personas afectadas que no están solas, que tienen amigos, familiares y el apoyo de las instituciones. Hacerles saber de forma incondicional que pueden quedarse en casa de la mamá o con una hermana, que tengan la certeza de que el apoyo será a largo plazo .

Por último, hay que señalar que la ayuda psicológica que se está brindando es de contención. Hay que buscar ayuda terapéutica a largo plazo, lo que viene no será fácil. La ayuda que se ha brindado es de emergencia, la ayuda terapéutica para sanar requiere de más tiempo. Es importante no dejarse llevar por charlatanes, gente no calificada que quiera hablar con sus familias, terapia con ángeles o cosas por el estilo. Por favor, quienes estén afectados, acudan con personas capacitadas para tratar este tipo de situaciones , finalizó.

El Consejo Ciudadano de la Ciudad de México brinda apoyo psicológico y jurídico los 365 días del año, las 24 horas del día, puedes llamar al 5533 5533. Miriam Castrejón brinda terapia especializada y es posible contactarla a través del correo electrónico miriam.castrejon@gmail.com.

miriam.guerrero@eleconomista.mx