I. Sao Paulo apabulla, como siempre, por su voluptuosidad cosmopolita. Automóviles por doquier convierten la ciudad en un eterno estacionamiento. Con esfuerzo se llega al Museo de Arte de Sao Paulo, que alberga por estos días la exposición Caravaggio y sus seguidores.

Dice el crítico inglés Simon Schama, en su libro El poder del arte: Desde un principio, sólo dos cosas debemos saber de Michelangelo Merisi da Caravaggio: que es el pintor que ha llevado el arte cristiano a su dimensión más física y material, y que asesinó a una persona .

La tragedia está a la vista en estas pinturas majestuosas y en las de aquellos artistas que se sintieron atraídos por esa estética grandilocuente. Hasta los brasileños, tan dados al carnaval cotidiano, guardan un silencio respetuoso, apenas murmuran ante pinturas como San Francisco en meditación , San Juan Bautista alimenta al cordero , Medusa o San Jerónimo escribiendo , obras mayores de un maestro del manierismo que Derek Jarman retratara con indudable belleza en el filme que lleva el nombre del pintor y que realizara en 1986.

La muestra se completa con obras de Orazio y Artemisia Gentilleschi, Baglioni, Borgianni, etcétera. Emociones que siempre conjugan el ánimo contemplativo con la mirada descarnada del artista italiano.

II. En Jardim Paulista, elegante zona de la ciudad, en la sala interior del Museo de la Escultura aparecen las imágenes fotográficas del italiano Willy Rizzo. Toda una galería de retratos que cubren unas tres décadas y donde logró sacar de sus marasmos expresivos e histriónicos a figuras de la talla de Orson Welles, Marlon Brando, Yves Saint Laurent, Brigitte Bardot, Audrey Hepburn y una desvanecida Marilyn Monroe en el fatídico 1962.

Las instantáneas del Carnaval de Río son más bien pobres y sin gracia. Vale la pena el conjunto de celebridades que fueron captadas fuera de los territorios del glamour.

III. Una tarde venturosa en el Museo de la Imagen, en el mismo rumbo de Jardim Paulista, con la muestra Melies. Dibujos, trajes, cortometrajes y toda la parafernalia del mago que derivó en el creador de los trucos fílmicos, todo esto es parte de un homenaje al gran maestro. Viaje a la luna, El hombre sin cabeza y muchos momentos espectaculares son los que integran la exposición formidable. Padres de familia con niños acuden al museo, sobre todo porque han visto La invención de Hugo (2011) de Martin Scorsese, obra que cuenta los pormenores del drama personal de un artista asediado por el olvido.

IV. Río de Janeiro es uno de los confines del paraíso. Su geografía es excepcional y siempre convoca al goce. Una noche se asiste, previa reservación, al restaurante Antiquarius. Todas sus mesas están ocupadas a las 9 de la noche y el lugar está a la altura de su fama. Cocina portuguesa que está al nivel de los mejores sitios lisboetas.

Se piden unas ostras al natural, un arroz con pato, un soufflé de bacalao y otro a la lagarteira, éste con pimientos y aceite de oliva, y pierna de corderito, todo esto acompañado por un vino chileno Ventisquero (2008), un cabernet sauvignon, que, con su cuerpo de intensidad media, liga muy bien con todos los platillos. Cena grata en un Río de Janeiro de cielo despejado y estrellas furtivas.

V. Florianópolis posee el encanto de lo femenino. En sus inmensas playas aparecen las jóvenes de cuerpos agraciados que se muestran con admirable generosidad. La isla es famosa por estas presencias. El mar está frío por el invierno y los visitantes se conforman con tirarse al sol. Otros se deslizan en las dunas que anteceden la playa Joaquina, un punto popular de la localidad. Con todo esto, ¿qué más se le puede pedir a Brasil?