Es una historia de amor llena de comicidad. Don Quijote, ballet en cuatro actos, dirigida por Sylvie Reynaud, ha hecho gala, los pasados domingo y martes –y lo hará sólo dos días más, el día de hoy jueves y el próximo domingo 27- de una producción pulcra, detallada y rigurosa, que se roba los aplausos hasta del más reacio espectador.

El más reciente montaje de la Compañía Nacional de Danza (CND) convence por su belleza y por la precisión de los ejecutantes, liderados hasta la noche del martes por el primer bailarín del Australian Ballet, el cubano Yosvani Ramos, quien fue invitado por la CND para el espectacular montaje de este fragmento de una historia conocida en el mundo entero y creada por el escritor y dramaturgo Miguel de Cervantes Saavedra en el siglo XVII.

El público se rindió ante el cubano y todavía más ante la primera bailarina Blanca Ríos, quien hizo gala de su talento para ejecutar coreografías de primer orden. La propuesta se cruza con elementos del teatro y de la comedia para presentar la historia de amor entre Kitri (Ríos), hija del posadero Lorenzo, y el humilde barbero Basilio (Ramos). Al cabo de poco más de dos horas, el Teatro de Bellas Artes es testigo de una andanza más del Caballero de la Triste Figura, quien, de paso por la villa, interviene contra la voluntad del padre de Kitri para que el amor de los jóvenes pueda imponerse.

La obra original de Marius Petipa ubica los primeros devaneos del loco don Quijote hasta las ensoñaciones de su Dulcinea. Los espectadores nos asomamos a una paráfrasis de la locura en clave de sueño: el telón produce las transiciones entre lo onírico y lo real, donde las bailarinas son, a un mismo tiempo, realidad y deseo, dulzura, seducción y escollo.

Acompañados por la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, bajo la dirección de Alexei Baklán, los más de 50 bailarines trasladan al espectador al interior del capítulo XIX del segundo libro de El Quijote, animando a los personajes del pasado con el brillo de la danza.

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