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Arte e Ideas

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Borges y sus bendiciones

Mañana llega otra vez el 24 de agosto. El cumpleaños de Jorge Luis Borges.

A veces uno puede pensar que la vida es como un jardín de senderos que se bifurcan, Que el tiempo transcurre largo, es indefectible y nunca se repite. Que cada minuto se va para siempre mientras ocurren sus segundos y no ha de volver jamás. Pero nada se repite más que la repetición. El tiempo no es una línea recta que rectamente comienza en el principio y se acaba al final. El otro siempre es el mismo y lo eterno, un círculo perfecto.

Así es. Mañana llega otra vez el 24 de agosto. El cumpleaños de Jorge Luis Borges. Una de las fechas que habrá de celebrarse siempre aunque el poeta haya muerto hace muchos años ya. ( ¿Por qué voy a morirme, si nunca lo he hecho antes? , dijo Borges en una entrevista que le concedió a Luis Mazas. ¿Por qué voy a cometer un acto tan ajeno a mis hábitos? Es como si me dijeran que voy a ser buzo o domador, o algo así, ¿no? )

Existen muchas razones. No sólo la clásica y certera de que es uno de los literatos más importantes del siglo XX –aunque siempre se consideró un escritor decimonónico-, también por su perfección en el lenguaje; por los poemas, cuentos y ensayos a los que no les falta ni les sobra nada y por todos sus espejos, tigres, tangos y laberintos ( Yo no tengo una estética -decía-. No busco los temas, los temas me buscan, yo intento detenerlos pero al final ellos me encuentran, entonces hay que escribir para quedarse tranquilo ).

Pero es muy difícil , dijo mi madre ayer por la mañana cuando le comenté que escribiría este jueves sobre Borges. Y no me quedó más remedio que citarle a Monterroso. Su cuento Maleficios y beneficios de encontrarse con Jorge Luis Borges , que a la letra dice:

El encuentro con Borges no sucede nunca sin consecuencias. He aquí algunas de las cosas que pueden ocurrir, entre benéficas y maléficas: 1. Pasar a su lado sin darse cuenta (maléfica). 2. Pasar a su lado, regresarse y seguirlo durante un buen trecho para ver qué hace (benéfica). 3. Pasar a su lado, regresarse y seguirlo para siempre (maléfica). 4. Descubrir que uno es tonto y que hasta ese momento no se le había ocurrido una idea que más o menos valiera la pena (benéfica). 5. Descubrir que uno es inteligente, puesto que le gusta Borges (benéfica). 6. Deslumbrarse con la fábula de Aquiles y la Tortuga y creer que por ahí va la cosa (maléfica). 7.

Descubrir el infinito y la eternidad (benéfica). 8. Preocuparse por el infinito y la eternidad (benéfica). 9. Creer en el infinito y en la eternidad (maléfica). 10. Dejar de escribir (benéfica) .

Menos mal que mi madre no ha buscado su profesión en la escritura. Pero no le dije que leer a Borges, además de un placer inmenso- una vez que uno ya consiguió reponerse de la sensación inicial de estar a punto de caer de la orilla de un acantilado-, produce unas ganas inmediatas de releerlo. Porque sus libros son ascender y descender a ruinas nuevas y antiguos castillos circulares: Chesterton, Melville, Joyce, Faulkner y Virginia Woolf vuelven a estar invitados y Cervantes, Quevedo, y Góngora toman de nuevo posesión de su casa. Tampoco le conté que, si bien Borges creía que el Paraíso era una especie de biblioteca, nunca se olvidó de la ciudad de Buenos Aires –no los unía el amor, sino el espanto, y sería por eso que la quería tanto- ni del barrio, el cine y la novela policiaca.

Mejor he de sugerir maneras –a modo de lecturas- para acercarse a Borges. Primero, respirar hondo y no tratar de abarcarlo todo.

De sus cuentos, leer: Las ruinas circulares , La biblioteca de Babel y El jardín de los senderos que se bifurcan , del libro Ficciones; también, el relato El aleph , en el volumen del mismo nombre, y no perderse de ninguna manera Borges y yo de su libro El hacedor. En cuanto a la poesía, porque siempre es más difícil, habrá que probar con su libro Los conjurados a ver dónde y cómo se clava la apasionada flecha .Y, si de ensayo se trata, nada como la magia e inteligencia de Siete noches o de la Historia de la Eternidad. Después de tanta página, desarrolla una adicción mortal a la obra de Borges o adquiere buenos razones para rechazarlo siempre. Todo fuera como eso. Ya lo dijo el mismo Borges, todas las teorías son legítimas y ninguna tiene importancia. Si viéramos realmente el Universo, tal vez lo entenderíamos.

ckuhne@eleconomista.com.mx

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