“La poesía, como dice Luis Goytisolo, la leen los poetas; se leen entre ellos”, inició diciendo el poeta, narrador, ensayista y crítico Eduardo Lizalde en la Biblioteca de México, en el preámbulo de la inauguración de la exposición “Eduardo Lizalde: el tigre en casa”, que después del mediodía de este miércoles se inauguró en el Patio de los Escritores para celebrar sus 90 años y toda una vida consagrada al ejercicio todoterreno de los géneros literarios, pero, sobre todo, a la lírica.

“El destino de la poesía es ser leída por gente capacitada para leerla; es un instrumento que presenta ciertas dificultades, es producto del manejo de elementos de mucha complejidad y abstracción”, agregó con su distintiva voz grave quien fuera director de ese recinto de 1996 a 2018.

Fueron menos de 10 minutos de discurso, pero en ellos listó con memoria lúcida a poetas tan diversos como los franceses Charles Baudelaire y Paul Valery, quienes, dijo, de manera excepcional fueron de los pocos bardos en cobrar celebridad en vida, incluso más que muchos de los grandes novelistas de su tiempo. Habló de Federico García Lorca, Pablo Neruda y de Octavio Paz, poetas iberoamericanos que pudieran consolidarse en vida. También recordó a Ramón López Velarde, un “formidable adalid de la poesía mexicana”, que murió inédito, tan joven que ni siquiera alcanzó a ver en imprenta “La suave patria” (1921).

Recordó que, al morir López Velarde, se descubrió que no solo era un poeta desconocido sino el fundador de toda una nueva ola de creación poética; sin embargo, murió en la pobreza y en el desconocimiento y en los primero años después de su muerte solo era leído por un pequeño grupo de poetas.

“He escrito prosa, pero nunca tuvieron mis trabajos prosísticos la aceptación que, por fortuna y suerte, tuvieron mis versos. A veces, en alguna lectura, en alguna biblioteca o en un homenaje latinoamericano, en Colombia, Panamá o Chile, me encuentro con lectores que se saben mi memoria mis poemas de la juventud. Esas cosas ocurren. Entonces, no me puedo quedar de que hayan sido relativamente pocos los lectores de mi obra; creo que son bastantes y soy afortunado por haber producido esta obra que a ustedes los convoca generosamente en esta muestra”, mencionó.

Andar por la obra de Lizalde 

Curada por José Mariano Leyva y Geney Beltrán Félix, la exposición “Eduardo Lizalde: el tigre en casa” tiene un carácter documental bibliográfico y ofrece un acercamiento introductorio a las distintas facetas creativas de Eduardo Lizalde a lo largo de su trayectoria literaria. En las dos secciones de componen la muestra, el espectador podrá encontrar primeras ediciones, recortes de periódico, revistas y documentos personales, muchos de ellos de los primeros años de la trayectoria creativa del poeta.

Beltrán Félix explicó que en la primera sección se incluyen documentos y distintas ediciones bibliográficas sobre sus inicios en la poesía y la narrativa; su interés en el pensamiento político y su pasión por el cine; mientras que otra parte medular de la muestra incluye las grandes aportaciones de Lizalde a la poesía en lengua castellana, como “Cada cosa es Babel”, de 1966, o “El tigre en la casa”, de 1970, quizás el título más célebre de su producción lírica. También se incluyen ejemplares de su incursión en la novela, en el ensayo y en la escritura memorialística, que ponen a la luz del visitante los distintos intereses del autor, uno de ellos, su gran pasión por la ópera, toda vez que fue uno de los más reconocidos críticos del bel canto.

Estos documentos, dijo el curador, fueron complementados por testimonios de críticos, investigadores y escritores de gran calado de la literatura en español, que hicieron referencia a la obra de Eduardo Lizalde. En este apartado que acompaña toda la muestra se incluyen textos de Octavio Paz, Salvador Elizondo, Juan Gelman, Juan Manuel Roca, Fabienne Bradu, José María Espinasa, Adolfo Castañón y Mario Bojórquez.

“Eduardo Lizalde: el tigre en casa” permanecerá en el Patio de los Escritores, de la Biblioteca de México hasta el próximo 2 de noviembre.

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