Por Baruc Mayen Arroyo

La caja que será su última residencia, hecha a la medida, está por cerrarse; luego será sepultada varios metros bajo tierra. Mientras todo se oscurece usted está consciente: puede mirar, sentir y escuchar lo que ocurre a su alrededor. No hay nada que pueda hacer, su cuerpo no reacciona. Esperar es la única opción.

Las apariencias engañan

La catalepsia —del griego katálêpsis, ‘sorpresa’— se caracteriza por la falta de respuesta a los estímulos externos, así como por la rigidez muscular. El cuerpo se mantiene en una misma postura sin importar lo incómoda que sea. Esta condición puede desarrollarse como reacción secundaria a ciertos fármacos, por uso de drogas como la cocaína o como consecuencia de trastornos como el Parkinson, la epilepsia y la esquizofrenia.

La respiración y el pulso se desaceleran, la piel palidece. Sin embargo, a diferencia del estado comatoso —la «anulación total de la percepción»¾, la consciencia no sufre alteración alguna.

Doble muerte

Abundan las historias sobre personas que, debido a su aparente ausencia de funciones vitales, han sido enviadas «al descanso eterno» antes de tiempo; suelen considerarse simples leyendas, pero existen casos corroborados. William Tebb, autor de Premature burial and how it may be prevented,[1] recopiló 149 enterramientos prematuros, 10 autopsias y disecciones, y 2 incidentes con personas a punto de ser embalsamadas.

Por contar algunos, en 1674 Marjorie Halcrow Erskine fue enterrada en el pueblo de Chirnside, Escocia. Su astuto sepulturero la colocó en una tumba de poca profundidad para volver por la noche y hurtar la joyería de la —así creía— occisa. Cuando el hombre intentó cortar uno de sus dedos para quitarle un anillo, ella despertó. Vivió los años suficientes para criar a dos hijos. Del sepulturero no se supo nada más.

Julia Legare falleció dos veces en 1852. Durante unas vacaciones en la Isla Edisto, en Carolina del Sur, la joven de 22 años contrajo difteria, infección que la dejó «sin vida». Sus parientes se apresuraron a enterrarla en el mausoleo familiar para evitar una epidemia; la puerta fue cerrada y asegurada. Quince años después, uno de sus hermanos murió en combate durante la Guerra Civil. Los Legare llevaron el cuerpo al mausoleo, pero al abrir la puerta la familia recibió una cruel bienvenida: el cadáver de Julia estaba esperándolos en el piso, justo en la entrada del recinto.

¿Cuándo morimos realmente?

Los antiguos griegos pensaban que las funciones vitales radicaban en el tórax; para ellos, la muerte significaba «la pérdida del espíritu vital» ubicado en el corazón, es decir, consideraban que alguien moría cuando carecía de pulso y aliento. De manera similar, para la comunidad judía la respiración era el aspecto fundamental de la vida; en el Halajá se establece que «la muerte coincide con el cese de los movimientos respiratorios».

En 1546 Miguel Servet —médico y teólogo español— expuso por primera vez en el Occidente cristiano la existencia de la circulación pulmonar ¾o menor¾, parte del sistema circulatorio que traslada la sangre desoxigenada desde el corazón hasta los pulmones para devolverla, ya oxigenada, al corazón. Más adelante, en 1628, el médico y biólogo inglés William Harvey propuso y comprobó que la sangre circulaba por todo el cuerpo en un movimiento incesante. Esto significó el descubrimiento de la circulación sistémica —proceso mediante el cual la sangre oxigenada se envía desde el ventrículo izquierdo al resto del cuerpo, a través de la arteria aorta¾. Con lo anterior, la muerte pasó a ser entendida como la cesantía de los latidos cardiacos.

Con tales antecedentes, en 1799 el biólogo y fisiólogo francés Xavier Bichat elaboró la primera definición científica de la muerte: «el cese funcional del sistema nervioso, de la circulación, de la respiración y de la temperatura corporal».

Muerte encefálica

En 1959 los franceses Pierre Mollaret y Maurice Goulon establecieron el término «coma sobrepasado» para catalogar a los pacientes con un grave daño cerebral, manifestado por un coma profundo con «ausencia de reactividad frente a cualquier estímulo». Después de cierto tiempo, estos pacientes caían en paro cardiorrespiratorio definitivo.

Fue hasta 1968 que el Comité de la Escuela de Medicina de Harvard planteó el concepto «muerte encefálica», condición equivalente a la muerte total del individuo. Por primera vez había un segundo criterio para el diagnóstico de muerte —además del paro en las funciones cardiocirculatorias y respiratorias.

Este concepto aún se emplea en nuestros días para hablar del cese rotundo de todas las funciones en las estructuras neurológicas del encéfalo; si a él se suman la ausencia de respiración y de flujo sanguíneo, desaparece cualquier aparente manifestación de vida.

Por si acaso

El temor a ser enterrado vivo dio lugar a la creación de ataúdes de seguridad que contaban con diversos mecanismos para posibilitar un rescate: tubos que proveían de aire, compartimentos con comida y agua, ventanas y artilugios que permitían al «enterrado» alertar a aquellos en la superficie por medio de campanas y banderines.

El primero del que se tiene noticia fue construido en 1790 por el duque austriaco Fernando de Brunswick; estaba equipado con un tubo que le permitiría respirar y una ventana para la entrada del sol. En 1868 el alemán Franz Vester incluyó en su diseño una cuerda que el «difunto» podría trepar para salir. En 1829 el doctor Johann Gottfried Taberger diseñó un sistema de cuerdas que unía la cabeza y las extremidades del «probable muerto» a una campana exterior, modelo parecido al que Edgard Allan Poe describe en su cuento «Entierro prematuro», de 1850 ¾ambos muy ineficientes, dado que el cuerpo en descomposición tiende a hincharse y relajarse, las alertas fueron constantes e ineficientes.

No fue una moda pasajera; tan sólo en los ee.uu., entre 1868 y 1925, se registraron 22 solicitudes de patentes, mientras que en Alemania se registraron más de 30 diseños durante la segunda mitad del siglo xix, e incluso se tienen noticias de que en 1995 el relojero italiano Fabrizio Caselli creó un ataúd que incluía alarmas, un teléfono, linterna y un estimulador cardiaco, ofreciéndolo por el equivalente actual de 60 mil pesos. Sería oportuno concluir diciendo que, a pesar del ingenio evidente en todos estos diseños, no se sabe de persona alguna que haya sido salvada por alguno de ellos.

Algarabía para recordar

1997 un año para recordar

Aunque se inaugura el Museo Guggenheim, se publica la primera entrega de Harry Potter, y nos enteramos de que hay agua en Marte, este año está medio mortal: muere Lady Di, el Popocatépetl sigue inquieto, encuentran los restos del «Che», el pri pierde las elecciones en el d.f. y se desintegran varios grupos de rock. Pero eso sí, Los Tigres del Norte presentan su Jefe de jefes y en Irlanda por fin el divorcio es posible. Definitivamente, este 1997 tiene de todo, y precisamente por eso, es un año para recordar.

  • Mujer con poder. 22 de enero: Madeleine Albright se convierte en el primer Secretario de Estado mujer de los ee.uu.
  • El último viaje. 28 de junio: Un grupo de arqueólogos localiza los restos de Ernesto «Che» Guevara en Bolivia y los lleva a Cuba, donde les rinden homenaje.
  • ¿Apenas? 27 de julio: Aunque los conservadores protestan, el divorcio se vuelve legal en la católica Irlanda.
  • Muere Diana. 31 de agosto: Diana, princesa de Gales, muere a los 36 años en un accidente automovilístico en París, junto con su novio Dodi Al-Fayed. Tras el suceso, se levanta toda una ola de teorías.
  • Elecciones nunca antes vistas. 6 de julio: Se celebran elecciones en la Ciudad de México. Por primera vez en 68 años, el pri pierde la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. Además, los capitalinos eligen como jefe de gobierno a alguien de un partido de oposición: Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, del prd.
  • La montaña que humea. 30 de junio: El volcán Popocatépetl lanza una fumarola de 8 kilómetros de altura y 50 de diámetro.
  • Oda al cosumismo. En la Ciudad de México se inauguran el exclusivo centro comercial Molière dos22 y la Plaza Cuicuilco.
  • La intelectualidad en Zacatecas. 7 de abril: Se inicia en Zacatecas el primer Congreso Internacional de la Lengua Española con la presencia del presidente de México, Ernesto Zedillo, el rey Juan Carlos de España y tres Premios Nobel: Gabriel García Márquez, Camilo José Cela y Octavio Paz.
  • Teatro muy popular. 27 de agosto: Se estrena en el d.f. el espectáculo musical más exitoso del año: Aventura, con Edith González.
  • Menos autos y más artistas. El Autódromo Hermanos Rodríguez, en la Ciudad de México, se transforma en el Foro Sol, destinado a conciertos multitudinarios y con capacidad para más de 50 mil espectadores.
  • Los mejores libros. Harry Potter y la piedra filosofal, de J. K. Rowling; Limpieza de sangre, de Arturo Pérez-Reverte; Los cuadernos de Don Rigoberto, de Mario Vargas Llosa; El arte de la fuga, de Sergio Pitol, y Obras completas, primero todo de la obra poética de Octavio Paz, editado por el fce.
  • El curvilíneo. 18 de octubre: Se inaugura en Bilbao el vanguardista Museo Guggenheim, del arquitecto Frank O. Gehry.
  • México en Hollywood. De tripas corazón (1996), del director mexicano Antonio Urrutia —y debut en cine del actor Gael García Bernal—, es nominado al Premio Oscar a Mejor Cortometraje.
  • Del videojuego a la tv. El videojuego Pokémon es tan exitoso, que sus creadores japoneses lanzan la serie en televisión, misma que obtiene un éxito instantáneo.