Monterrey, NL. En el campus matriz del Tecnológico de Monterrey, en la capital neoleonesa, hay un sentimiento de resiliencia, una respuesta de la institución ante la ola de violencia que en esta entidad tuvo uno de sus puntos críticos en marzo del 2011, con el asesinato de los estudiantes de ingeniería Jorge Mercado y Javier Arredondo a manos del crimen organizado, al interior del campus.

La creación en el 2014 de Distrito Tec, un plan maestro de reintegración de la institución con la comunidad regiomontana y su transformación, fue un navío contra la adversidad y la arquitectura, su mascarón de proa. Prueba de ello es la construcción del Espacio de reflexión, obra de la mente maestra y libertad creativa del arquitecto mexicano Alberto Kalach, que este martes fue inaugurado por las autoridades educativas.

Remanso arquitectónico

Seis muros de concreto se yerguen frente al acceso lago del campus matriz de la institución universitaria. Desde el exterior, el edificio es celoso del interior. No hay advertencias sobre el secreto arquitectónico de provocación espiritual con los más elementales materiales que estructuran, forran y alimentan el interior de este edificio.

Una rampa asciende sobre el nivel de los pasillos del campus por un camino de adoquines circulares de concreto, como el ascenso a un pequeño castillo medieval que protege con recelo lo que habita en su interior. Ese camino va revelando tímidamente las sorpresas que aguardan al interior.

Detrás del primer muro que funge como biombo, se revela al visitante un círculo de cristal en el suelo de color turquesa; funge como tragaluz, en lo funcional, y como un estanque cristalizado en lo simbólico. Unos pasos más adelante, dos reductos adyacentes de los altos muros brillan en dorado; les han incrustado pequeños mosaicos áureos. Brillan tanto que es posible adivinar la silueta a través de ellos.

En este punto, apenas es posible descubrir el secreto: una especie de anfiteatro escalonado recubierto por completo con un piso de mármol italiano, sobre los que descansan las más sencillas bancas talladas a partir de troncos del árbol de sabino, el ahuehuete, de la región neoleonesa.

Ahí se encuentra el arquitecto Alberto Kalach, huidizo del asedio de la prensa, de las fotografías. De frente a él, en la parte alta de la escalinata de este remanso arquitectónico, un enorme ventanal enmarca el emblemático Cerro de la Silla, como las arquitecturas prehispánicas pensadas para la observación de los astros, como los vitrales de las iglesias barrocas creadas para que el Sol se asome por sus representaciones multicolores, así se asoma la emblemática orografía de la Sultana del Norte por este edificio.

“Rara vez nos toca hacer espacios dedicados al espíritu, a la reflexión, al deleite, al goce, incluso. La idea original es del Tec de Monterrey. Nosotros (Kalach junto con su despacho) entramos al final de la historia, cuando sus ideas requerían aterrizarse. Cuando pasamos por aquí y vimos el Cerro de la Silla, pensamos que como centro focal para reflexionar había que voltear a la naturaleza; entonces, el edificio tiene este gesto que enmarca el cerro”, expresa el arquitecto al interior de esta fortaleza para la contemplación.

El edificio es fotogénico en todos sus ángulos y encuadres, en el detalle y en lo integral. Al interior hay una fuente. El agua cae desde lo más alto de la construcción a través de canales que se desprenden de un óculo, cuya proyección de luz va caminando por los muros. Hay reminiscencias de la Capilla de Le Corbusier, en Ronchamp, y de la Capilla Rothko, en Houston, Texas.

“Desde luego (en el edificio) debe haber sorpresa, tiene que haber un recorrido, una secuencia, porque el edificio empieza a interactuar contigo. Es un edificio muy atmosférico. Todo el tiempo está cambiando la luz y la arquitectura habla del transcurrir del tiempo. Curiosamente el cerro por la tarde se ve más cercano. Por la luz, hasta lo que se ve de fuera cambia. Es como un James Turrell pero sin focos”.

Belleza genera belleza

Cuestionado acerca del poder de transformación social de la arquitectura, el edificador agrega:“no tengo duda de que la belleza genera belleza. Si la gente frecuenta lugares bonitos, se va a transformar. Y la arquitectura sí tiene esa función social”.

La parte baja del edificio tiene otro emplazamiento con 290 metros cuadrados de duela en la que se ha instalado una librería y un espacio de reflexión aún más privado, iluminado por claraboyas circulares que provienen de los cristales del piso superior e incluso de la propia fuente. Es la arquitectura demostrando su poder explícito sobre las emociones.

Distrito Tec

• Fundado en el 2014.

• 17 proyectos concluidos o en desarrollo dentro del campus Monterrey.

• 500 millones de dólares comprometidos para la construcción de espacios culturales, deportivos, académicos y de integración de la población.

• El Tec de Monterrey convive con 24 colonias aledañas.

Alberto Kalach

Alberto Kalach (Ciudad de México, 1960) es uno de los arquitectos mexicanos con mayor proyección del país. Ha trabajado junto con edificadores de la talla de Teodoro González de León, con quien es creador del proyecto México: Ciudad futura. Es responsable de obras como la torre Reforma 27, la Biblioteca Vasconcelos, considerada dentro del listado La Mejor Arquitectura del Siglo XXI, y de la actual sede de la galería kurimanzutto, en la colonia San Miguel Chapultepec.

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