La búsqueda del gran origen ha sido desde siempre una de las obsesiones que ha movilizado a la humanidad. ¿Qué fue primero, el tiempo que hizo nacer un día o el día que hizo nacer el tiempo?, se pregunta el historiador Alfredo López Austin al dictar la conferencia magistral El día que nació el Sol, trece pasos y un canto, en la Cátedra Eduardo Matos Moctezuma de la Universidad de Harvard.

Hace un año que el Centro de Estudios Latinoamericanos David Rockefeller de la Universidad de Harvard estableció la cátedra para reconocer y honrar al arqueólogo mexicano Eduardo Matos Moctezuma, “uno de los más brillantes científicos sociales que ha contribuido a la comprensión profunda de la identidad mexicana”. La Cátedra Eduardo Matos Moctezuma invita cada año a dos destacados exponentes de las ciencias sociales para dictar una conferencia en la Ciudad de México durante el otoño y otra en Cambridge, Estados Unidos, durante la primavera.

Correspondió al doctor Alfredo López Austin abrir este miércoles la cátedra en México en el Auditorio Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de Antropología, después de la sesión inaugural en octubre del 2017. “No podía ser de otra manera”, dijo Eduardo Matos, investigador emérito del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), “Alfredo es uno de los investigadores más sólidos que tienen la historia y la antropología mexicanas”; abundó Matos.

“Es un historiador de raíces y cosmovisiones”, había dicho previamente David Carrasco, profesor en la Harvard Divinity School e impulsor de la Cátedra Matos al hacer las presentaciones y declarar que “hoy como nunca antes en la historia estamos tendiendo un puente para unir lo mejor de los recursos académicos de Harvard con la riqueza cultural de México”.

El doctor Alfredo López Austin, investigador emérito del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, dedicó su intervención a despejar la incógnita del origen de los dioses mesoamericanos, haciendo un recorrido paralelo entre la concepción de espacio-tiempo de los pobladores primigenios quevivieron entre los periodos Preclásico y el Posclásico (2500 a. C. – 1521 d. C.) y “ese otro espacio-tiempo supraterrenal” que idearon para explicar las fuerzas de la naturaleza, la creación del mundo presente y el pacto de convivencia entre los dioses y los hombres.

López Austin filosofó sobre lo uno y lo múltiple, idea presocrática presente también en el mundo mesoamericano; detalló las cualidades de los dioses de fusionarse para crear uno solo, o de desplegarse para formar varios, “los dioses se funden o se separan”. Destacó que en los mitos de creación de los pueblos ancestrales late la noción del dios que transforma, que crea lo terrestre a su imagen y semejanza, una semejanza más moral y psíquica que antropomorfa; el dios que somete la oscuridad a la luz, y los seres humanos como descendientes de los dioses.

“Los hombres entendieron que, si los dioses podían explicar la regularidad del mundo terrestre, podían también explicar sus irregularidades, y aprendieron a tratar con ellos a través de la persuasión”, explicó López Austin.

Para las cosmovisiones mesoamericanas, los dioses no son omnipotentes, tienen fortalezas y debilidades y están sujetos a las luchas cósmicas.

Por ejemplo, señaló, en el mito del Coatepetl, referente al nacimiento de Huitzilopochtli, dios tutelar de los mexicas, y a la batalla que este numen solar sostuvo con sus hermanos nocturnos Coyolxauhqui y los centzonhuitznahua, para los mexicas era fundamental ayudar al dios, ya que si no ayudaban a Huitzilopochtli a obtener el triunfo sobre la oscuridad, ésta reinaría en el plano supraterrenal y, también, desencadenaría calamidades en el ‘aquí y ahora’.

En modelo espacio-tiempo paralelo creado por los pueblos antiguos mesoamericanos produjo durante milenios incontables representaciones —asequibles hoy a través de la arqueología y la propia historia— tanto de sitios mundanos ‘del aquí y ahora’, como de montes sagrados, inframundos y otros lugares supraterrenales, sugiere el especialista.

Este modelo sigue presente hoy en día en las creencias de los pueblos actuales, fusionado con el pensamiento cristiano, y da raíz, identidad y sustento a las tradiciones culturales.

“Hoy todavía peregrinaciones de agricultores acuden hasta la boca de los montes para cantar y ofrecer tributos a los dueños de las montañas, y preguntarles acerca de las aguas futuras, la producción de sus milpas o la salud de sus familias”, concluyó el doctor López Austin, tras lo cual recibió la ovación de los asistentes.

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