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El regreso del grupo que ya le falló a Coyoacán

OpiniónEl Economista

En la política capitalina hay dos formas de perder una alcaldía: que te ganen en las urnas, o que te la quites tú solo. En Coyoacán, el PAN está ensayando la segunda.

Giovanni Gutiérrez Aguilar llegó a la alcaldía en 2021 con una victoria que nadie esperaba, en una demarcación que había sido territorio perredista durante años. Lo reeligieron en 2024 con más de 200 mil votos, la votación más alta en la historia reciente de Coyoacán. Cualquier analista medianamente sensato diría que el capital político acumulado en seis años de gobierno merece ser trasladado con cuidado, con inteligencia, a un candidato que capitalice ese trabajo y no lo dilapide. Pero en el PAN la sensatez no siempre gana las discusiones internas.

Lo que circula en los pasillos de la alcaldía y en las conversaciones de quienes conocen bien la demarcación es que el alcalde saliente está inclinado a dejar el cargo en manos de su esposa, Rosy Romero, o de Fernando Cravioto, un operador con larga trayectoria en la demarcación y cercanía comprobada con Raúl Flores García, ex jefe delegacional de extracción perredista. El mismo Flores García que en 2021 se subió al proyecto de Gutiérrez y hoy mantiene una influencia real dentro de la estructura: sus hombres de confianza ocupan posiciones estratégicas como la Dirección Jurídica y la Dirección de Gobierno, encabezada por Roberto Sánchez Lazo.

Eso tiene un nombre: imposición. Y en la política mexicana, las imposiciones se cobran.

El descontento en las filas panistas no es un rumor de pasillo. Es una incomodidad creciente entre militantes y operadores que construyeron el triunfo del 2021 y que ven con desconfianza cómo se perfila la sucesión. Y tienen razón en preocuparse. Entregar la candidatura de una alcaldía ganada dos veces consecutivas a un perfil ligado al grupo de Raúl Flores no es darle continuidad al proyecto opositor: es devolverle el control a una corriente que ya gobernó Coyoacán y que no precisamente dejó un legado envidiable.

Porque conviene recordar que Raúl Flores García no es un personaje sin historia. Durante su gestión como jefe delegacional hubo señalamientos de manejo discrecional de recursos públicos que nunca fueron debidamente aclarados. La demarcación que recibió Giovanni Gutiérrez en 2021 arrastraba el rezago de administraciones que prometieron transformación y entregaron opacidad. Ese fue, precisamente, el argumento central que llevó a la oposición al triunfo: Coyoacán merecía algo diferente.

¿Qué le dirán los coyoacanenses en 2027 si el candidato de la "oposición" viene empacado con la misma red que antes los decepcionó? ¿Qué diferencia real ofrece un proyecto que, bajo la etiqueta azul y amarilla, lleva en su interior las mismas manos que manejaron los recursos de la demarcación en los años del PRD?

La respuesta que darán en las urnas puede ser devastadora.

Si Giovanni Gutiérrez permite que la ambición de un grupo enquistado en su propia administración le dicte la sucesión, habrá hecho en seis años algo que Morena no pudo lograr en dos elecciones: entregarles Coyoacán de regreso.

Las imposiciones en política tienen fecha de vencimiento. Y en Coyoacán, esa fecha es junio de 2027.

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