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Cuando la guerra te alcanza en la gasolinera
Eduardo López Chávez | Columna invitada
"Hay guerras que parecen lejanas… hasta que las pagas por litro", - Macraf
Lo que ocurre al otro lado del mundo ya no es un problema lejano que se mira con distancia en un noticiario internacional. Hoy, más que nunca, vivimos en una economía profundamente interconectada, donde una escalada bélica en Medio Oriente puede sentirse, en cuestión de días, en el precio de la gasolina, en los costos de transporte, en los alimentos y, al final, en el bolsillo de las familias mexicanas.
Por eso, aunque a muchos les parezca que el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ocurre demasiado lejos como para importarnos, la realidad económica dice exactamente lo contrario.
La razón es simple: los energéticos son insumos básicos de producción y bienestar. No son un lujo. Son la base sobre la que se mueve buena parte de la economía moderna. Si sube el petróleo, no solo se encarece llenar un tanque; se encarece mover mercancías, producir fertilizantes, transportar alimentos y sostener cadenas logísticas. En otras palabras, una escalada en el precio internacional del crudo no se queda en el mercado energético: se filtra al resto de la economía.
Y justo eso es lo que empieza a ocurrir cuando el conflicto en Medio Oriente escala. El cierre o bloqueo parcial del Estrecho de Ormuz —por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo que se comercia en el mundo— dispara los precios internacionales y enciende alertas en todos los mercados. No es una preocupación abstracta: cuando el petróleo supera ciertos niveles, la presión inflacionaria empieza a recorrer toda la economía global.
Para México el problema es todavía más delicado, porque nuestra vulnerabilidad energética es estructural.
El país consume alrededor de 840 mil barriles diarios de gasolina, pero la producción interna apenas ronda 390 mil barriles diarios. Es decir, México todavía produce menos de la mitad de lo que necesita para abastecer su propio mercado. El resto —unos 446,000 barriles diarios— se importa, y prácticamente todo proviene de Estados Unidos.
Esto significa que cada vez que sube el petróleo, México enfrenta un fenómeno económico muy particular: una especie de tijera financiera energética.
Por un lado, el país exporta crudo y recibe más ingresos cuando el precio internacional sube. Pero por el otro, importa gasolinas, diésel y gas natural refinado a precios más altos. En la práctica, el costo de lo que compramos suele crecer más rápido que el beneficio de lo que vendemos.
El resultado ya se puede medir: el déficit comercial petrolero de México —la diferencia entre lo que exportamos de crudo y lo que importamos en refinados— cerró recientemente en más de 25,000 millones de dólares.
La paradoja es evidente.
Por cada dólar que sube el precio del barril, México puede recibir alrededor de 400 millones de dólares adicionales en ingresos petroleros al año, pero ese beneficio se neutraliza rápidamente cuando el país tiene que pagar más por la gasolina, el diésel y el gas natural que importa.
Y ahí aparece la gran contradicción energética nacional.
México es productor de petróleo, pero depende del exterior para mover su economía.
La apuesta por fortalecer la refinación buscaba reducir esa dependencia, pero el avance ha sido más lento de lo prometido. La refinería Olmeca, en Dos Bocas, aporta todavía una fracción relativamente pequeña del consumo nacional y opera por debajo de su capacidad máxima. Las seis refinerías tradicionales del país siguen procesando principalmente crudo pesado, lo que genera mucho combustóleo —de bajo valor— y menos gasolina de alto valor.
Incluso la refinería Deer Park, en Texas —propiedad de Pemex— envía solo una parte de su producción a México, mientras otra se vende en el mercado estadounidense para aprovechar mejores márgenes. Además, durante este año tiene programados mantenimientos que podrían reducir temporalmente el flujo de combustibles hacia el país justo cuando el mercado internacional enfrenta mayor presión.
Es decir, cuando el petróleo sube por conflictos internacionales, México no solo enfrenta precios más altos: también enfrenta limitaciones estructurales para protegerse de ellos.
Aquí entra en juego el famoso mecanismo de control del precio de la gasolina: el IEPS. Cuando el precio internacional sube demasiado, el gobierno reduce o elimina temporalmente ese impuesto para evitar que el precio al consumidor se dispare.
En el muy corto plazo puede funcionar. Pero no hay magia fiscal. Cada peso que se deja de cobrar en IEPS es un peso menos en ingresos públicos. Y entonces aparece la pregunta inevitable: ¿de dónde saldrá ese dinero?
Porque el faltante no desaparece. Hay que compensarlo.
Puede hacerse con recortes de gasto, con mayor deuda o utilizando excedentes petroleros. Pero incluso en ese último caso se trata simplemente de mover recursos de un lado a otro del presupuesto. Lo que podría haberse destinado a salud, educación o infraestructura termina usándose para contener el precio de la gasolina.
Es, en términos económicos, un subsidio que se quema literalmente en el tanque de combustible.
Y el problema no termina ahí.
Un petróleo caro encarece fertilizantes, transporte de carga y costos industriales. El impacto termina trasladándose a alimentos, logística y producción. Es lo que los economistas llaman inflación de segunda ronda: primero sube la energía, después el transporte y finalmente toda la estructura de precios empieza a resentirlo.
Por eso lo que ocurre en Medio Oriente no es una historia lejana. Es una variable económica que puede afectar directamente la inflación, las finanzas públicas y el crecimiento.Porque cuando el petróleo se dispara, México queda atrapado entre su dependencia externa, su fragilidad fiscal y su incapacidad para convertir su condición de productor de crudo en verdadera soberanía energética.
Y así, una guerra a miles de kilómetros termina reflejándose en el precio de la gasolina, en el costo del transporte y en la canasta básica de las familias mexicanas.
De esta forma, seguimos viviendo entre cifras que brillan… y bolsillos que no alcanzan.
* El autor es académico de la Escuela de Gobierno y Economía y de la Escuela de Comunicación de la Universidad Panamericana, consultor experto en temas económicos, financieros y de gobierno, director general y fundador del sitio El Comentario del Día y conductor titular del programa de análisis: Voces Universitarias.
Contacto y redes: https://eduardolopezchavez.mx/redes