Lectura 4:00 min
Conflictos, manifestaciones, violencia inédita
Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros
También puedes cometer injusticias al no hacer nada. Marco Aurelio
Visas canceladas, señalamientos filtrados, declaraciones alteradas, servidores públicos en el ojo de un huracán sediento de venganza, oposición insultante, ex presidente con larga misiva, panistas al abordaje electoral, excesos de colores; pero sobre todo irrupción de lo inaudito.
Imposible dejar de mirar el México que nos toca en suerte vivir todos los días, no desde 2018, las insurrecciones, protestas del magisterio, elucubraciones políticas de los “iluminados”, los estamos viendo desde hace varias décadas, sin temor a equivocarnos los que definen y deciden en este país, dejaron prolongar la agonía de una enfermedad incurable: la corrupción.
Me permito con la libertad de conciencia que nos acompaña, con el conocimiento de los años, las experiencias, los libros leídos, aprendizajes de lo mayores y la bendita escuela y universidad, donde no solo forjamos carácter, sino el rescate de la individualidad, sustentada en el respeto al prójimo, a las otras palabras, a la frase en una declaración que irrumpe en la alborada; confesarme y expresar mi opinión del martes pasado.
Queremos creer que no son maestros los que irrumpieron por vez primera la paz y la tranquilidad donde asisten día a día miles y miles de trabajadores para la educación en todos sus niveles, un edificio en avenida universidad al sur de la Ciudad de México, que ha sido testigo de todo tipo de protestas, con razón o sin ella, con atención de las autoridades que escuchan y que permiten el diálogo, nunca la agresión, menos la violencia.
La opinión tiene por supuesto que ser certera, las oficinas nacionales de la secretaría de educación pública fueron invadidas por una veintena de manifestantes, que hoy por hoy no tenemos claro cual es su origen, pero sobre todo el objetivo final, que los mueve a golpear puertas de acero, de lo que en los años noventas fue el edificio que albergó a un banco; defensa débil de unos cuantos vigilantes, donde alguien abrió la puerta principal, porque seguramente se sentían vulnerados, dos lesionados de este lado y la violencia en toda su expresión, quema de extinguidores y rotura de enormes cristales en su interior.
Mas allá de condenar o no los hechos consumados, que tiene en parálisis cientos de miles de trámites administrativos, estos tres días que no ha habido labores por el cierre del edificio, en el recuento de los daños y sus reparaciones; en algunos de los casos, con sedes alternas por la necesidad de no detener la operación educativa en el cierre de un ciclo escolar.
No es el mundial el pretexto perfecto, ni la ley del ISSSTE del 2007, ni las pensiones o jubilaciones, es la protesta llana de los mismos de siempre, donde también seguramente permea la corrupción para venir a cerrar accesos, bloquear calles y avenidas, dejar pasar en casetas de cobro, pero lo sobresaliente es no aceptar que se dibuja ese México bronco, que pareciera busca no solo reclamar, sino victimizarse.
Todos tenemos un pensamiento diferente de los hechos consumados, no podemos dejar de lado los múltiples pendientes de años en este sector, pero también reconocer el trabajo productivo de cientos de miles de maestras y maestros que están en las aulas dando clases, en la intemperie, con pocas herramientas, en temperaturas extremas, con las cargas emocionales de sentirse a merced de la acusación por no protestar; sino dar cátedra.
Hay que ser muy serios y sobre todo responsables al escribir, pero también al establecer el diálogo, la libre manifestación estará siempre en un país demócrata como el nuestro, lo inverosímil es la violencia que vimos todos el martes pasado; eso no se puede permitir sin mediar una sanción a la agresión a la institución de donde se procura su defensa.
ENTRE LÍNEAS
La danza de los millones para pintar y pintar de los colores afines a sus intereses, en una Ciudad que hace muchos años no recibe ni una manita de gato, lo mismo la Gustavo A. Madero que la Cuauhtémoc, Tlalpan y hasta Xochimilco, sin colores partiditas. Un mundial de futbol pasado por agua y por ese amarillo que lastima hasta las pupilas hoy por los excesos para tapar la realidad.