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Opinión

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Las chicanadas que encarecen la salud de los mexicanos

Maribel Ramírez Coronel | Salud y Negocios

Cuatro casos recientes ilustran con crudeza una estrategia sistemática de la industria de innovación para retrasar —por todos los medios posibles— la entrada de genéricos y biosimilares al mercado mexicano. Se trata de maniobras que, más allá de defender patentes legítimas, terminan siendo una carga directa sobre el erario público y el bolsillo de los pacientes.

El ejemplo más escandaloso es el del denosumab, medicamento biotecnológico de Amgen para osteoporosis y cáncer de hueso. La empresa convenció a los jueces de “resucitar” una patente expirada tres años antes y ya estaba en dominio público, invocando un artículo ya no vigente del viejo TLCAN. El caso fue tan flagrante que Ricardo del Olmo, director general de ANAFAM, lo presentó ante la International Generic Biosimilar Association (IGBA) como un ejemplo inédito a nivel mundial de cómo se bloquea el acceso.

Parte del problema en el proceso con los jueces mexicanos, es que solo escucharon a Amgen. No citaron a las empresas genéricas que ya tenían registro sanitario (Liomont y Abbott, entre ellas), no les dieron vista ni oportunidad de defensa. El resultado práctico es inmediato: Birmex no podrá incluir dichos genéricos en la compra para abasto de 2027-2028 por temor a demandas y riesgo de desabasto. En reunión con Anafam, el subsecretario Eduardo Clark lo resumió con crudeza: “me ponen entre la espada y la pared”, al explicarles que la Secretaría de Salud está obligada a comprar el innovador de este medicamento vital, pues el gobierno prefiere pagar el precio alto de Amgen antes que arriesgar a los pacientes.

La historia se repite con la enzalutamida para cáncer de próstata (de Astellas). La molécula ya venció; el IMPI dictaminó que no había patente que obstaculizara el registro genérico; sin embargo, el trámite se empantanó ante Cofepris debido a un nuevo amparo del innovador. El guión se repite con apixabán (anticoagulante): varias empresas genéricas tienen registro sanitario y han ganado juicios, pero un nuevo amparo del innovador mantiene bloqueada su participación en compras públicas. Y el caso más reciente es el de Ozempic (semaglutida), que exige a Cofepris 12 años de protección de datos cuando en Estados Unidos —donde se registra como genérico común, no biosimilar— el máximo permitido es de 5 a 8 años. Estas “chicanas” —como las califica Del Olmo— no son aisladas. Tienen un costo concreto y medible. Basta recordar la dapagliflozina: mientras en EUA y Canadá el genérico entró 14 meses antes, México gastó 5,000 millones de pesos adicionales en la versión patentada. Ese dinero salió del erario y, en última instancia, del bolsillo de los mexicanos. 

Cada mes de retraso en salida al mercado de genéricos es dinero que no se destina a más tratamientos, más infraestructura o más investigación. Las autoridades lo saben perfectamente. Tanto Cofepris, de Victor Hugo Borja, como la Secretaría de Salud, del doctor David Kersenobich reconocen el problema. El subsecretario Clark ha abierto las puertas a ANAFAM y les ha dicho que “no les gusta esta situación”, pero están “atados de manos”. Hoy, ante la revisión del TMEC algo es claro: la industria farmacéutica se ha convertido en rehén de las negociaciones más amplias. Cuando las empresas innovadoras pierden en México, activan la presión del USTR a través de la Sección 301. El gobierno federal, que busca una mesa de negociación amplia (películas, ropa, frutas, electrodomésticos), prefiere no confrontar en un solo frente. Por eso Anafam insiste en ser considerada dentro del grueso “80%” de los temas donde México puede ceder sin costo estratégico, y no quedarse en el angosto “20%” donde siempre termina perdiendo. 

Ante este escenario, ANAFAM propone soluciones concretas y viables. La primera y más importante pasa por resolver el sistema de linkage entre patentes y registros sanitarios. El Capítulo 20 del TMEC, específicamente el Artículo 20.50, regula este mecanismo y permite a las partes establecer un sistema transparente de vinculación. Sin embargo, el tratado le concedió a México una excepción: mantener su sistema actual a través del Anexo 20-A como alternativa al modelo estándar del Artículo 20.50 (el que siguen Estados Unidos y Canadá con su famoso “Orange Book”). Pero entonces llegaron un montón de amparos que distorsionaron el Anexo 20-A: permitiendo invocar patentes de “segundos usos”, formulaciones posteriores, cambios menores e incluso patentes expiradas. Entonces, lo que era una salida negociada terminó convirtiéndose en el modelo más proteccionista y menos transparente de los tres países del T-MEC. Los artilugios legales y las interpretaciones judiciales mexicanas generan más trabas a los genéricos que sus socios comerciales. Curiosamente, AMIIF (la asociación de innovadores) rechazó cambiar al modelo que aplica en su casa matriz porque “les conviene más” el actual. ANAFAM, en cambio, empuja por adoptar el modelo del Artículo 20.50 mediante cambios legislativos que den certeza: reglamentación secundaria clara para las extensiones por retraso (definir qué es “retraso razonable”, límite de una patente por registro, plazos estrictos), dar vista a las empresas genéricas en los juicios de amparo y lograr un verdadero balance entre innovación y acceso. El momento para hacerlo es ahora. La revisión del TMEC está en un punto álgido. México tiene la oportunidad histórica de emparejar el terreno de juego sin modificar ni una coma del tratado: simplemente optar por el modelo que ya aceptaron nuestros socios comerciales. 

Del Olmo comenta que no se trata de debilitar la innovación —Anafam agrupa también empresas que desarrollan patentes y defiende su protección legítima—, sino de impedir extensiones artificiales que encarecen la salud. Proteger patentes es legítimo. Bloquear el acceso cuando las patentes ya vencieron o se abusan de figuras legales no lo es. Detrás de cada amparo y cada estrategia jurídica para forzar el periodo de patentes hay pacientes que pagan más caro o que no pueden acceder a su tratamiento por el elevado precio. La realidad es que los genéricos en México llegan con más años de retraso respecto de Estados Unidos y Canadá. Al gobierno federal, la Secretaría de Salud y el Poder Judicial les toca mirar el cuadro completo: la soberanía sanitaria no se defiende respaldando abusos, sino garantizando que los medicamentos lleguen a tiempo y a precio justo. El TMEC ofrece la ventana. México solo tiene que decidir si la aprovecha.

El costo de no entender la salud en México

En México, uno de los mayores costos ocultos del sistema de salud es la falta de capacidad de las personas para entender su propia salud. Si se lograra reducir en 25% la baja alfabetización en salud podría generar beneficios económicos por hasta 179,000 millones de pesos anuales. Así se hace ver en el más reciente análisis del Health Inclusivity Index de Economist Impact, con el apoyo Haleon, donde se evidencia porqué alfabetizar en salud sería una decisión prioritaria de lo más inteligente. La magnitud es difícil de ignorar: una persona con baja alfabetización en salud incurre en costos médicos por 39,000 pesos al año, frente a 14,000 de quienes sí cuentan con las herramientas para tomar decisiones informadas. En un país donde solo 24.5% de los pacientes con diabetes tiene un control adecuado, el impacto no es solo clínico, es profundamente financiero. Solo en salud bucal se podrían generar ahorros por 195,000 millones de pesos en costos de caries, mientras que un mejor manejo de la enfermedad periodontal podría evitar hasta 74,000 millones de pesos en gastos asociados a diabetes tipo 2 durante 10 años. 

Diplomado de IA en salud

Fue en septiembre del 2024 cuando arrancó el primer diplomado de inteligencia artificial en salud en la Facultad de Medicina de la UNAM, organizado por Funsalud, y ahora ya va por su sexta generación que empieza esta semana. Hoy respaldado también por la Academia Nacional de Medicina (ANM), el programa está diseñado para médicos clínicos y especialistas,

directivos hospitalarios, profesionales de salud pública, innovación y transformación digital en instituciones de salud, así como de farma, biotech y healthtech y profesionales interesados en aplicar la IA en servicios de salud.    

Sanfer celebra sus 85 con el libro Galenos

Con motivo de su 85 aniversario, la farmacéutica mexicana Sanfer, que preside Ricardo Amtmann Aguilar, editó el libro Galenos: instantes de sanar, afin de celebrar la labor médica en México, combinando la fotografía, testimonios y reflexiones que muestran la dimensión humana, científica y emocional del trabajo clínico. El libro reúne las voces de decenas de especialistas para narrar cómo viven su profesión desde la técnica, la ética y la empatía. Con más de 200 fotografías de Nicole Holmes, la obra explora los órganos vitales, los sentidos, la mente, las etapas de la vida y los desafíos más complejos de la enfermedad. La presentación de la obra que pudimos presenciar, fue hace días con un panel entre los doctores José Narro Robles, Enrique Wolpert Barraza y Carlos Viesca Treviño, moderato por Germán E. Fajardo Dolci, director médico de Sanfer, que se consolida como una de las compañías líderes en el mercado farmacéutico en México y de mayor crecimiento en América Latina. Sanfer tiene 20 sitios de manufactura en 8 países, llevando sus productos a más de 25 países en la región y 38 a nivel global.

Comunicadora especializada en temas de salud pública e industria de la salud. Cursó la maestría en Administración en Sistemas de Salud en FCA de la UNAM. Forma parte de la iniciativa www.HospitalsinInfecciones.com. Fundadora en 2004 de www.Plenilunia.com, plataforma de contenidos sobre salud femenina.

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